Sin categoría

El otro pliegue de la pollera colorá(*)

 JUAN MADERA1

 

EL OTRO PLIEGUE DE LA POLLERA COLORÁ (*)

Por  Alfonso Hamburger

 

                        Capitulo I

 

El  documento  enmohecido por el paso de los años, está resguardado  por tres firmas y dos estampillas de veinticinco  centavos cada una, que se han convertido en el mejor candado contra cualquier desvarío de la imaginación o usufructo distinto a la patente verdadera de “La Pollera Colorá”, cumbia que se ha escuchado por el mundo entero y considera como una de las tres mejores canciones colombianas del siglo XX, interpretada por los Sinsom en uno de sus capítulos. Esta cumbia, cuya autoría siempre ha estado en disputa, y una canción de la barranquillera Shakira,son las únicas piezas colombianas tocadas hasta el momento por esta serie.

En la Notaría Primera del Círculo de Barrancabermeja, un cuatro de octubre de mil novecientos sesenta y dos , se presentaron ante el Notario de aquella ciudad, los entonces amigos, Juan Bautista Madera   Maderay Wilson Choperena, con cédula de ciudadanía No 9.717.598 y 5582975, respectivamente,  solicitando el reconocimiento del mencionado documento y expusieron bajo la fe del juramento que las firmas habían sido puestas de puño y letra “y son las que usamos en nuestros actos públicos y privados”.

Choperena era el cantante y Juan Madera el clarinetista de la famosa orquesta del corozalero Pedro Salcedo, uno de los músicos más grandes del país, muerto en Bogotá en 1998 y creador de la “Pollera azul”,  y “Corozal y Sincelejo”,  célebre en la banda musical de la telenovela  Las Juanas (para ubicar a los jóvenes).

Como cosa curiosa, los dos autores  de “La Pollera Colorá”, quienes estuvieron todo el año 1.999 en expectativa, porque el tema figuró entre las diez  mejores canciones del siglo XX, conforme un concurso público nacional, no poseen otro tema que se acerque a la famosa cumbia, que más bien parece un engendro divino, de otros mundos. Un solo tema les bastó a ambos  para pisar la gloria. Son considerados, en efecto, los Juan Rulfo, de la composición popular colombiana.

 

   II Criador de Pavos reales…

 

A los 77 años- nació en Sincé, Sucre- el 7 de Mayo de 1.922 en el barrio Guinea, Juan Bautista Madera Castro, conserva esa lucidez que  sólo alcanzan quienes han vivido una vida sin sobresaltos, pese a que ser músico es llevar una actividad azarosa y hasta de angustias. Nuestros músicos han vivido de aventura en aventura, han sido mujeriegos, desordenados la mayoría y algunos han muerto en la miseria.

En el barrio  El Cortijo de Sincelejo, mientras salía a comprar afrecho para una cría de pavos reales que tiene en el patio de su casa, encontramos a Madera Castro, con la otra historia de la famosa canción. Allí estaba ese pliegue inicial en que se sustenta la letra, su música, su clarinete.

“Ahora paso detrás de estos pavos, como si fueran mis hijos”, dice el maestro Madera, mientras nos muestra su casita, que adquirió a través del antiguo Inscredial, hace 18 años. Ahora hace con los pavos lo que no hizo con sus hijos, comenta. “Diana, ve mija, ponte “La Pollera Colorá” para que la escuchen los periodistas”, dice.

…Y Diana, la última de sus 11 hijos, entreabre la cortina y coloca el disco, una verdadera joya, la primera versión de La Pollera Colorá, grabada en Discos Tropical, de Barranquilla, hacia 1.962, y en la que ejecuta el piano el músico Alci Acosta. Wilson Choperena, cantante estrella del grupo, se sobró con su voz de soprano,  alta y aguda, que a veces parece de mujer y en la parte final, como si se acordara que el autor era su amigo lanza aquel saludo “Oyelo Madera, por ahí es la vía”, que el gran cantante le hace al clarinetista como homenaje. El  clarinete es de Madera.

El disco se repite y se repite en medio de la conversación. En la caratula aparecen registrados, como en la Notaría Única del Círculo de Barrancabermeja, los dos autores. Música, Juan Madera, letra, Wilson Choperena.

