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!Asi fue la entradilla a Macondo!

 

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Imponente, la iglesia de Majagual ( foto Alfonso Hamburger)

Viaje a la ruta de Macondo (I)
La plumilla de Macondo, no se detiene.

 

Por Alfonso Hamburger

La primera señal de que íbamos a adentrarnos en un mundo diferente, aquel que aprieta al forastero, que le hace zumbar los oídos- lo cautiva o lo enferma- se dio en Sincelejo, cuando apenas llevábamos doscientos metros en un taxi puerta a puerta. Llovía a raudales en la capital sucreña. Caía el primer aguacero grande del año y los rostros eran alegres, al lado de los rimeros de patilla. Eran un poco más de las dos de la tarde del jueves 21 de marzo, previo a la primavera. Los cuatro compañeros de la Unión de Escritores (Jorge, William, Inaldo y Ricardo) coparon el cupo completo del auto que estaba de partida. Y a mí me tocó compartir el viaje con dos mujeres veteranas que me miraban sin disimulo – madre e hija, que habían visitado al médico, atrás- y adelante, al volante un joven alegre y desabrochado, a su lado una bella joven de nalgas perfectas y ojos almendrados. Es su hermana, estudiante de psicología. No solo es hermosa, sino que es mandona.

Aquella señal se dio porque no salimos directo a Majagual, coma pensaba. Llovía, pero había más tiempo en el cielo. Sería una tarde de pajaritos. Sin ningún remordimiento, el conductor nos llevó a otro lugar, donde recogió a la joven mujer, a quien esperamos diez minutos en medio de la lluvia y el calor pegajoso que despertaba la humedad del pavimento usado. Después, ni corto ni perezoso, como quien lleva tres gajos de plátanos, el conductor entró a una gasolinera a surtir el tanque del coche. Protesté. Lo hice en broma y en serio. Esta es la cultura Torcoroma. ¿A quién se le ocurre molestar de esta manera a los clientes, incomodándolos en una estación de servicio, lo que resulta peligroso e ilegal? El joven conductor, en vez de bravuconear, lanzó su mejor sonrisa. La bella joven me torció sus ojos almendrados.
– Es que este auto vino hace poco de Majagual y a mi hermano ni le dio tiempo de comer, aclaró la bella dama, a quien no  se le alcanzaba a ver su rostro, porque iba detrás de su asiento, parte derecha.
– Es que debió hacerlo antes de recoger los pasajeros. Es la vieja cultura Torcoroma, protesté.

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Hasta los buses detuvieron su azaroso viaje a Sucre ( Foto Hamburger).

Germán Guerrero, actual concejal de Majagual, dueño del taxi- modelo 2018- lo que le permite tomar las curvas a 140 kilómetros por hora, se puso al volante y nos fuimos a Majagual. Antes de salir de Sincelejo nos entretuvo hasta Sampués con un noticiero popular y después nos encendió a vallenatos de Farid Ortiz sin ninguna clase de piedad.
Me cerré a mi celular para obviar el monólogo, porque la mujer que iba a mi lado, la más vieja, en el centro, estaba enferma y era casi muda. Venia de consultar al médico. Unos vahídos la llevaban loca. Para caminar tenía que apoyarse en otra persona. Su hija, en cambio, de 43 años, separada y madre de dos hijos ya mayores, me miraba por encima de su madre, desde el extremo. Percatándome de su mirada insistente, me reacomodé mi sombrero. Suspiré un poco.

El viaje fue liso y delicioso. Pronto llegamos a San Marcos, que tiene supermercados  Ara y Olímpica. Son los pocos signos del capitalismo que arrasa pueblos. El haber avanzado tan rápido merecía un reposada. Los de atrás no vendrían muy lejos si se apuraban. Germán, quien conducía con cierta holgura, invitó. En una panadería comimos pan con café caliente.
Al volver al auto, la mujer más joven hizo lo posible para quedar a mi lado, entonces sí que pudo contar sus historias. Ahora era la más vieja la que me miraba por encima de la hija. Se quedaron en San Roque, al lado del caño La Ventura. Ya éramos amigos. Los Mojaneros son solidarios y fáciles para entrar en dialogo.

