Venta de Artesanias, San Jacinto, Bolivar, Colombia/ Sale of Crafts, San Jacinto, Bolivar, Colombia

!Me respetan o no me hablan!

ANNE, TEJEDORA DE SUEÑOS Y DE CUENTOS.

Comparto con mis lectores un fragmento de mi nuevo libro en edición «Me respetan o no me hablan».

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Por Alfonso Hamburger

El día que Anee aceptó ser mi novia me confesó que por su mente estaba pasando la terrible idea de suicidarse. Corrí a rogarle que aguantara esas intenciones locas, amor, porque que sólo la vida ofrece la oportunidad- quizás la única- de seguir soñando. Anee era entonces como una araña que teje y teje una red sin el manido propósito de activar una trampa a conciencia para atrapar a alguien y mientras tejía pensaba en la muerte y mientras pensaba en la muerte pensaba en su hijo: en la vida. Y allí paraba sin que yo le importara, le importaba su hijo. Su red, pienso, sin pensarlo, era como una trampa contra el hambre, un mecanismo de subsistencia. No era, entonces como la araña que vio Andrés Landero cuando moría la tarde en Los Montes de María. Después del sereno moja monte salió el arcoíris sobre el poniente y a través de la gota de agua de la lluvia que había quedado colgante en el centro del tejido el poeta vio aquella explosión de colores, cantó la gallineta, el juan polo y la pava congona, entonces nació la cumbia.
Habían transcurrido días tristes y largos en los que Anne se escondía a llorar y llorar sin tregua, hasta que ya no le quedaban lágrimas ni llanto. Sólo le quedaba un lamento quejoso de perro en acecho, tirada cual largo era el fogón. No le gustaba que su hijo la viera en esos estados depresivos. Cuando no tejía bordaba y cuando no bordaba tejía. Miguel, el comerciante de La Variante, le pagaba mil pesos por letra bordada y a veces le prestaba o le adelantaba por el trabajo, cuando el hambre la apremiaba. Ese día en que llegó a armar el lazo para ahorcarse, y hasta se lo midió en el cuello (le quedaba perfecto, pensó), Miguel, el corredor de La Variante, le había ordenado tejer una palabra de ocho letras- ocho mil pesos-, pensó que para recaudar un millón debía bordar un cuento de mil letras. La actividad artesanal es solitaria, quizás como la del escritor, y sin apoyo de nadie. Como la del escritor, “Dios, el papel y yo”. En el caso de ellas, el hilo, la paleta( aguja) y el telar y Dios. La artesana del pueblo sólo se entretiene con el tejido y con sus pensamientos. Con sus hijos. Y para alejar los malos pensamientos teje y teje, pero Anee no podía sacudirse de esa costra que la apretaba por dentro como el verano sacude los caminos reales y seca las lagunas. Tejía y pensaba, pensaba y tejía, pero mientras tejía allí estaba el hambre, perniciosa, obsesiva. Estaba sola, a sus anchas, con sus pensamientos eternos, con sus tejidos manuales. Cuando no era una mochila era una hamaca y cuando no era una hamaca era una letra. Bordar y tejer, tejer y bordar, mientras el hambre acosaba. Al menos Miguel el agiotista la distinguía entre los miles de artesanas que caminaban el pueblo arrastrando sus chancletas curtidas con sus hamacas abrazadas sin quien se las comprara. Lo de ella era seguro, porque trabajo terminado mochila paga: ¡plata en mano culo en tierra! Iguana que cae del árbol y corre para evadir los perros. Eran tiempos muy difíciles, en que la genta sabía cuando salía de sus casas, pero no cuando regresaba. La tierra muchas veces se tragaba sus hombres. El camino los hundía en sus fauces. Un día salían con la mochila al hombro y no regresaban. La tierra tenía sed de venganza. Fueron más de cinco mil los desaparecidos durante el conflicto armado. Anne parecía protegida de la muerte en su misión de araña, protegida por las cuatro paredes de su casa, de donde sólo salía a la tienda, a vender las mochilas y sólo la veían en algunas noches, cuando sus chancletas desaparecían bajo las llantas de un carro fantasma.
En aquellas soledades Anee se aguantaba de la horca voluntaria cuando se le aparecía la imagen risueña de su niño, aquellos doce años de carne y pensamientos, un bollito, rubio, inteligente, de quien se escondía para llorar sola. Lo tuvo de verraca, porque al viejo que le prestó el semen lo vio por primera vez solamente en el velorio de Mariela Pérez, la doctora que murió de repente. El viejo vino de Cartagena al velorio y lo vio y se vieron por primera y última vez, después nunca más. Había salido embarazada cuando trabajaba de aseadora en un Banco de Cartagena, y el viejo que la preñó la engatusó con sus promesas de un mejor vivir. Sólo fueron una o dos salidas furtivas, unos tragos de ron, y la vaciada. Llevaba cinco meses de preñez cuando el vejete propuso el aborto, pero ella de valiente lo tuvo. Y valió la pena, porque el niño creció rollizo, blanco, hermoso e inteligente, convirtiéndose desde su nacimiento en su razón de ser, en su mejor amigo y confidente. Ahora está en lo que antes llamaban cuarto de bachillerato y va muy bien. Por él se quitó la soga del cuello.
Anee me confiesa que su rutina es la misma de todos los días. No hace desayuno, ni para ella ni para el niño, porque éste se va para el colegio muy temprano y allá toma parte de los programas del gobierno. Aseada como una hormiga, sencilla, honrada, Anne se baña a totumadas totalmente desnuda en el patio, arregla las camas, asea la casa, se come algo ligero- que no pasa de un yogurt o un pan de tienda- y se pone a tejer. Gracias a Dios tiene ese trabajo, aunque mal pago, pero a la postre un trabajo, que más que plata, la distrae de los llamados de la muerte.

