José Ramón Mercado, el ideólogo de Festigaitas.

Banner_ECA_pago(1068px150px)JOSE RAMONSi Tania Cabrera, con esa sonrisa que es como un sol es la reina del amor a lo ancestral, el poeta José Ramón Mercado, es el ideólogo del Festival de Gaitas Francisco Llirene, que hoy por hoy posiciona a Ovejas como un punto insuperable en materia de folclor.
No todo está dicho. El festival, ese que nos congrega en torno de esos palitos a los que lo único que les hace falta son ojitos para ver y boquita para hablar, es todo un proceso, que arranca oficialmente en 1985, pero que tiene sus antecedentes desde el mismo día en que la gaita empieza a difundirse por el mundo y llega la crisis. José Ramón Mercado, un verdadero jefe de la tribu, como investigador fue acucioso desde niño. Dice que en1975, se unió a otro hombre esencial en la academia, Jaime Castellar Ferrer, de San Jacinto, por muchos años rector del Colegio Pinillos de Mompox, donde llevaba con frecuencia a los gaiteros de la tierra. En ese año, Toño Fernández tuvo una crisis de salud y después nunca pudo hilvanar ideas, porque cuando le preguntaban por su viajes por cuatro años “A las Europas”, estallaba en llanto. La gaita había entrado en crisis.
Mercado Romero, cuenta, adquirió un Audi por 61 mil pesos, en Bogotá y en este auto recogió a las cincuenta personas con las que se reunió en la capital, buscando una salida a la crisis. Ovejas, que se conocía por el tabaco, entraba en la crisis de las revueltas campesinas, en disputa de la tierra y un mejor precio de la hoja. Ya otros pueblos venían en el proceso de Festivales.
“Es que en Ovejas no hay gaiteros”, fue una de las frases de los convocados, cuando se propuso el festival de gaitas, que empezó a sacar cabezas de ventaja a quienes propusieron “El festival del Tabaco”.
Esa idea no se apagó. Quedó en ambiente hasta que se materializa diez años después, con los hermanos Cabrera Foltalvo, bastiones esenciales del evento, defensores acérrimos de la tradición, con una dinastía que brilla con luz propia, como la propia sonrisa de Tania.
José y Tania, a la cabeza, merecen todo el reconocimiento. Ya habrá tiempo y espacio para escribir eso. Lo cierto es que los libros de José Ramón, quien pudo sacar tiempo de la exigente labor de rectorar un colegio como el Inem de Cartagena , son un testimonio visceral de una saga familiar esencial en el proceso de memoria, aun con sorbos amargos, como el que vertieron aquellos padres severos, incapaces de echarse al hijo de burrito.
Pese a esa disciplina con Cartagena y su compromiso con docencia, Mercado no se separa un instante de su proyecto, de pronto no hincando el poste para la tarima de sardinel, sino apuntalando el proceso desde el pensamiento. Propuso Mercado el nombre del Festival, sobre un personaje que no tocaba gaita, pero que era una especie de mago de Macondo con un lingote de imán, para liderar un proceso desde el tambor, Francisco LLirene, sobre quien ha escrito lo suficiente, pero sin romper el mito, dejando abierto paréntesis para que otros entren a terciar. Apenas en este festival 33, es que se ha dado cuenta que Pacho Llirere no era un gaitero de flauta, lo que abre un paréntesis, como si fuese uno más de sus personajes d novela. José Ramón no solo se lo inventó, sino que lo vio y lo dimensionó de tal manera, que lo volvió creíble. Y es mejor que no aparezca su propio apellido, porque el apodo encumbrado a la eternidad, funciona bien.
A José Ramón, habrá que quererlo eternamente, por habérsele prendido la chispa y a Tania tratar de estar muy próximo a ella, para que nos ilumine con su sonrisa.
Al fin y al cabo la gaita es una mujer que nos marca el paso, mientras el macho pila el arroz o siembra la rosa.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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