El conductor, dueño del auto, resultó ser un concejal de Majagual en oposición al Gobierno, a quien le resulta más práctico conducir un taxi diariamente que entrar a una sesión del cabildo. Por lo menos se pone un sueldo de seis millones de pesos, mientras va conquistando corazones. Caza corazones y votos. De seguro será reelegido, porque su manera de conducir y de saludar, le da muchas simpatías, aunque no se abroche el cinturón de seguridad.
El primer contacto con La Mojana profunda lo habíamos vivido poco antes, cuando llegamos a La Sierpita y hallamos un rebullicio de gente en la carretera, perfectamente asfaltada. Estaban terminando de construir las corralejas, que era para todos ellos un acontecimiento. Un detonante festivo. Había toros desde el viernes. Las casetas y las llaneras, esperaban dispuestas con sus sillas y mesas, mientras la policía hacia controles.
Así como se surtió de combustible con los pasajeros adentro, Guerrero jamás se puso el cinturón de seguridad ni pidió a sus pasajeros que se los hincaran, conduciendo a 140 kilómetros por hora como si nada, con un corazón de acero.
El auto y los pasajeros también nos detuvimos a ver el espectáculo de la corraleja aun sin comenzar. Germán saludó de mano a uno de los policías, como si tuvieran mucha confianza.
Enseguida arrancó hacia Majagual. Le pregunté que si los policías no ponían problemas por no llevar el cinturón de seguridad abrochado. Me respondió, con la mejor sonrisa:

– Yo soy el patrón de ellos!
Comprendí que estábamos entrando en otro mundo, el de la informalidad, ahora lleno de patillas.

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Desde el cementerio de Sucre- Sucre, la tarde se va en lontananza.
 La otra orilla de Macondo (II)
¡La plumilla no se detiene!

 

Sucre- siempre hay que repetir el nombre, para ratificar su apellido, Sucre- se quedó estancado en el siglo XIX. De allá llegaban las chalupas que volteaban las elecciones en tenebrosas madrugadas, las historias mágicas y las grandes crecientes que dejaban el gramalote apiñado en los caños cenagosos que se meten todavía por los patios comunes, regados por el camino de las aguas. Allí quedaron intactas las supersticiones y los salones donde cantaban los alcaravanes. También los balcones volados a la calle por donde vieron correr la noticia del hombre que iban a matar, el último en enterarse de su suerte, y los callejones donde lo acorralaron y le sacaron las vísceras con cuchillos capa burros y el muelle donde esperaban al obispo que jamás llegó.

Los 56 kilómetros de vía pavimentada que hacen falta para enlazar a Macondo con la carretera que conecta a Sucre con el resto del mundo, parecen ser el signo abismal que separa al viejo del nuevo milenio. Las mujeres te miran de frente con sus ojos hechiceros. El cementerio, donde yacen los huesos de las historias de Gabo, con todos sus personajes, con mausoleos según el estatus del muerto, parece naufragar en medio de la basura, la violación de tumbas y el abandono, como si las reiterados crecientes que se meten por los patios todos los inviernos, los hubiese ahogado para siempre.

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Isidro Alvarez Jaraba, muestra a Inaldo Chavez, una de las tumbas reinas de Sucre.

