Kelly Kaur

Poesía de Singapur: Kelly Kaur

KELLY KAUR (Singapur). Vive en Calgary, Canadá. Novelista y poeta. Su novela, Cartas a Singapur, se lanzó en Canadá y en el Festival de Escritores de Ubud de Asia en Bali, Indonesia. Sus obras han sido publicadas internacionalmente por: Understorey Magazine, Blindman Session Beer Cans, Best Asian Stories 2020, Let in the Light, Asia, Best Asian Poetry 2021-2022, International Human Rights Arts Festival, Nueva York (2021 y 2022), Growing Up Indian (Singapur 2022), La exposición itinerante del Festival de Artes de Derechos Humanos de Dakota del Norte 2022 y 2023, y Landed: Transformative Stories of Canadian Immigrant Women (2022). Sus poemas serán coreografiados para bailar por Voices Dance Project, Ottawa, 2023. Un poema suyo fue aceptado para el programa del festival FOLD 2023 en Toronto; otro, recibió una mención de honor en los premios literarios Creators of Justice, que organiza el International Human Rights Art Festival, Nueva York. Su historia, publicada en Fragmented Voice, Heart/h, fue nominada para el Pushcart Prize 2022. Fue preseleccionada para los premios Top 25 Canadian Immigrants Awards en Canadá, 2023. Sus trabajos están en el proyecto Lunar Codex: sus poemas y Cartas a Singapur van a la Luna en el NOVA Mission One en 2023 y en el Griffin Mission One en 2024.


I utter in clandestine code
Nasi lemak, mee rebus, mee siam
Paratha, mee pok, char kway teow,
Biryani, nasi padang, rojak, char siew pao,
Roti john, mee soto, popiah, putu piring
Embedded in my genetic soul
Ravenous for the familiarity of
a satiating sustenance
a childhood defined
a hungry rebellion usurped
a displaced gluttonous immigrant
lost in a gumbo of new worlds
a legacy of bewilderment
longingly relishing fuel
that coursed through my veins
I prattle my mindless mantra
Durian, satay, ice kacang, kaya, teh tarik
Ketupat, laksa, lontong, dosai, agar agar
Putu piring, wonton mee, chili crab
Bak kut teh, chendol, gado gado
A foreigner
Forever famished


Pronuncio un código clandestino
Nasi lemak, mee rebus, mee siam
Paratha, mee pok, char kway teow,
Biryani, nasi padang, rojak, char siew pao,
Roti john, mee soto, popiah, putu piring
Incrustado en mi alma genética
Voraz por la familiaridad
de un alimento saciante
una infancia definida
una rebelión hambrienta y usurpada
un inmigrante ávido y relegado
perdido en un gumbo de mundos nuevos
un legado de desconcierto
que saborea con nostalgia
el combustible que corría por mis venas
Parloteo mi mantra absurdo
Durian, satay, ice kacang, kaya, teh tarik
Ketupat, laksa, lontong, dosai, agar agar
Putu piring, wonton mee, chili crab
Bak kut teh, chendol, gado gado
Un extranjero
por siempre hambriento


Rajkumari staggers out of the passenger’s seat of my 2-door gold mini-Renault. Ramesh painfully clambers out from the back. “Ok,” I cheerfully make a declaration. “Let’s go for a walk. Phew. 30 degrees Celsius.” I wonder if my forced gusto can disguise Rajkumari’s news of her terminal cancer diagnosis from this morning. Ramesh is dressed in a short-sleeved dark blue shirt and sleek, grey, silk summer pants. A red pocket handkerchief peeks out his left chest pocket. A houndstooth beret tips just so over his eyes. He saunters off in regimented marching steps in his polished black shoes, immediately lost in his world of ideas and philosophy. “There he goes,” protests Rajkumari. “He has already forgotten about me. My suave Indian captain from the British Raj army.” Rajkumari hobbles on her intricately bent knees and engorged feet: advanced rheumatoid arthritis. Two cantankerous geese unexpectedly waddle up from the water’s edge to her feet, and she unleashes a genuine bellow of surprise and joy. “Shoo, shoo,” she chuckles. She wipes my tears from my cheeks and whispers, “Death is liberty.”


