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El fugitivo de San Miguel (3)

LA ARROGANCIA CULTURAL.

POR: ALFONSO HAMBURGER Y MARIALI HAMBURGER

Miguel Villa Osorio.

Cuando el maestro William Molina vio al muchachito blanco y delgado que el profesor Miguel Villa Osorio llevó a su taller del barrio Kennedy de Sincelejo tomado de la mano para que le diera clases de acordeón,  el instructor le dijo que era imposible que aprendiera. Aquí en esta ciudad, los predestinados para el acordeón tenían que ser hijos o nietos de los juglares, porque aquello les llegaba por sangre.

–Si no es un Molina, un Torres o un Meza, no servirá, le advirtió Molina, con la mirada un poco perdida en un punto fijo.

Para la época ya el profesor Villa estaba tomando fama de loco. Usaba gafas oscuras para evitar los rayos del sol por una neuritis y no se quedaba quieto ante cualquier injusticia.  Vivía con Nasly Calle Monterrosa por ese sector del veinte de Julio, a quien había conocido en la universidad y el muchacho que llevaba de la mano era Janino, su primer hijo y no estaba dispuesto a que Molina, quien también había sido desahuciado en USA por una extraña enfermedad ( al  parecer por Epilepsia), se lo rechazara con tan absurdo argumento.

Villa era un tipo un poco arrogante, de casi dos metros de estatura y orgulloso de su ascendencia italiana. Su abuelo se había establecido en Ciénaga de Oro Cordoba, después de pelear en la segunda Guerra Mundial y era un tipo excéntrico, que tenia un caballo moro importado desde Europa, el que tenia un paseador que lo sacaba todos los medios días por las calles de Ciénaga. El caballo tenia dientes de oro y caminaba suelto, elegante, el paseador- de apellido Villeros- adelante y la bestia atrás o, al contrario, el domador atrás y el caballo adelante. Lo manejaba con silbidos. Una tía se había suicidado atormentada por los estragos de la guerra de  Mussolini.  Provenían de Turin.  Al viejo se le había antojado que Miguel debía ser médico y lo envió a la universidad Metropolitana de Curramba, donde perdió el tercer semestre por fallas en el inglés  y alcanzó a pensar que podía seguir, pero no pudo sostenerse, porque estalló el escándalo de los desechables que cazaban a trancazos  en las calles de Barranquilla para usarlos en los laboratorios. A su regreso a Ciénaga de Oro, derrotado, su padre lo desheredó y en la calle le hacían burlas, de modo que cuando llegó a Sincelejo, venia tocada psicológicamente. Quería corregir el mundo. Se enfrentaba a todas las situaciones, de frente.  Se hospedó donde un tío por parte de los Osorio, muy pobre, que se dedicaba a entrenar boxeadores sin rumbo. Se fue a pagar el servicio militar en Antioquia y estuvo en la Policía, pero alguien le recomendó que ese no era su mundo, que tenía preparación intelectual para otros oficios, que lo podían matar, porque eran los tiempos del Cartel de Medellin, cuando pagaban tres millones de pesos por la cabeza de un policía. Desertó y después vio que la mayoría de sus ex compañeros murieron, de modo que cuando William Molina le advirtió que su hijo no tenia sangre para tocar el acordeón,

Villa se puso furioso

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Miguel Villa Osorio.

Le explicó que el acordeón lo habían patentado en Viena, Austria, en 1829 y que todo ese territorio hacia parte del Imperio Romano y que por ende ellos eran padres del instrumento.

Hoy January- aquí me advierte que no ponga su nombre, porque la situación de exiliado y fugitivo le afecta- es un extraordinario acordeonista que recorre sur América y el mundo.

Esa manera un poco arrogante de exponer su cultura italiana, màs las gafas oscuras,  a veces sin rasurarse las barbas y la forma viril de enfrentar las situaciones, más el haberse amarrado para protestar cuando ganó el concurso de méritos y no lo querían nombrar de maestro, le fue creando animadversión en Sincelejo. Había cierta prepotencia cultural. Casó peleas con los indígenas y con un amplio sector del poder local, cuya característica era de choque, con ardientes disputas por los cargos, que se traducían en votos.

Ya han pasado seis años desde que el profesor Villa decidió defenderse en el exilio y quienes creía eran sus amigos y aliados políticos parecen haberlo olvidado. Algunos lo recuerdan como un loco. Su militancia en el Pacto Histórico, apoyando a Gustavo Petro desde que surgió en el panorama político, dice que le pudo haber perjudicado, porque su caso por posible acoso sexual estuvo archivado largo tiempo. En el 2011 había sido inhabilitado por la Procuraduría por once años para ocupar cargos públicos. Estaba quedando en el limbo y los problemas eran una bola de nieve.

Entre los casos mas osados, que lo fueron convirtiendo en un loco- según la percepción de la gente- fue el haberse brindado a proteger como guardaespaldas a un concejal del progresismo, amenazado de muerte. Iba a su casa a buscarlo para acompañarlo a sus diligencias cotidianas y le advertía que si aparecía un sicario él primero lo empujaba para que su amigo tuviera tiempo de escapar

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Miguel Villa Osorio.

También, un día, se le dio por tomar un megáfono y perifonear por las calles de Sincelejo, a pie, las ideas de Gustavo Petro, entonces le desempolvaron el proceso y lo condenaron, al parecer con testigos preparados desde la Institución Educativa San Miguel, de donde desaparecieron el libro de registros y no hicieron peritazgos del tiempo que se gasta en una moto desde la escuela hasta la clínica donde estaba internado por depresión.

Los magistrados que lo condenaron- hoy ya pensionados- dice el profesor Villa que además de ser del interior del país, eran seguidores de un partido de derecha.

Ya eran tiempos en que el profesor Villa veía fantasmas y enemigos por todas partes, entonces no tuvo más remedio que huir de sus propias locuras.

Con el tiempo en contra, con un glaucoma que avanza, con todos en contra- la única que lo apoyó en su idea de fuga en una noche oscura, fue su mujer- un día decidió vivir en la zozobra de un exilio voluntario, escondiéndose de la ley.

Se ha tenido que disfrazar de anciano, de mecánico con el vestido sucio y las manos embetunadas de aceite- parece que le fascina ese  estado irreverente de audacia y astucia, mientras ha estudiado inglés- que ya domina- Italiano, mecánica Diesel y otras técnicas, mientras espera que le revisen una de las doce tutelas que ha pedido para que le revisen su caso e implora a las organizaciones de derechos humanos.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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