Isidro Álvarez, un profesor de ojos aguzadores, que viste como un palabrero paisa, con su pelo largo recogido en un moño, a fuerza de narrar aquellas historias paradójicas, se ha convertido en otro personaje, tan digno como los que yacen en el cementerio, donde los muertos parecen haberse convidado para seguir siendo vecinos. La tumba de Cayetano Gentile Chimento ( Marzo 2 de 1927- enero 22 de 1951, recuerdo de su madre y hermanos)quedó para siempre- salvo que una creciente diga otra cosa- al frente del mausoleo de la Mamá Grande, Itala Munive Guerrero. Y así, sucesivamente, cada cosa parece hacer parte de un engranaje, que Isidro ha ido hilvanando, cuento a cuento, con tanta emoción, que cada vez que guía a los turistas que llegan, sus palabras parecen atropelladas, a través de un micrófono a manos libres, cuyo amplificador lleva amarrado a su cintura, como si se tratase de un canguro para meter monedas. Da la sensación, que Isidro quiere atrapar sus conocimientos- es Celoso- para sus libros sobre el país de las aguas, porque solo da pinceladas pequeñas, que, en la maratón del recorrido, dejan al cronista picado, con la boca echa agua.

       Algunos personajes, como la mujer que se viste especialmente para ir a la misa de la tarde y atraviesa el parque con tremenda pasión, sin dejar que le hagan una foto a su pañoleta de viuda, se quedaron allí enredados en los vientos frescos de los caños que se meten por los patios, donde quedaron varadas las canosas del agua que se fue, en medio de los rimeros de patilla y el mercado abigarrado del centro.

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Félix Navarro, heredero del Club Sucre, empuja la plumilla, también llamada juego de Macondo.

Félix Navarro, uno de los nueve hijos del dueño del Club Sucre, hoy está consciente de que una mina de oro yace bajo sus pies, por eso se ha convertido en un verdadero guardián del patrimonio. Su cabeza cana, a sus 52 años, y la manera como atiende a los turistas, mientras reparte “las frías” o pide un “Fuera de manos”, cuando la plumilla del Macondo empieza a buscar su número que espera es un personaje más de “En este pueblo no hay ladrones”, cuento al que Gabito no le varió casi nada de lo que sucedió en la realidad. Su padre murió sin saber que el escritor lo había dejado vivo para siempre, atendiendo el billar que va de generación en generación.  Los personajes son los mismos y ellos se ríen del letrero en la puerta, sabiendo que si existe un pueblo de Colombia donde si hay ladrones, en este mismo.  Aquí se roban hasta un hueco en la calle.

Lo cierto es que en este pueblo si hay ladrones, porque la corrupción ha sido el principal factor de atraso de esta zona, que se quedó enganchada en el tiempo, mientras la gente con suspicacia mira la camioneta de última gama, parqueada en la calle a la intemperie, al frente de la casa de una ex funcionaria, repleta de flores amarillas que le han caído por lo menos en la última semana y tapizan su capó.

Es tanto el estatismo del tiempo inamovible, que algunos que llegan por primera vez siente que alguien los mira desde un sitio estratégico del pasado, algo los sacude por dentro- los aprieta-, le zumban los oídos y saben que aquella tierra tiene algo más allá de lo natural.

Es el verdadero Macondo, ubicado en otra orilla.

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Lectura de poesía para sensibilizar, en Sucre.

 

 III

 

El colegio de Travesía, Sucre, en el Ranking de 10 Los mejores del país:

TIERRA DE LEONES ROJOS, DISPUTADA POR LA GUERRA.

 

Mientras los muertos empezaban a serenarse en los relatos de García Márquez, anunciando el vitalísimo reino de Melquiades y Prudencia Aguilar, él  por el contrario era salpicado muy de cerca por las esquirlas de la muerte, pues el asesinato de Cayetano Gentile Chimento, ocurrida en Sucre en la madrugada del 22 de enero de 1951, fue tal vez el  momento más grave de su juventud.

