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!Carlos Mario Parra, sólo traigo sueños!

Perfil en la línea del tiempo:
Dice Carlos Mario Parra (Sandalio):
SOLO TRAJE LOS SUEÑOS.

 

– Con 2.500 afiches, 70 pendones y radio bemba, este aspirante silencioso al Concejo de Sincelejo, sigue su lucha en 17 barrios subsidiados de la ciudad. Su campaña no tiene avisos en la prensa ni en la radio. Menos en la TV. Críticos dices que es el mismo caso de Luis E Diaz, de Bogotá, pero preparado y con sensibilidad del arte.

 

Por  Alfonso Hamburger

CARLOS MARIO

Carlos Mario Parra Monterrosa- Sandalio- se ríe con sus dientes intactos, esos que resultan por su blancura en su piel de ébano mezclada con indio zenú. Está a punto de soltar el llanto, por eso prefiere dar algunos saltos en la línea del tiempo, en especial cuando tocamos temas de la muerte, de la niñez y el hambre. En un instante se le pasa el “torugo” que le hace un nudo en la garganta, entonces se ríe, tal como es, un hombre alegre, pese a los golpes que le ha dado la vida. Y se ofrece amplio, transparente, sin esconder nada.
– Yo me parezco a mi papá, pero con la diferencia de que papá si era serio, dice y suelta la risa otra vez.
Parra Monterrosa, hijo de un negro con una indígena, fue hace cuatro años uno de los ciento y tantos aspirantes al Concejo de Sincelejo (156). Su único rédito fue entonces el trabajo que ha hecho y sigue haciendo en las comunidades marginadas como él. No tuvo vallas gigantes ni abundantes afiches, ni publicidad en prensa, radio y TV. Pese a no tener casa, ni camionetas polarizadas y vestidas, ni plata, ofrecieron 50 millones de pesos para que no le dieran el aval en el Partido Conservador, en el que siempre ha militado. Su padre, Lázaro María Parra Anaya, quien murió recogiendo un pelambre en el mar era godo, carpintero y pescador.
– ¿Si ofrecieron eso por atajar mi aval, cuanto ofrecerán por mi vida?
Carlos Mario aun tiembla de dolor, -no por las trabas de sus enemigos, sino cuando recuerda que su hermano mayor murió el mismo día que se vinieron de Tolú para Sincelejo en busca de mejores horizontes. Y aunque aún vive en casa alquilada, cree que la venida valió la pena. Después murieron su padre y su hijo menor, casos que se le clavaron en el corazón como puñales. Y para colmos hace poco murió su mamá, situación que lo llevó a perder varios quilos. Ahora parece llevado, pero no por el hambre, sino por el sentimiento.
Eran ocho hermanos. En Tolú padecían de todo. Pasaban hambre, Vivian desnudos. Abundaban en dolores. Su padre era carpintero. Hacia botes y esperaba, y la espera es dolor, pero la venida a Sincelejo les representó las primeras muertes. Solo traían los sueños y algunos chócoros. Se instalaron en un terreno de invasión en el barrio Divino Salvador. A las cinco de la mañana rompieron la niebla de la Sierra Flor y empezaron a parar una empalizada. Todo el día, padre e hijos mayores, se dedicaron a acarrear la palma para techar la vara en tierra y por la tarde, ya en la puesta del sol, su hermano de 16 años se tiró en una laguna y no salió más. La palma es caliente y al lanzarse sin un previo reposo, la sangre se la carbonizó. Aquello fue una tragedia inmensa. Tuvieron que poner un aviso en la radio para pedir ayuda para un sepelio digno. Su padre cambiaba lozas finas por yuca y salado; y aquella vez estaba por los lados de Corozal. Tuvieron que regresar a Tolú, pero su padre no fue el mismo. Un día venia de recoger un “palandre” en el mar cuando le atacó un dolor en el pecho. Llamó a su hijo menor para que le ayudara con los anzuelos, pero no alcanzó la orilla. Murió de nostalgia en el propio mar donde había nacido. El ataque solo fue el final, porque no alcanzó a recuperarse de la muerte del hijo, entonces si se vinieron del todo para Sincelejo. Solo sobrevivió dos años a la muerte del primogénito.

II

De la Casa de Israel para dentro, en los tugurios del Norte de Sincelejo, hay 17 barrios subsidiados por el Gobierno. La mayoría son desplazados de toda índole. La mitad de Sincelejo- 150.000 habitantes, son desplazados- . Allí se vive del rebusque y a la brava. Las pandillas, la delincuencia común, la prostitución infantil y el desempleo son el pan de cada día. En este ambiente que muchos en Sincelejo desconocen- porque no salen de Venecia o del centro- Carlos Mario Parra se mueve como pez en el agua. Es en estos barrios donde pegó los 2.500 afiches que le regalaron. Lo hizo en las casas, porque no le gusta contaminar la ciudad pegándolos en los postes, donde se vive la guerra de los candidatos. Unos van pegando sus afiches y atrás vienen los que los arrancan para poner los suyos. Arriba, en lo más alto, donde se salvan de los vándalos, no cumplen su oficio de propaganda. De la Avenida San Carlos, que divide Sincelejo entre el centro y los barrios pobres del Norte, para acá no hay un solo afiche de Sandalio, como le dicen desde niño. Su campaña se concentró en esos 17 barrios. Además, no tiene fuerzas para competir publicitariamente con candidatos que invierten hasta mil millones de pesos. La campaña de Parra no superó los 15 millones de pesos, producto de algunos ahorros y de amigos que le aportaron. En Tolú, que es su tierra natal, le hizo unas reuniones de solo primas y familiares a una aspirante a la Asamblea Departamental. La candidata le reconoció los 250 mil pesos que se gastó. Nada más.
– Esto está duro, dice y se ríe.

