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!Los personajes de Gabo en Sucre- Sucre¡

La otra orilla de Macondo (II)
¡La plumilla no se detiene!

MACONDO

              Felix Navarro, el plumillero, maneja un macondo en el Club Sucre,escenario del cuento de Gabo.

Por Alfonso Hamburger
Sucre- siempre hay que repetir el nombre, para ratificar su apellido, Sucre- se quedó estancado en el siglo XIX. De allá llegaban las chalupas que volteaban las elecciones en tenebrosas madrugadas, las historias mágicas y las grandes crecientes que dejaban el gramalote en los caños cenagosos que se metían por los patios comunes, regados por el camino de las aguas. Allí quedaron intactas las supersticiones y los salones donde cantaban los alcaravanes. También los balcones volados a la calle por donde vieron correr la noticia del hombre que iban a matar, el último en enterarse de su suerte, y los callejones donde lo acorralaron y le sacaron las vísceras con cuchillos capa burros y el muelle donde esperaban al obispo que jamás llegó.
Los 56 kilómetros de vía pavimentada que hacen falta para enlazar a Macondo con la carretera que conecta a Sucre con el resto del mundo, parecen ser el signo abismal que separa al viejo del nuevo milenio. Las mujeres te miran de frente con sus ojos hechiceros. El cementerio, donde yacen los huesos de la historia de Gabo, con todos sus personajes, con mausoleos según el estatus del muerto, parece naufragar en medio de la basura, la violación de tumbas y el abandono, como si las reiteradas crecientes que se meten por los patios, los hubiese ahogado para siempre.MACONDO 4

    Isidro Alvarez, muestra la tumbad de Manuel Alvarez Sampayo. Observa Inaldo Chavez.

Isidro Álvarez, un profesor de ojos aguzadores, que viste como un palabrero paisa, con su pelo largo recogido en un moño, a fuerza de narrar aquellas historias paradójicas, se ha convertido en otro personaje, tan digno como los que yacen en el cementerio, donde los muertos parecen haberse convidado para seguir siendo vecinos. La tumba de Cayetano Gentile Chimento ( Marzo 2 de 1927- enero 22 de 1951, recuerdo de su madre y hermanos)quedó para siempre- salvo que una creciente diga otra cosa- al frente de la de la Mamá Grande, Itala Munive Guerrero. Y así, sucesivamente, cada cosa parece hacer parte de un engranaje, que Isidro ha ido hilvanando, cuento a cuento, con tanta emoción, que cada vez que guía a los turistas que llegan, sus palabras parecen atropelladas, a través de un micrófono a manos libres, cuyo amplificador lleva amarrado a su cintura, como si se tratase de un canguro para meter monedas. Da la sensación, que Isidro quiere atrapar sus conocimientos- es Celoso- para sus libros sobre el país de las aguas, porque solo da pinceladas pequeñas, que en la maratón del recorrido, dejan al cronista picado, con la boca echa agua.MACONDO1

           El salón del billar es una cita puntual de los comarcanos en el Club Sucre, para jugar cartas.

Algunos personajes, como la mujer que se viste especialmente para ir a la misa de la tarde y atraviesa el parque con tremenda pasión, sin dejar que le hagan una foto a su pañoleta de viuda, se quedaron allí enredados en los vientos frescos de los caños que se meten por los patios, donde quedaron varadas las canosas del agua que se fue, en medio de los rimeros de patilla y el mercado abigarrado del centro.
Félix Navarro, uno de los nueve hijos del dueño del Club Sucre, hoy está consciente de que una mina de oro yace bajo sus pies, por eso se ha convertido en un verdadero guardián del patrimonio. Su cabeza cana, a sus 52 años, y la manera como atiende a los turistas, mientras reparte “las frías” o pide “Fuera de manos”, cuando la plumilla del Macondo empieza a buscar su número que espera es un personaje más de “En este pueblo no hay ladrones”, cuento de Gabo al que no le varió casi nada de lo que sucedió en la realidad.
Lo cierto es que en este pueblo si hay ladrones, porque la corrupción ha sido el principal factor de atraso de esta zona, que se quedó enganchada en el tiempo, mientras la gente con suspicacia mira la camioneta de última gama, parqueada en la calle a la intemperie, al frente de la casa de una ex funcionaria, repleta de flores amarillas que han caído por lo menos en la última semana.
Es tanto el estatismo del tiempo inamovible, que algunos que llegan por primera vez siente que alguien los mira desde un sitio estratégico del pasado, algo los sacude por dentro- los aprieta-, le zumban los oídos y saben que aquella tierra tiene algo más allá de lo natural.
Es el verdadero Macondo, ubicado en otra orilla.
( continuará)

macondo 3La entrada del cementerio de Sucre- Sucre, repleto de personajes de la novela de Gabo.
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