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II

El hijo de José  Manuel  está saliendo con una hija del Nene Sanabria, -¡más culiona!- esa que tiene el pelo ripiado como Mayo la de Piero. Esos pelaos de José Manuel han salido muy enamorados. Por aquí pasa el morenito con una novia que trae siempre que viene de Cartagena. Todos esos pelaos sobrinos tuyos salieron muy enamorados, como Ramón, como el mismo Piero. Un día que fui a saludar a Candelaria el más grandecito me quedó viendo y de repente me dijo que yo estaba muy bonita, me preguntó que si tenía novio o marido, le dije que no. Fue cuando José Manuel me dijo que esos pelaos eran muy enamorados, entonces yo le respondí “igual que tu”. José Manuel  se comía cinco viejas en un solo día, pero a mí me respeta, somos buenos amigos. Un día llamé a Candelaria, su mujer, para que ella me diera su número de celular, pero me dijo que no se lo sabía. Mentira, si se lo sabía. Se nota que es celosa, pero yo lo encontré en un almanaque del año pasado y lo llamé. Le pedí prestados cinco mil pesos. Me dijo que mandara a mi hijo y me los envió. A los dos días me pagaron una mochila y se lo devolví. Soy pobre, pero honrrada, soy jodida en eso. No soy jopo loco.
Esa misma tarde, seguía yo caminando por la calle con mi shorcito rojo y mi blusita atada a la altura del ombligo con un lazo moreno cuando me encontré con el profe Nestor, entonces me dijo:
– ¡Caramba, y ese Pocho si está comiendo bien!
Mientras escribo me imagino esas calles de mi pueblo y ella, Anne, que es delgada y bella, pues me dice que la cara saca el culo por ella, hace enloquecer a las mototaxistas.
– Y le dijiste que eres mía al profe, pues tú eres mía, le digo por el chat.
Y ella me responde:
– No, yo no soy tuya, soy de Dios.

III

Hoy, en este martes de febrero que me trae tan nostálgicos recuerdos, hemos hablado varias veces, por internet y por celular. Esta mañana empezó un nuevo tejido para el cachaco de la esquina, por eso no puede adelantar la hamaca de regalo que le encargué. El profe Nestor le fue a llevar la plata del hilo anoche y dialogaron de siete a diez. Hablaron de todo y me supongo que de mí también. Le digo que ojo con el cachaco de la tienda, que esa gente no amaga. Y ella me dice que esté tranquilo, porque el cliente es del pueblo, pero le dicen cachaco porque es blanco y medio torpe, nada más.
Al mediodía la llamé y me dijo que tenía dolor de cabeza y mareo. ¿De qué era eso?, le pregunté, y me respondió que le daba una vez al mes, pero con intervalos diferentes. Debía ser bajones en el azúcar. Le dije que se cuidara, porque era mía, solamente mía. Ni la muerte me la arrebataría.
– Bueno soy tuya y quiero verte pronto, pero también soy de Dios, me respondió quizás para calmarme.
Anne sabe todo lo que pasa en el pueblo. Conoce de las viejas que por el Facebook se las dan de ser amigas de gentes importantes, incluso de mí, y reenvían fotos mías. La parte viral han sido unos videos de unas niñas, hijas de riquitos de la plaza, que aparecen en YouTube, desnuditas y haciendo orgias con unos cachacos. Y con esas vainas tan peludas, desaseadas, dice. Y otra vieja, que le paga a los moto taxistas para que le hagan el amor. Y se las da de pupis.
Hoy Anne ha tenido plata para comer bien. De almuerzo cocinó arroz blanco bolado, con carne de res en bisté y jugo de tomate de árbol. ¡Que delicia! Y yo sin poder acompañarla. ¡Salud! Estoy que reviento la cabuya para verla. Me dice que sueña con un celular más inteligente que el que tiene. Usa datos y los maneja como si fuese una hamaca, a la perfección, paga 17 mil pesos mensuales. Y al niño le compró una Tablet por la que paga 50 mil pesos mensuales, en el recibo del gas.
Esta tarde, ya me estoy acostumbrando a ella, sé que cocinó arepas de maíz con queso y guarapo de panela. ¿Qué más delicia de vida?
Lo único malo de este día de amores es que mañana debe viajar a San Juan Nepomuceno a llevar al niño, que se cayó en el colegio y se luxó un brazo. El doctor Julián le recomendó darle pastillas contra el dolor, una a la cuatro de la tarde, una a las diez de la noche y la otra antes de irse para San Juan. Cada pastilla costó mil quinientos pesos. Esa fue la parte triste de este día luminoso en que he aprendido a quererla, porque su historia me ayuda a entenderme a mí y entender más a mi pueblo.
– ¿Se luxó el brazo jugando fútbol?, Le pregunto.
– No, él no juega fútbol, no quiero que se junte con esa chusma.