Rajkumari sale del asiento de mi mini Renault dorado de dos puertas, se tambalea. Ramesh sale adolorido de la parte de atrás. “Bueno”, digo con alegría, “vamos a caminar, uff, 30 grados centígrados”. Me pregunto si mi forzado entusiasmo hará que olvidemos la noticia de Rajkumari sobre su diagnóstico de cáncer terminal de esta mañana. Ramesh viste una camisa azul turquí de manga corta y elegantes pantalones de verano de seda gris. Un pañuelo de bolsillo rojo se asoma en el lado izquierdo de su pecho. Una boina de pata de gallo le cubre los ojos. Se aleja en una marcha de pasos reglamentados con sus zapatos negros y lustrados, perdido en un mundo de ideas y filosofías. “Ahí va”, protesta Rajkumari. “Él ya se ha olvidado de mí. Mi afable capitán indio del ejército de Raj británico”. Rajkumari cojea sobre las enrevesadas rodillas y hinchados pies: artritis reumatoide avanzada. Dos gansos cascarrabias suben, de repente, desde la orilla del agua hasta sus pies y ella suelta un instantáneo bramido de sorpresa y alegría. “Shuu, shuu”, se ríe. Me limpia las lágrimas de las mejillas y susurra: “la muerte es libertad”.


My high-pitched wails permeated the humid, grey-walled hospital room. Loud, angry protests of being rudely thrust into the crap of life. My mother shed bitter tears of regret. Not the coveted son my father wanted. A second daughter. A woman who could only deliver girl children. Useless. My mother gazed indifferently at my face in curious scrutiny – a replica of the man, my father. She traced the handsome lines of my cheek bones, locked eyes with my strong, defiant gaze and absent-mindedly tapped my crooked, prominent, quivering nose. My father did not show up at the hospital for two days. Only a girl. Why bother? Finally, my grandmother dragged him to the hospital at 7 pm on Saturday. Reluctant. Bitterly disappointed. Disinterested. Father stood at the foot of the bed, his arms folded. “Sharma, my boss, says he can adopt this girl.” His shrill voice carried out to the main hallway. My grandmother spat disgustedly on the ground. «Chi chi. This girl is the goddess Lakshmi. She will bring you wealth. Money. Money!» My father snorted noisily and marched out of the room. My mother held me up to her lips and whispered softly in my ear: «A girl’s life.» They named me Kanwaljit. Lotus flower. The one that grows out of crap. Little did they know how I would defy and rebel against the injustice of my birth. My deafening, inconsolable cries reverberated around the tiny cubicle, and no one could console me.


Mis agudos gemidos impregnaron la húmeda habitación de hospital, sus paredes grises. Protestaba con fuerza y enojo por haber sido arrojada, con violencia, a la basura de la vida. Mi madre derramó amargas lágrimas de arrepentimiento. No era el codiciado hijo que mi padre quería. Una segunda hija. Una mujer que solo podía dar a luz niñas. Inútil. Con indiferencia y curioso escrutinio, mi madre observó mi rostro: una réplica del hombre, mi padre. Ella trazó las bellas líneas de mis pómulos, clavó los ojos en mi fuerte y desafiante mirada y, abstraída, tocó mi torcida, prominente y temblorosa nariz. Mi padre no apareció en el hospital durante dos días. Solo una niña. ¿Por qué molestarse? Finalmente, mi abuela lo arrastró al hospital a las 7 de la noche del sábado. Reacio. Amargado por la decepción. Desinteresado. Padre estaba a los pies de la cama, con los brazos cruzados. “Sharma, mi jefe, dice que puede adoptar a la niña”. Su voz chillona llegó al pasillo principal. Mi abuela escupió, asqueada, el suelo. «Chi chi. Esta niña es la diosa Lakshmi. Ella te traerá riqueza. Dinero. ¡Dinero!» Mi padre resopló con estrépito y salió de la habitación. Mi madre me acercó a sus labios y me susurró al oído con dulzura: «La vida de una niña». Me llamaron Kanwaljit. Flor de loto. La que crece de la basura. No sabían cómo desafiaría y me rebelaría contra la injusticia de mi nacimiento. Mis gritos ensordecedores y pesarosos resonaban en el diminuto cubículo. Nadie podía consolarme.


When I was born
my father placed me at the familiar altar of patriarchy
I ranted and raved. Stomped, screamed, and shouted
until reluctantly, my father’s infinite love gave me
powerful degrees, one for each hand

When my daughter was born
I breathed intense joy into her lips
carved words of power onto the canvas of her skin
propelled her ahead of lines of dissent
deconstructed dialogues of traditional expectations
celebrated her strength and her passion
whispered in her ear that Barbie was too skinny
and no one needed to wear high heels
unless they wanted to
let her embrace her glorious size, perfect shape, and seamless color
showed her the map to female autonomy
from lessons learnt in classrooms and on the streets

⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀And she became
sassy, feisty, intelligent, vivacious, beautiful, dynamic, spirited, confident, audacious, bold, adventurous, self-sufficient, wise, brave, broadminded, inquisitive, ambitious, savvy, liberated

We all need just one advocate

Rise up for our mothers, sisters, and daughters
Rise up for the oppressed, muted, and nameless
Rise up for invisible women of the world

until on her own
every single woman in the universe

Rises up for herself


Cuando nací
mi padre me puso en el consabido altar del patriarcado
Despotriqué y deliré. Pisoteé, grité y vociferé
hasta que, de mala gana, el amor infinito de padre me dio
grados poderosos, uno para cada mano

Cuando nació mi hija
respiré una intensa alegría en sus labios
grabé palabras de poder en el lienzo de su piel
la impulsé por delante de las líneas de la disidencia
deconstruí diálogos de tradicionales expectativas
celebré su fuerza y su pasión
le susurré al oído que Barbie era demasiado delgada
y que nadie necesitaba usar tacones altos
a menos que quisieran
dejarla abrazar su glorioso tamaño, su perfecta figura y su color impecable
le mostré el mapa de la autonomía femenina
a partir de las lecciones aprendidas en las aulas y en las calles

⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀Y se volvió
atrevida, luchadora, inteligente, vivaz, hermosa, dinámica, enérgica, segura de sí misma, audaz, aventurera, autosuficiente, perspicaz, sabia, valiente, serena, inquisitiva, determinada, inteligente, franca

Todas necesitamos tan sólo un defensor

Levántate por nuestras madres, hijas y hermanas
Levántate por los oprimidos, silenciados y sin nombre
Levántate por las mujeres invisibles del mundo

hasta que por su cuenta
cada mujer en el universo

Se levante por sí misma


The five-year-old unravels at home, sobbing from the incongruous assault at his pre-school.
His holy hair desecrated, the proud mark of his heritage. A pair of scissors in little, lethal, young bully hands. targeted. terrorized. terrified.

The teenager tastes the gritty sand on the hostile ground of small-town Alberta. Assorted angry fists mercilessly pummel his head, face, neck, torso, groin, hips, knees, shins, ankles. Ferocious feet kick in the nooks and crannies of his twisted trunk. Petrified. He wears his palms like an inept shield. Barely sufficient for twelve hands and feet that furiously flail his trampled soul. Mocking monkey sounds infiltrate the cool April air. No promised refugee sanctuary. Bruised and battered, the young man stays barricaded in the impenetrable prison of his fear. they made me afraid to wear my own skin.

The poised and polished Asian lawyer sits in the comfort of his car at the corner of a busy boulevard in Vancouver. He rolls his window down to distinguish the yelps of the men in the car next to his. Their vicious words wallop his peaceful existence. Slurs suspend like muck in mid-air. His window repels the tossed bag of trash. “shame, sorrow, vulnerability.”

Two young women in hijabs attacked at a park a young Black man assaulted at the bus stop a Vietnamese woman slashed with a knife at the mall a synagogue desecrated a Sikh man shot on his driveway while washing his car go back to where you came from bullets ricochet through mosques, temples, synagogues, churches heads bowed in ardent prayers fervently seeking peace & love a family of five Pakistanis viciously mowed down at the traffic lights on a serene Sunday evening by a man in his eerie shadowy truck one lone child survived forever orphaned by hate

Still in the silence
We dream of roving ancestors
travelling descendants’ dreams accumulated from all bends of the universe
Of the endless race for unanimity
Of tender words to dress profound wounds
Of the magnificence of diverse shades and vivid tongues
Of colorful hearts that love indiscriminately
Of discordant minds that connect peaceably
Of anthems of courage and love
Of accents that chant a chorus of harmony

I am honoured to wear my own skin
I am privileged to wear my own skin
I am proud to wear my own skin, eh


El niño de cinco años se desmorona en su casa, solloza por el incongruente asalto en su preescolar. Su santo cabello profanado es la orgullosa marca de su herencia. Un par de tijeras en las pequeñas y letales manos de jóvenes matones. Apuntado, amenazado, aterrorizado.

