!Nací en el vientre de una hamaca!

VOX POPULI

Un día como hoy 11 de abril, nació un muchacho.

Por Alfonso Hamburger

Un día once de abril- como éste de lluvias- de un año glorioso del siglo pasado, el corregimiento de Bajo Grande, a cinco leguas de San Jacinto, amaneció metido en corcovado. Las gallinas se tiraron de las trojas desde las claras del día, los terneritos daban carreras de felicidad, los burros rebuznaban alegres y mi madre santa, la Seño Villa, tuvo que ser llevada en hamaca hasta las Palmas, porque desde las tres de la mañana le empezaron los dolores del parto.
Yo, que era aquel niño que iba en su vientre, había querido que mi madre me hubiese parido en Loma de Vásquez, aquel punto tan entrañable del camino, pero ella era fuerte y quiso que su quinto hijo naciera en una casa de palma a la orilla del cañito, al lado de un puente de tablas donde escampaban los burros ( puente 20 de julio) en el San Jacinto el de los gaiteros, donde mis abuelos maternos. Vino desde el Carmen de Bolívar a atender el parto el doctor Barrios, quien estuvo a punto de tirarse la maroma, pues cortó el cordón umbilical muy pegado y no podían atarlo, lo que generó una hemorragia. Pero aquí estoy para echar el cuento. He sobrevivido a las siete plagas de Egipto y al túnel de la guerra.
Era un bebé color de coco, cabeza pelado, redondo y tragón. A los pocos días me regresaron a mi habitad natural, Bajo Grande, donde voy a dormir en mis sueños todas las noches, pese a que fue arrasado por la violencia. En esos trupillares y peleadores hermosos me levanté con siete hermanos. Mi madre, que era la maestra de escuela, se iba a atender a sus alumnos y me dejaba en manos de vecinas como Lola Barreto (que había parido a Sigfrido Moish un dia después, el 12 de abril) y de Herlinada Vásquez, que había parido al Pocho el 13 de abril. Eran un trio de comadres que se pusieron en competencia. Ganó mi madre. Fui el líder de ese trio. Así que mi madre me dejaba con ellas y mamaba de las tres, de modo que crecí robusto y mujeriego, con tres madres que me adoraban. Y si fallaba una y no estaba Lola o Herlinda, aparecía la teta de Korina o Raquel, que me disputaban.
Mi tío Nando, el cantor, se peleaba el parecido, pero al final me pusieron Alfonso Ramón, en honor a los dos tíos mas parranderos, Ramón Fernández Vásquez y Alfonso Hamburger Herrera. Yo hubiese preferido Jurgem o Raysard, como Capuchinski.
Con lo que recibí en los genes y en el tiempo que me tocó ,no tenía escapatoria de ser lo que soy y si volviera a nacer sería el mismo, pero con diez centímetros mas de estatura, cabello abundante y afinación en la voz. O mejor no, porque con esos atributos me hubiese matado la fama. El éxito no es para todo el mundo y Dios le da a uno lo justo, lo que le conviene. Calculen ustedes, es así y casi que no quepo en el pellejo, ¡Qué tal?…
Gracias a todos mis amigos, a quienes regalo mis triunfos.
Y a Dios, que es más grande que un palo de coco.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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