IV

Me encanta Anee por muchas cosas que tiene y que me da. Una de ellas es que con su voz dulce, con su mente chispeante, con su forma de convertir el chisme en poesía, me hace recordar a mis primas Teresita, Chary, Elsy, Vilma- las hijas de Tío Ramón- que también se han pasado la vida tejiendo. No había valorado tanto la labor de tejer hasta que un día me encontré en el Facebook con Anee. Lo primero fue el tímido “hola” exploratorio. Hola, le respondí. Después ella tomó la iniciativa, un poco lanzada. No sé en qué momento la acepté como amiga, porque mi Facebook está lleno desde hace algunos años y cuando alguien se aleja, es que puedo aceptar un nuevo amigo. Creo que ella entró en los últimos meses, de modo que, en este mes del mochuelo, limpio, me habló por primera vez. Exploré sus pocas fotos y me encontré con unos ojos llamativos, una sonrisa a flor de labios y una figura diminuta. Esos ojos expresivos eran los mismos que me habían saludado en diciembre, cuando estuve en el pueblo, o de pronto en las fiestas de agosto. Cuando volteé a verlos sentía que unas saetas penetraban en mi humanidad y sin disimular me saludó con interés, pero seguí atendiendo a otras personas y cuando salí a la calle ya no estaba. Ahora sé que vive sola con su hijo de doce años, al frente de Plutarco Ramírez, donde nos comimos el sancocho durante las corralejas. Era mi paisana y vecina, me confirmó por el Facebook. Vivía cerca de mis padres y cuando me confirmó su dirección, ya era como mi amiga de toda la vida.
– ¿Y tú me conoces? Le pregunté.
– Claro ¡Quien no te conoce, eres famoso, me respondió.
– ¿Cómo me viste?
– Lo he visto varias veces en el carrito blanco.

Yo había estado en el pueblo en enero y al pasar por su casa la saludé muy cordialmente. Claro, era la muchacha del short, que en la mañana barría el frente de su casa, silbando, alegre. Yo no soy engreído, soy sencillo, saludo a todos. Saludo hasta las piedras. Eso a ella le gustó.
– En Cambio, tu hermano menor es farto, me dijo.
Fue donde le hice el quite. El mejor de mis hermanos es Miguel, de pronto pasará distraído, pero es una magnifica persona. Es humanitario, solidario, practico. Generoso y atento.
Allí me cayó gorda, pero después seguimos coqueteando, mientras buscaba más argumentos. La historia de Anne, quien ya se había quitado la cabuya varias veces del cuello, podría ser la historia de todas las artesanas de mi pueblo, entonces no hice más que seguirle el juego, sin pensar que me iba a llevar otras sorpresas.TRACTOMULAS

VI

Quería rematar esta historia de una mejor manera, pero no. Meses después fui al pueblo y pasé a visitarla, verla, y que a me entregara la hamaca que estaba tejiendo para mí. Estaba muy ilusionado por dormir en una hamaca con mi nombre bordado tejida por sus manos mágicas.
Estuve tocando en la puerta de su casa, en su ventana. Miré por la rendija y vi que por la estufa se paseaban los lobos hambrientos y las lagartijas. No había signos de vida.
Un vecino me informó que no siguiera insistiendo, porque allí no vivía nadie, entonces me alertó. Yo también había caído en la trampa. Anee vivía de los incautos , ofreciéndoles  sus hamacas que nunca existieron.  Dicen que apenas oscurecía salía de aquella casa abandonada con un short bien provocativo y una blusita ombligo afuera, bien pintarrajeada y coqueta. Caminaba por la variante y se detenía exactamente en el policía acostado que estaba al frente de los Almacenes de Artesanías, en la parte más nutrida, y allí, aprovechando que los autos, especialmente las grandes mulas paraban su marcha para cruzar el obstáculo, entonces ofrecía sus encantos. Por unos pesos brindaba sus servicios orales que muchas veces la llevaba hasta el Carmen de Bolívar o San Juan y después de regreso hacia otro trayecto de sexo viajero, que los cansados conductores recibían con inmenso placer.
Una noche, mientras Piero encabezaba una hamaca la vio por última vez cuando detuvo a una mula y lo último que vieron los que la vieron, fueron sus chanclas levitar en el pavimento, cerca de las inmensas llantas, al ser recogida. Cuando la mula arrancó ya había desaparecido del mapa como un fantasma pardo. Se la tragó la tierra.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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