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¡El nuevo Gobernador de Sucre, un Man diferente!

¡El nuevo Gobernador de Sucre, un Man diferente!

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-Fue un triunfo contundente y aliviante y con ese mismo racero se espera al nuevo Gobierno-

Por Alfonso Hamburger

Con un discurso coherente con su pensamiento y sus actuaciones- de principio a fin- el gobernador electo de Sucre, Héctor Olimpo Espinosa, tiene la responsabilidad de abrir la década de la esperanza para el departamento más mediterráneo del Caribe, que figura en el mapa a la altura del corazón de Colombia, cuyo puño alzado es La Guajira, donde se introduce al mar Caribe.

Su triunfo contundente ha sido un alivio para la ciudadanía cuando sobre ella se cernía una amenaza de quienes lo tenían capturado e insistían en mantener nexos peligrosos con el negro pasado. Habrá que guardar celoso candado sobre esa amenaza, porque si bien la culebra ha recibido un golpe certero sigue viva y de hecho va a tratar de hacer valer su estado agonizante para usar sus espuelas, como gallo moribundo que levanta el pico y deja al contenedor tendido. Sólo “un pata suave” de cuatro libras como el cordobés enraizado con la mecedora sabanera es digno de su valor para reinar en la gallera. El conocimiento de ese pasado será vital para avanzar y no repetir.

Desprendido del viejo Bolívar grande, cuya capital, aristocrática y con mirada internacional, no hizo mucha resistencia, Sucre fue un cambio para no cambiar. Sólo se dividió la burocracia, que reinó con las mismas familias en ambos territorios. Sucre en sus 53 años ha sido un intercambio de poderes, o de casas y castas políticas, que se han ido alternando en el poder, manejando relaciones de afectos familiares y lealtades grupales que han dado frutos y generado vicios. Es un viejo cacicazgo que destrona al encomendero español. De esas lealtades de cambiar votos por puestos y favores que dio resultados medio siglo se debe pasar a un gobierno meritocrático, quizás científico, con visión nacional. De los viejos partidos políticos, apenas arañados por una izquierda desorganizada y quizás harapienta, se pasó en años, como en la corraleja, a los grupos económicos, tales como Alfaltriza, La gata, entre otros, para explotar la política como el gran negocio de quienes en ella intervienen. Algunos triunfadores garantizan los ingresos cómodos de su familia por varias generaciones, léase Merlano, Quessep, Paternina, Fernández, etc. Los independientes son apenas pequeñas olas desordenadas que se manejan con las emociones del momento, empujadas por una carreta.

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Alguien dijo que una Alcaldía bien manejada genera más plata que un embarque de cocaína. El reto es voltear ese concepto y volcar ese principio mafioso hacia la atención a la gente. Ojalá atender a los pobres.

Todo eso lo sabe el nuevo gobernador, que lo dijo en su discurso durante su campaña en otras palabras, escuchando a la gente. De allí que su triunfo contundente, recogiendo la voz de todos, leyendo bien el contexto social, económico y político, sin ocultar un pasado que en algunos momentos resaltó en su camino, sin renunciar a su historia, pero enfrentándola valerosamente, lo hace más significativo, abriendo una esperanza para todos. Las elecciones pasaron, ahora viene el trabajo.

El discurso del joven de la cachucha colorada, como sus amigos manifestaban su adhesión – yo voy con el de la cachucha roja cual santo y seña- se mantuvo siembre firme, a veces encendido, sin sacar la chancleta, especialmente ante tres temas visibles, la alianza García- Acuña, la mala gestión del actual gobernador y creer en nuestras riquezas culturales.
Pero también caló el discurso en los jóvenes, un jingle pegajoso que aún resuena en la voz de Peter Manjarrez y una atinada asesoría que jamás se desesperó ni cayó en el populismo, ni cuando la amenaza sacaba la cabeza en las encuestas y un poderoso grupo económico local- de por si cuestionado en reuniones sociales- pelaba los dientes.

El discurso del joven experimentado, sin ser brillante, porque a veces arrancaba frio- si me entendieron lo que quiero decir- entre veces sonaba como el del sacerdote en el púlpito para convencer a sus feligreses de que hay que salir a votar porque se asoman varias ovejas negras que se quieren comer las gallinas. De veras que su discurso tenía un tono reverencial y sacerdotal que gustaba hasta a los niños y los niños siempre inducen al padre a tomar decisiones de compra.

No sólo mantuvo su discurso, sino que supo atravesar las diferentes etapas del proceso, hasta lograr el aval de su partido y lograr cohesionar las ideas con quienes estaban llamados a un Sucre diferente. Mantuvo la calma y no se desesperó, hasta dar en el blanco.

Por su parte, el discurso de Eduardo Pérez Santos, cazado con la palabra “importante” no caló, siendo su apoyo decisivo para no esperar un reconteo de votos que hubiese sido desesperante e innecesario. Sólo un locutor parcializado tenía esperanza en su derrota, cuando ya iban 67 mil votos de ventaja.

Creo que la otra campaña, que amenazaba con cierta arrogancia, hizo despertar a la gente, se equivocó en muchos puntos que quiero reservarme, empezando por el color racista del afiche.

Fue un triunfo contundente y aliviante y con ese mismo racero se espera al nuevo Gobierno.

El monito escuchó a la gente y desde el principio planteó la unidad, cuando un domingo en Buenavista, a instancias del periodista Silvio Cohen, empezó la campaña. Fue un discurso que desde el principio planteó la unidad no sólo para ganar, sino para abaratar el costo de las elecciones, que en el pasado obligaba a los candidatos al empeño y a la letra. Un discurso ético para gobernar sin amarres perversos. Sabía que a la votación natural de las sábanas había que trabajar a Sincelejo, por la fuerza del otro candidato y sabiendo que a las chalupas nocturnas de la Mojana, que en antaño volteaba elecciones, había que trabajarlas y aminorar su riesgo.

Y otra estrategia, no prestarle el oído al Gordo, que desconectado, se vuelve inofensivo.

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El gobernador electo debe seguir escuchando a la gente para legitimar su propuesta, pero también debe gobernar con la asesoría científica, esa que sabe dónde ponen las garzas. Un publicista te asesora en el color y en las formas, que, en esta civilización del espectáculo, donde el sonido y la imagen desplazan a la palabra, es más importante que el instinto popular.

El gobernador electo, habiendo escuchado a la gente, deberá tomar decisiones importantes y arriesgadas quizás para sacar al departamento del último lugar.
Lo primero, muy seguramente, según lo anunciado, será derribar las paredes de su despacho y poner vidrios transparentes para que retornadas las butacas que Edgar tiro a la basura- a propósito, dónde estarán- para que los ciudadanos, cómodamente sentados, esperen su turno y lo vean reinar.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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