Así Dasso Saldivar introduce la relación de Gabo con Sucre, el pueblo mítico de crónica de una muerta anunciada y otras novelas, donde uno de sus colegios, en  el corregimiento de Travesía, acaba  de ubicarse por primera vez en la historia del departamento, en el ranking de los mejores del país. Incluso, de primero en todo el Caribe. Por allí cerca, el joven García Márquez, “echado en una hamaca colgada de dos palos de mango, a orilla del rio Mojana empezó no solo a leer sino a desmontar cada relato y cada novela”. Había recibido una caja de libros que le enviaron desde Barranquilla, para que matara el tedio y el bochorno de la espera. Los libros digitales de la posmodernidad que lucha contra el atraso de un pueblo encallado en siglos viejos, ahora llegaron hasta Travesía, un lugar tan lejano, que ni la radio atraviesa esos caminos. Allá mucha gente habla como si fuese del interior del país, con una sinuosidad y voz aflautada.  Es tan distante que, para tomar la señal del celular, hay que apostarse en un puente de madera que sirve de antena. El puente atraviesa la inhóspita manigua y sigue de largo, por la orilla del pueblo.

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Casa de los Garcia Marquez en Sucre- Sucre.

Algún día la historia tenía que cambiar. A esta tierra, donde Gabo se despuntó en el amor y donde  fue a recuperarse de una pulmonía que había agarrado en los gélidos amaneceres de Cartagena,- llegó a finales de Marzo de 1949- nadie quería ir. A los policías que cometían fallas en el servicio, los castigaban echándolos para allá. Ningún profesor quería irse para esa región, que muchos calificaban “por allá”, porque la luz se iba y siempre llovía a cantaros. Algunos se declaraban amenazados de muerte para pedir traslados. Se anegaban, no había carreteables y las noches eran para matar mosquitos. Los niños aprendían primero a nadar que a caminar o a leer. Por años La Mojana fue vista como la canoa en la que llegaban los votos corruptos con los que se volteaban las elecciones a última hora. Los datos electorales de Sucre llegaban de último. Las grandes y cíclicas crecientes, con las que aplicaron torniquetes fantasmas con los que salieron a relucir edificaciones suntuosas en otras partes, siempre se llevaban los arboles de los proyectos. Más de 400 estudios y un estudio de todos los estudios que al fin parece está dando resultados, se convirtieron en el cuento del gayo capón, que se repite y se repite, pero que jamás termina de contarse. Los relatos de Gabo se seguirían repitiendo hasta en las elecciones  octubre, donde la lotería de los resultados empató a dos candidatos con 6.768 votos. ¡Inaudito. Increíble!. La corrupción, las enfermedades renales por consumo de pescado contaminado con mercurio, eran el pan de cada día. La Mojana , históricamente había sido la zona que incrementaba el promedio de analfabetismo en Sucre. Alguna vez llegó a alcanzar 46%. La zona, de 500 mil hectáreas derramadas en cuatro departamentos y que se hunde varios milímetros cada año sólo era visitada por los políticos en período electoral. La enamoraban y le prometían matrimonio, pero la dejaban plantada. Bajaban helicópteros una semana antes del debate con el botín para voltear hasta al Titanic , si se atravesaba en el camino de los corruptos. La Mojana- dicen los cronistas- encareció los votos.

Tres meses antes de la fiesta patronal del pueblo, a casa del gamonal de moda en Sincelejo, llegaban los directivos de la rumba a visitarlo. No le pedían para reparar un puente en abandono, ni para el tanque del acueducto seco, ni sillas para la escuelita.  Ellos iban por la banda de música y por el licor. El gamonal, a sabiendas de esta tradición, solo tenía que sacar las 20 cajas de licor que almacenaba en su casa y con una llamada arreglaba la banda de músicos. La comisión de “procuradores” se iba feliz, porque aseguraba cuatro días de parranda por cuenta del jefe. Y el jefe, con un pueblo analfabeta, se quedaba feliz, porque garantizaba su permanencia en el poder.  Ese fue, y sigue siendo en muchos casos, la estrategia política por más de 40 años. Sucre se desprendió de Bolívar en 1968, para algunos tratadistas, un cambio para no cambiar. Se pasó del encomendero español  al cacique con ganado, tabaco, ron y chequera. Y cuando la estrategia parecía desgastada, trataron de refundar la patria en Santa Fe de Ralito, con otros aliados  ¡Llegaron los paramilitares!