III

Huérfano de padre desde los siete años, Sandalio, se enfrentó a la Sincelejo de los años ochenta, que recogía la tragedia de las corralejas. Estudió en varios colegios, como El Simón Araujo y el Ceija, Centro Integral de Jóvenes y Adultos. Solo tenía sueños y buscaba una mejor forma de vivir. Magdalena Monterrosa Álvarez, su madre, de 82 años, quien habitaba aquella casa en cuya construcción murió su hermano Ever Gregorio, lavababa ropa ajena y hacía de todo para levantarlos. Entró en las antiguas EMP, hasta que llegó un alcalde que la echó enferma y sin prestaciones sociales. Murió hace poco.
En realidad Sandalio no sabía lo que quería, hasta que se fue a Medellín, donde se matriculó en La escuela Popular de Artes, donde conoció grandes maestros. Su filón fue la danza folclórica, que hoy muere en Sucre. Le gustaba saber de la vida. El estuco y el grani plás, que había aprendido en Sincelejo con la familia Matute, le ayudaron a paliar el hambre, hasta que regresó a finales de los años 90 a su Sincelejo adoptivo.
Aquí pronto se dio con la realidad en las narices. Aquí aprendió frases que utiliza siempre: “La gallina pone huevos y el marrano chicharrones”. Aquí no le preguntan a la gente dónde o qué estudió sino “por quién votó”. Quien no haga política es excluido.
El haber entrado desde los 4 años a la Fundación Hijos de la Sierra Flor, lo preparó para la danza, con Verena Oviedo y José Tapia, quienes le dieron un amplio conocimiento de este arte. Entra a la Asociación de Danzantes de Sucre. Un alcalde lo contrata para dictar clases en la Normal Superior, donde dura un año, pero el Alcalde solo le paga tres meses. La cultura y el deporte, han sido sus trincheras para moverse en una ciudad donde un voto cuesta un potosí.

IV

En donde estaban los invasores de la urbanización Doña Juana, hoy solo queda el monte. Las 326 familias que invadieron seis hectáreas del Municipio en el 2011, fueron desalojadas, porque hubo un error de cálculos. Fueron varios meses en los que Sandalio lideró el movimiento en busca de un techo digno para los pobres. Al final 110 recibieron subsidios de vivienda sorteados. Dice que no lo hizo por política sino para ayudar a sus congéneres. Entre los desalojaos figura Rosalba Argumedo, que trabaja en una casa de familia como doméstica y aun no tiene vivienda. Aquel potencial electoral que hizo sin pensarlo, lo endosó a un aspirante al Concejo, pero sus votos no aparecieron nunca. Se perdió el trabajo.

Por eso, en el afán de medirse, tomó la decisión de aparecer en el tarjetón para las elecciones del domingo, hace cuatro años. Su condición de negro marginado, lo acercó al polémico Yahir Acuña, quien en la primera reunión lo miró a los ojos y le dijo: “Créete, que es en serio”. El líder se entusiasmó cuando Sandalio le mostró las listas de registros con 500 hojas de 25 votantes censados cada una. Es un trabajo que ha venido haciendo como hormiga. Es duro, pero no imposible, porque cree que el votante es quien decide.
-Cuando yo inicié en la política ni planillas tenia, le dijo Yahir Acuña.
Otra de las frases de su vida, es que en política no se puede pelear con nadie, que eso es como pelear por la pelea de pelados chiquitos.
– Hoy pelean y hacen pelear a sus padres y ya mañana se les olvida y se ven jugando juntos.
Aunque reza ese dicho popular, por un tiempo estuvo buscando a un político que se metió con su hermana Sofía, de 32 años, en situación de invalidez, con parálisis cerebral, desde los seis años.
– Quien se meta con ella se mete conmigo, advierte.
Aquel político expresó:
– ¡Sandalio no debe lanzarse al Concejo, porque solo tiene el voto de él y el de su hermana invalida!
Sandalio dice que no es revanchista, pero hoy trabaja las 24 horas de todos los días, para callarle la boca.
Sandalio anda a pie, con 36 amigos que le siguen, quizá emulando al concejal Luis Eduardo Díaz de Bogotá, que el hecho de no tener para la foto lo elevó a una curul, pero con la diferencia de que Parra Monterrosa sí está preparado para cogobernar.
Sabe que se equivocan quienes solo usan el dinero para elegirse, porque un Concejo se puede ganar sirviéndole a la gente, la cual tiene la última palabra.
Para las elecciones del domingo 25 Carlos Mario, quien figura con el número 4 del Partido Conservador, asegura que va a ver sorpresas, que la plata no será decisiva, porque la gente está asqueada de todo el nefasto pasado. Aseguran que el Concejo de Sincelejo, será renovado casi en un ciento por ciento.

Nota. Como pueden saber, Carlos Mario Parra no salió al concejo, su madre murió y el sufrimiento le hizo perder la mitad de su peso. Antes era un peso pesado, hoy es peso pluma, pero campeón de la narrativa, como finalista en un concurso de Televisión, donde es el fie representante de Sucre.

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Alfonso Hamburger

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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