“Eso fue lo que hicimos nosotros dos”, dice Madera. Y Agrega: “Lo bonito es decir la verdad, porque donde hay la verdad, surgen las cosas buenas, donde está la verdad tiene que haber justicia”

Ahora estamos en la sala calurosa y pequeña, con las puertas abiertas, de modo que hasta acá penetran los saludos de la calle y la fiesta de los pavos en el patio, también penetra el Delegado Social de Sayco (sociedad de Autores y Compositores de Colombia), Jader Torres, quien ha llegado casualmente a llevarle noticias de las regalías a Madera, socio de esta entidad desde hace 30 años. Le muestra algunas copias de Notaría. La letra de la canción, en partituras es de puño y letra de Madera, que pese a que no terminó la educación primaria, tiene una excelente caligrafía. Su firma es de trazos firmes. La de Choperena, es un poco más débil y con otro color de tinta.

“Esta la escribí en 1.962, cuando todavía podía escribir cosas buenas”, bromea.

 

III. Tierra de carácter.

JUAN MADERA

 

San Luis de Sincé es un  pueblo sucreño de gran estirpe. Ser sinceano, sinceano de nacimiento, como dice el famoso porro, imprime carácter. Tierra de sabanas y de excelente ganado, Sincé es un pueblo de inteligencias de todo tipo. Allí nació uno de los más grandes músicos del siglo, Adolfo Mejía, que aunque vivió la mayor parte en Cartagena, tuvo en su padre, del mismo nombre, un gran joyero que nunca dejó su pueblo, sus sustento y su sangre. Por allí también dicen que vivieron los padres de Gabriel García Márquez, alguna vez. Aun queda la casa grande de corredor  volado hacia la plaza, donde vivió Gabriel Eligio, el telegrafista  que lo engendró. Y quienes habitan actualmente la casa, la familia De La Ossa, dicen haber escuchado los alcaravanes en las amplias habitaciones

Juan  Bautista Madera había nacido de la unión de Eusebio Castro Montes y Carmen Madera. Si se dan cuenta, lleva el apellido de su madre, como tantos otros célebres músicos, caso de Nacho Paredes o Demetrio Guarín, también sucreños.

“Lo que pasa es que antes era así y como no eran casados. Cuando ellos contrajeron matrimonio ya yo tenía cédula”, aclara Madera.

…Y sigue adelante. Eran él y seis hermanos más, ninguno de ellos músico. Su padre era gran decimero, que en las fiestas de toros, alegraba a los poblanos con versos repentizados con gran briosidad. Era campesino auténtico, enamorado, que se tomaba sus tragos y cantaba.

Madera iba al colegio del maestro Pedro Espinosa Meza, toda una institución en las sabanas. Era un maestro severo, que tenía mucha paciencia para todas las cosas. Las dos jornadas diarias y el buen maestro, le bastaron para saber lo bueno y lo malo, por lo que estudiar más sobraba.

“Yo había nacido músico, papá era decimero, además, hay una familiaridad entre la poesía y la música, son como hermanas”, puntualizó.

A los quince años tiene el primer contacto con la música, cuando el maestro Heriberto Benvides, ya fallecido, recogía personal para conformar una orquesta, pero su verdadera enseñanza la realizó en San Marcos, bajo la batuta del maestro Juan de La Cruz Piña, padre del famoso Juan Piña. En San Marcos duró ocho años y allí hizo su primera canción en 1.952, instrumental, como era la moda, denominada “El Abarcón”, en honor de un ganadero amigo, Eligio Arroyo.

Madera regresa a Sincé para casarse con una rubia, Amparo Manjarrés , luego de durar dos años convenciendo a los padres de la muchacha, que no eran gustosos por ser éste negro.  La celebracion  fue en grande. La Orquesta de San Marcos le tocó por ron y comida tres días.

En este tiempo bautizó al cantante  Juan Piña, quien todavía le besa la mano cuando se encuentra.

 

  1. Polleras azules.

JUAN MADERA1

 

En 1.958 Juan Bautista Madera viajó a Barrancabermeja, a enrolarse en la orquesta de Pedro Salcedo, liberal, quien hizo la famosa “Pollera Azul”, a petición de los conservadores.

“Yo que soy conservador, hice la Pollera Colorá y Salcedo que era liberal, hizo La Pollera Azul”, plantea Madera, a manera de croma.  Allí se conoció con Wilson Choperena, que era la estrella del canto, indudablemente.

Recuerda que tocaban todos los domingos en el Grill Hawai, donde acudían muchas mujeres con faldas rojas, que bailaban muy bien el porro, el mapalé y el fandango.

“Allí fue donde me dí cuenta que faltaba un tema de cumbia y dije, lo voy a componer y se llamará  La Pollera Colorá”, dice  haber pensado.