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Atardecer en Sucre- Sucre.

Pero su gente, gente buena y cálida, dicharachera y de una relatoría oral impresionante, acostumbrada a “los entierros bonitos” jamás había perdido la esperanza de que algo pudiera pasar. Al buen trato con el forastero, el Mojanero encimó el buen comer, el buen beber y la fiesta. Las subiendas de arroz y de pescado, habían sido cíclicas, como la misma Boca del Cura que anegó para siempre sus territorios, después de una peste que los estaba acabando. Las campanas de las iglesias no dejaban de tocar a arrebato, porque los muertos iban en hilera. Los entierros bonitos, con ron y música perdieron su gusto. Gabo no lo dijo todo. Los cuentos de velorio siguen intactos. Y el cura español José de Gabaldá, que abrió la boca en 1936, quedó inmortalizado en uno de los salones de un colegio de Majagual, el pueblo iintermedio que se abraza entre los tres, con Guaranda, a la derecha. Por ahí era la cosa. En una zona que no parece distinguir Municipios, pues la media es pareja y los problemas son comunes. El mismo analfabetismo de Majagual era el de Guaranda y Sucre, tres entes abrazados por las aguas desmadradas.

Esa gente, unos 500 mil colombianos, que siempre le apostó al desarrollo vertical, inconsulto, desprestigiado manejo de los caños, de los mercaditos para paliar cada crisis, a familias bajo el sol,  impuesto de arriba hacia abajo, no pensaba que la cosa estaba en la educación. Fue cuando llegó un alcalde popular, de mochila al hombro, que computador en mano, empezó a administrar bajo los árboles, donde se lo cogiera la necesidad,  simulando las lecturas interminables de Gabo, echado en una hamaca. Francisco Gómez Osorio- hoy exiliado en Bogotá- contagió a todos.  Así lo atestigua Juan Sajona, un periodista a la fuerza. Pacho, como le dicen,  primero tuvo que sobrevivir a la vieja clase política de Sucre (comandada por el gamonal que antes les suministraba ron y música), que lo persiguió y hasta fue sindicado de guerrillero, para meterlo a la  cárcel .  En sus dos alcaldías populares, no sin los tropiezos de quien se atreve a ser diferente y a arriesgarse, Gómez Osorio con colegas de Sucre y Guaranda- algunos dicen que tiene talla de ministro- le dieron prioridad a la educación. El liderazgo de Gómez, desde Majagual empezó a contagiar toda la zona. Los primeros logros se dieron en 2009, cuando la Institución Educativa, Nuestra Señora de las Mercedes, ocupara el primer puesto por su impulso a la innovación y a la tecnología, pero esa vez no hubo euforia, porque la propia rectora advirtió que el resultado fue un producto del azar. Simplemente habían tenido un rato de suerte.

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En estos callejones estrechos dicen que pena el alma de Santiago Nassar.

A la par se destaca el trabajo de investigación que adelanta, en el caso de los personajes de Gabo, el profesor Isidro Gil Álvarez Jaraba y otras hormiguitas que trabajan con las uñas. Los alcaldes de Sucre que impulsaron la educación sembraron en tierra fértil. Al Sucreño cuando se le dan los espacios, es capaz de superarse a sí mismo. Ya en el pasado, quienes llegaron a la Universidad, lograron ser excelentes profesionales, como el caso de los Cabrera Castilla, Miguel y Justo, abogado y médico, respectivamente. Ambos excelentes músicos populares, de acordeón, guitarra y tambó.  Aun con el logro, Travesía sigue siendo una comunidad distante, ubicada más cerca de Majagual que de Sucre, ya casi en Achí, Bolívar, que fue noticia hace un mes, cuando un soldado borracho mató a tres personas.