Un adolescente saborea la arena en el terreno hostil de la pequeña ciudad de Alberta. Una variedad de enojados puños golpea, sin piedad, su cabeza, rostro, cuello, torso, ingle, caderas, rodillas, espinillas, tobillos. Pies feroces patean en los rincones y grietas de su tronco retorcido, petrificado. Lleva las palmas de las manos como un escudo inútil. Apenas alcanza para doce manos y pies que zarandean con furia su alma pisoteada. Los sonidos de los monos burlones se infiltran en el aire fresco de abril. No hay tal santuario de refugiados prometido. Magullado y maltratado, el joven permanece atrincherado en la prisión impenetrable de su miedo. Me hicieron tener miedo de llevar mi propia piel.

El abogado asiático, sereno y pulcro, se sienta en la comodidad de su automóvil en la esquina de un concurrido bulevar en Vancouver. Baja la ventanilla para comprender los aullidos de los hombres en el coche de al lado. Viciosas palabras golpean su pacífica existencia. Los insultos se suspenden como lodo en el aire. Su ventana repele la bolsa de basura que le disparan. “Vergüenza, tristeza, vulnerabilidad”.

Dos muchachas con hijabs son atacadas en un parque. Un joven negro es agredido en la parada de autobús. Una mujer vietnamita es atacada con un cuchillo en el centro comercial. Una sinagoga es profanada. Un hombre sij es baleado mientras lavaba su auto en la terraza. Vuelve al lugar de donde viniste. Las balas estallan en mezquitas, sinagogas, templos e iglesias, sobre las cabezas inclinadas en oraciones ardientes que imploran amor y paz. Una familia de cinco pakistaníes es brutalmente atropellada en el semáforo durante una serena tarde de domingo por un hombre en su espeluznante y sombrío camión. Un solitario niño sobrevivió, para siempre, huérfano por el odio

Aún en el silencio
Soñamos con antepasados errantes que viajan
en los sueños acumulados de los ancestros de todos los rincones del universo
De la interminable carrera por la unanimidad
De palabras tiernas para vestir heridas profundas
De la magnificencia de variadas y vívidas lenguas
De corazones coloridos que aman sin discriminación
De mentes discordantes que se conectan en armonía
De himnos de coraje y amor
De acentos que cantan un coro de paz

Me siento honrado de usar mi propia piel
Tengo el privilegio de llevar mi propia piel
Estoy orgulloso de llevar mi propia piel, eh

Cortesía de la autora

María Del Castillo Sucerquia

María Del Castillo Sucerquia (Barranquilla, Colombia - 1997). Poeta, traductora (francés, inglés, italiano, portugués y griego), agente literaria, terapeuta en medicina oriental (Escuela Neijing, España). Aprendió idiomas en la Universidad del Atlántico. Estudiante de idioma hebreo. Ganadora del premio de poesía Naji Naaman, categoría Creativity prize, (Líbano, 2022); del premio “Un poema para Meira Delmar – 2022 (Biblioteca Meira Delmar, Barranquilla, Colombia); del premio Golden Heart, que otorga la Fundación Internacional Rahim Karim Karimov (Rusia – Kirguistán, 2022), en reconocimiento a su obra literaria y de traducción; del primer puesto del VII premio Mesa de Jóvenes “Jorge García Usta” (Festival Internacional PoemaRío – Biblioteca Piloto del Caribe) con su libro “El tren silenciado”; del segundo puesto del certamen de poesía Paz en Femenino, 2023, Universidad del Magdalena, entre otros reconocimientos. Sus poemas han sido traducidos al chino, inglés, canarés, bengalí, polaco, entre otros, y publicados en antologías y medios digitales e impresos nacionales e internacionales. Directora de la revista Read Carpet Colombia. Curadora y traductora de revistas literarias y medios nacionales e internacionales. Ha traducido la obra parcial de más de 90 autores alrededor del mundo.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Previous Story


Next Story

!Mentir es un arte!