Desde esa noche se le metió la idea en la cabeza y lo hizo. No le fue difícil pulirla, pues el maestro Pedro Salcedo era un genio para acoger ideas. Era una cumbia instrumental, como las primeras cumbias y gaitas, que empezó a utilizarse como fanfarrea o tema introductorio de la orquesta en cada presentación. También se interpretaba para despedida. En  1.962 llegó el maestro Pello Torres a esa ciudad, quien también le dio una planchadita y una manito de pulimento. Fue cuando surgió un contrato para Valledupar, entonces  la orquesta aprovechó para grabar cinco temas en Barranquilla.

¿Cómo entra Choperena en la canción?

Buena pregunta. “Un día se me presentó Choperena en mi habitación y me dijo, eey , Juancho, le hice unos versitos a tu Pollera Colorá,  y así fue, los hizo y los registramos juntos, él era el Rafael Núñez de este himno y yo el Oreste Síndice”, precisa.

En los cinco números que se disponían a grabar en Barranquilla, no figuraba La Pollera Colorá. Ya habían grabado cuatro temas.Faltaba uno, una cumbia,  Al técnico no le cuadraba uno de los temas y de alguna parte de los estudios surgió una voz desconocida y no identificada. “Eeey, maestro, grabe la Pollera Colorá”.

 

“Yo creo que la grabación de La Pollera Colorá fue como un milagro de Dios”,  dice Madera, en busca de una explicación.

 

  1. Ese clarinete.

 

 

A Madera le gustaron los versitos que Choperena le colgó a su pollera colorá, dice. Sin embargo, lo esencial  en la pieza es el clarinete, que lo interpreta el propio autor, pues en la armonía del modelo es este instrumento el que lleva el peso de la melodía, juega, va y viene y adorna todo, entre tambores y el resto de instrumentos, que conversan entre sí, invitando al baile y al goce.

Todavía conserva el mismo clarinete con el que adornó su pollera, guardado en un estuche de lujos. Se lo trajo desde Francia en 1.959, su amigo sinceano Epifanio Montes, quien andaba con el Ballet de Sonio Osorio. El  clarinete ha sido parte de su vida, una extensión de su alma y la pollera colorá su mejor hija. Le  costó 45 pesos.

Una vez grabada, el primero en oírla fue el maestro Pedro Salcedo, en Barrancabermeja. Ya empezaba a poner a bailar a todos los colombianos y Salcedo le preguntó que si la había resguardado de los comejenes. Sí, le respondió.

 

 

EPILOGO

 

 

Con 11 hijos-  seis mujeres y cinco hombres -, el maestro Madera se alista para entrar en la galería de los hombres famosos del Departamento de Sucre y su fotografía ha sido mandada a enmarcar en tamaño grande para ser colocada en La Casa de La Cultura de Sincelejo.

Sus hijos, la mayoría son profesionales y lo adoran. Tiene 15 nietos.

Por La Pollera Colorá ha recibido tantas satisfacciones como regalías. En 1.998 recibió 7 millones de pesos, la mitad de lo que recibió Choperena.

Lo raro es que en el ámbito nacional se venía promocionando sólo el nombre de Wilson  Choperena como el autor de la canción, más aún cuando  ésta se ha ubicado como la tercera mejor del siglo XX.

¿Por qué se separó de Salcedo?

Apegado a su tierra, Juan Madera no quiso viajar con la orquesta de Pedro Salcedo, cuando éste se radicó en Bogotá, él se vino a Sincé, donde fundó en 1.973 la banda 8 de Septiembre, con la que todavía sigue siendo músico como cualquier otro.  No ha vuelto a grabar porque con la aparición del vallenato, los músicos de bandas vieron cerradas muchas puertas, dice, pero por ahí tiene otros temas para presentárselos a las nuevas orquestas

Con Wilson Choperena tiene muchos años que no se ve, de él sabe que anda con un trío de guitarras. No le tiene rencor y asegura que si se lo encuentra le dará un inmenso abrazo.

Sólo sabe que si Choperena no hubiese sido mezquino, de pronto  habrían hecho otras canciones juntos.

“Lo respeto y lo quiero, pero ha mentido en su cuento, Soledad no existió en la realidad,  ese es un nombre ficticio, tanto como la realidad de la fantasía celestial que me regaló la musa para hacer la melodía”,concluye Madera.

Los Pavos, que se han alborotado con la insistencia de la canción en el tocadiscos  están que cantan, acosados por el hambre. Y madera camina hacia ellos con el plato  de comida en sus manos,  mientras lleva una cumbia en su alma.

 

(*) Crónica ganadora del VII Premio de Periodismo Alcaldía de Sincelejo. JUAN MADERA2

QUESSEP1
Anterior

"Yo era un actor gordo que encarnaba a esa asquerosa burguesía".

gaiteros2
Siguiente

¿A quién se parecen los gaiteros de la estatua?

Alfonso Hamburger

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

Sin comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *