¿Quién es el mejor cuentero del mundo?

Ricardo Terán, el cuentero más viejo del mundo.

Por ALFONSO HAMBURGER



Ricardo Terán Mendoza, nacido en Ovejas ,Sucre, un 22 de Octubre de 1941- un año , dos meses y dieciséis días menor que Adolfo Pacheco, es sin duda, el cuentero más viejo de la bolita del mundo, de la grande y la chiquita.
La grande y desconocida es la tierra, la pequeña es Ovejas, las sábanas y el Caribe, dónde no tiene rivales ni enemigos. Solo hizo dos grandes peleas en sus 81 años ,por honor, y las ganó sin echar un solo tiro. Sólo fueron algunos puños. No le gustan las armas. Siempre se le ve rodeado de mujeres y en esta revolución de la vagina, solo se lamenta haber quedado sin cartuchos. Lo dice sin atenuantes, y se ríe, picarón, mientras ladea el ala de su sombre zenú.

Cuando tenía siete años su padre le daba permiso para echar cuentos en los velorios del pueblo ,dónde cobraba cinco chivos. Si el velorio era cerca de su casa, el permiso iba desde las seis de la tarde hasta las nueve de la noche, pero si era lejos solo le permitía hasta las ocho de la noche, porque le tenían miedo a los espantos.


Ricardo apenas hizo dos años de Colegio y eso le bastó para saber lo bueno y lo malo. Con esa elemental ha recorrido la bola más pequeña del mundo de arriba abajo, siempre alegre y contento. A sus 81 años no le duele nada, porque disimula la artrosis de una de sus rodillas bailando cumbia. Ricardo Terán ( como aparece en su cédula)  no baila, levita. Su poder de penetrar en la gente, es una de sus virtudes. Terán habla de tú a tú con cualquier profesional. Le gusta la lectura y uno de sus tesoros, aparte de sus hijos- la mayoría mujeres- son unos diecinueve CD de chisteas, que han sido su mejor manera de expresión.


Ricardo Terán Mendoza es básicamente no solo el mejor cuentero de Sucre, sino el mejor taburetero del mundo. Este arte de carpintero, que es uno de los oficios más antiguos de la humanidad, heredado del propio José, el padre de Jesús de Nazaret, de donde sustrae uno de sus chistes, ha sido la mejor fuente de sus ingresos , pero ha sido su vocación de contados de historias de humor, la que ha posicionado a Ricardo en el corazón de quienes lo conocen.
Aprendió viendo a su padre, Saul Terán Rodríguez , en el ajetreo de cortar, coger, cepillar,  clavar , lijar y remachar una tabla. Desde niño se especializó en  hacer taburetes, cuya fama lo llevó hasta La Guajira, donde trabajó cincuenta y seis días en la construcción de unos galpones. Los primeros asientos los hizo por 250 pesos. Hoy los hace por encargos a 150 mil pesos la unidad. Son taburetes que pueden durar lo que duraba un matrimonio de los de antes.
En sus años mozos, Ricardo Terán fue un aventurero tenaz. Alguna vez llegó a Ovejas una silla voladora, montada por el empresario santandereano, Juan Pablo Hernández, con la que recorrió todos los pueblos de las sabanas , como ayudante y todero. Hernández le tomó mucho cariño. Le pagaban 30 pesos semanales, todos los lunes. A Veces demoraba  muchos meses sin ir a Ovejas, pero cuando iba a darle vueltas a Juana Mendoza Contreras, su madre, y al viejo, les llevaba las ganancias.


El tiempo que le quedaba libre, después de echarle comida a los leones y demás animales del circo ( también le tocaba montar y desmontar la carpa) y hacer las crispetas, se iba a vender por las calles con un compañero de Lorica.
Ricardo se pateó literalmente todas las corralejas de la Costa. Siempre iba solo. Se salvó de las caídas de las corralejas en Sincelejo de enero del año 1980 porque alguien le debía una plata y no se la pagó a la fecha. Alguna vez llegó a un pueblo con la ciudad de hierro en plenas corralejas. Como no hubo maíz para las crispetas se les dio por vender agua helada. Se pusieron una lata de agua al hombro.  Se metieron al ruedo con un galón en la espalda y un toro lo embistió. Se salvó porque el toro era criollo.
Su fama de carpintero llegó lejos. Desde La Guajira se presentó alguna vez un tipo a Ovejas. Llegó con el afán de contratarlo para hacer unos galpones para gallos finos. Para no viajar le cobró diez mil pesos por día, pero se los pagaron y viajó a regañadientes. Una vez llegó pidió treinta mil pesos de adelanto para enviarle a su mujer y los mandó con un vecino. Al regresar a Ovejas se enteró que el vecino no le entregó la plata completa a la señora, sino que se la dio a retazos.


La aventura en La Guajira fue grande. Dada su rectitud- fue a Santa Marta a compra materiales y llevó de regreso facturas- le hizo ganar muchos amigos, hasta que un día se perdió un gallo fino  del patrón, quien le dio un revólver y se fueron a buscar a los ladrones. Ricardo jamás había tomado un arma en sus manos y ya en la gallera, donde se suponía estaban los ladrones, se negó a entrar para evitar una refriega. En cambio se fue por los alrededores, hallando al gallo amarrado en la pata de una cama. Lo recogió y fue a salvar a la patria, cuando ya el jefe se alzaba en armas.
Alguna vez fue invitado por un mafioso a parrandear. Le cayó tan bien, que regresó ese otro día a buscarlo para seguir la parranda. Ricardo se negó, pues tenía el compromiso con los galpones. El mafioso le puso la queja al dueño de los galpones, quien le dijo que si el tipo lo buscaba para una parranda de 30 días tenia que seguirlo, porque se le daba el permiso. El mafioso se molestó tanto con la negativa de Ricardo, que ni con el permiso del amo, aceptó.
A los 56 días terminó el contrato. El contratista le pagó 60 días, unos seiscientos mil pesos y no le cobró el anticipo que le había mandado a su mujer. Y además, lo fue a llevar hasta Barranquilla. Así ha sido su vida, donde quiera que llega, hace amistades eternas.


Los chistes de Ricardo Terán no son prefabricados. Los inventa mientras habla con la gente. Dice que no hay cosa más suave que una pelea de perros bajando loma- enmacacados- y que tiene un amigo que lo ve cada vez que un papa de Roma mure picado de culebra.
Cuando se le pregunta como está, responde que se encuentra harto y que están cocinando.
Ricardo, sin proponérselo, se convirtió en actor. Ha asistido como invitado a los diez encuentros internacionales de Cine de Los Montes de María, FAMMA, donde ha ganado tres estatuillas como mejor actor. Su libretos los prepara verbalmente, porque sabe que “En mi rancho mando yo”.
Con su sombrero, su mochila e impecablemente vestido, Ricardo Terán, con su bastón metálico, se yergue como un personaje cuya personalidad trasciende los caminos.
En su vida sólo ha hecho dos peleas, en Ovejas, una porque se metieron con su madre, y ambas las ganó sin necesidad de usar armas, solo sus puños y su carácter.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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