La vergüenza en el vallenato

Si existe en el mundo una música que se critica por ser machista esa es la música vallenata. Ante esa sentencia, de los labios de una periodista interiorana,  el maestro Alejo Durán-primer rey vallenato- advertía que el machismo vallenato era la respuesta a ese hembrismo que se regaba como verdolaga en playa.

Los hombres somos minorías ante esa avalancha o lluvia de mujeres de la que habla el cantante Beto Zabaleta en uno de sus temas. Solo en el censo electoral de Sincelejo hay más de 10 mil mujeres por encima de los hombres habilitados para votar. El maestro Durán, quien decía que a la mujer no se le llora, sino que se le canta, respaldaba el machismo avasallante de sus cantos en el sentido de que si iba a la playa las encontraba en racimos. En la calle, igual. En las discotecas, en las corralejas, en todas partes, siempre había “un hembrismo” y en respuesta a ello, surgió un machismo. No se podía desperdiciar la cosecha. Y si al Viejo Mile ( Emiliano Zuleta Baquero) le hubiese tocado esta época en que la mujer “está como mango bajito” que es solo alargar la mano, tendría como 700. Le confesó a su cronista, Alberto Salcedo, que tuvo 70 mal contadas.

Y en la cúspide del vallenato, no hubo un galán más “peligroso” que Rafael Escalona Martínez. Era una especie de gavilán jabado que se iba con Alfonso López Michelcen de pueblo en pueblo, como el mejor relacionista público, y volaba bajito en los mejores patios del Cesar. Se iban provistos de caja, guacharaca y acordeón (Alguna vez dejaron al del cencerro porque no cupo en el helicóptero) y a punta de Johnny Walker sello rojo, sellaron muchas conquistas. Y cuando se les acababa el whisky, para eso tenían el poder y obvio: el helicóptero. Así empezaron a vender el producto de sus versos: la musca vallenata.

Pero más allá de esas conquistas (Alejo engendró 24 hijos con la misma pero con diferentes mujeres, sin meter datos de veredas y corregimientos), Diomedes Díaz 48 y Escalona por lo menos una docena, pero igual tuvieron sus debilidades en medio de la rusticidad de algunas parrandas y de la actividad del contrabando, con revolver al cinto.  Con frecuencia, Escalona se le sentaba en las piernas a sus mejores amigos, caso de Jaime Molina, como lo dice en su pintura musical. Y ambos eran hombres en el más estricto sentido de la palabra. Nada de fisuras, menos en antaño, cuando la legislación o los perjuicios eran arcaicos.

Para los vallenatos, expresar que son machos (como los mexicanos) es un deleite. Lo expresan y lo hacen saber, aunque sea en broma. Adolfo Pacheco, el más grande compositor del momento, fue padre hace unos seis años, cuando ya alcanzaba casi setenta años. Y en broma, Regulo Matera, le preguntó de quien sospechaba, cuando le confesó que su novia estaba preñada. Y Emilianito Zuleta, en la ceremonia inaugural del pasado Festival Vallenato, exhibió a su ultima hija (de un año), que pasó a los brazos de Poncho. Allí Emilianito anuncio que “Iba a fabricar otras”, con ese orgullo de quien pregona que la fábrica aún estaba vigente. Como quien dice: agárrense mujeres.

Si existieron en el pasado músicos con tendencias homosexuales, ellos supieron esconder esos gustos. Por algunas suspicacias de esas, hasta hubo trompada. Dos acordeonistas famosos, se fueron a los puños en Cartagena. Uno trató al otro de mariguanero, que era el peor de los vicios. Y el otro le respondió en versos. “Yo si soy mariguanero, pero no me gustan las botellitas de cuero”.

Muchos vallenatos se precian de tener muchas mujeres, tantas como puedan mantener. Sin importar su procedencia, raza u oficio. Alguna vez el maestro Escalona estuvo en Sincelejo, donde se fue una semana a un cabaret, surtido de whisky, y a cada una de las putas, las sorprendía cada día con arreglos florales.

Lo cierto es que en estos, que parecen los últimos tiempos, mucha gente se está saliendo del closet o al menos actúa de forma menos prevenida. Los jugadores de futbol muchas veces se pasan de calidad en sus celebraciones, como el caso de Caniggia de Argentina, besándose con otro, el caso Maradona, o el tipo que le coge los testículos Carlos “El Pibe” Valderrama, ante la sorpresa y pose de goce y desafío del costeño, que parece decir: “Eche, cacorro, acaso? Toca, palpa, para que veas donde esta lo bueno guardado”.

El caso de Silvestre Dangod, de tomarle los genitales a un niño después de darle una propina en una tarima, fue un escándalo, visto en el Caribe como una costumbre de tocar el pipi a los niños a ver si “ya están encañonando”.  Nada Más. Para algunas familias tradicionales, el que un hijo le salga con tendencias diferentes, es una especie de tragedia, como le ha venido pasando a un cantante vallenato, perdido muchas veces en la borrachera y olvidando las canciones, especialmente cuando le toca alternar con Silvestre Dangond, quien parece bastante relajado al besar o agarrar cuanto pipi encuentra dispuesto en una tarima.

Pero más allá de  la polémica por aquel beso “mordelón” entre Poncho Zuleta y Silvestre Dangod en el cierre del festival, que otros dicen solo fue “un piquito” hay otro tipo de tragedia en esta bella música vallenata, que pese a ser calificada por algunos cronistas como una maldición del diablo en la derrota que le propinó Francisco El Hombre, aún no ha sido contada eficazmente. Habrá que escribir entonces una nueva versión  de cien años de soledad vallenata, ya no cantada como un paseo, sino como una nueva obra. De hecho, vendrán muchas piquerías.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Previous Story

Murió el jefe y también el árbol de Acacia

Next Story

Día mundial de la libertad de expresión