En verano, como este que transita largo y severo, el rio Mojana con los árboles de mango donde Gabo se echaba a leer se convierte en una  playa y para llegar allá se gastan dos horas desde Sucre, en moto. Son ríos de polvo los que hay que atravesar. Y Para llegar a Sucre, son dos horas en auto a Magangue y por lo menos tres horas por agua a la tierra de La Marquesita

 

Antes que el colegio Francisco José de Caldas, del corregimiento de Travesía, que se ubicó en el puesto 10 con 8,65 puntos, siendo la única Institución de Educación oficial costeña en ese privilegiado lugar, apenas el mes pasado, la Mojana fue noticia, cuando se cayó el puente provisional a la altura de San Marcos, dejando la zona incomunicada. En otro hecho de negligencia, el viejo puente colapsó, mientras las cabeceras del nuevo ya aprecian como recibidas en los anaqueles oficiales y en los titulares de prensa. Menos mal que el nuevo Gobernador, dicen que un hombre de carácter, se botó hasta el lugar y lograron abrir caminos.

No obstante, esta noticia del colegio de Travesía, que muy seguramente no aliviará del todo los males del verdadero Macondo, La Mojana sigue siendo una zona lejana, con más de 500 mil hectáreas por explotar, donde los Zenues manejaron con inteligencia sus aguas, pero que sigue teniendo los mayores índices de atraso en el departamento de Sucre.  Con razón José Mujica, presidente del Uruguay, dijo: “La salida es educación, educación, educación”. Y pensar que Sucre tiene territorio en el 75 por ciento de ese potencial.

Y muy seguramente esos niños de Travesía, que como Gabo se echaron a leer en un computador, serán en el futuro quienes tomen la decisión más trascendental de La Mojana: que el territorio sea explotado aun amenazando el ecosistema, o dejarlo impoluto para convertirlo en un pulmón del mundo, donde los turistas cansados de cemento, vayan a relajarse con la naturaleza.

LA TIERRA DEL OLVIDO.

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Sincelejo, Capital de Sucre, edificio de La Sabanera.

Para ir de Sincelejo, capital de Sucre, a Travesía, donde queda el colegio Francisco José de Caldas, que se alza entre los diez mejores del país según las pruebas Saber en primaria oficial, un campesino se puede fumar por lo menos siete tabacos. Con el humo espantaría las plagas y con la mascada la ansiedad que genera la anchura casi sin orillas del rio Magdalena después de Magangué y posteriormente someterse al bamboleo de una moto, desde el pueblo de Sucre , para llegar al sur del Departamento, cerca de a Achi, Bolívar, donde a principios de año  un soldado borracho mató a tres personas antes de morir linchado.

Salvo hechos judiciales espeluznantes, de corrupción o el desbordamiento de las aguas, estas tierras poco aparecen en la prensa nacional. Para llegar a algunos pueblos del Sur, hay que atravesar varios dialectos y meterse por aguas y caminos de otros departamentos.

Esas eran las noticias de ayer, en medio de las dificultades de una tierra ubérrima y avasallante, hundida entre ríos y ciénagas. La primera dificultad es llegar. La segunda es resistir la presión que la misma humedad ejerce sobre el forastero, pero si se adapta no querrá salir de aquella trampa del tiempo. Aquí se vive, para algunas cosas, en el siglo XIX.

Los tabacos se traducen en horas. Serian 14 en ir y venir. Pese al olvido, en invierno sobre aguas desmadradas o verano entre nubes de polvo, esta es una zona mágica, donde todavía habita el león rojo- un felino hermoso y feroz- utilizada muchas veces como corredor de los grupos al margen de la Ley.  Allí se asentaron por muchos años guerrilleros del ELN y Las FARC, lo que propició grandes masacres entre 1997 y 2004, con la irrupción de los paramilitares, quienes llagaron disparando. En medio de un paisaje avasallante y exótico como ninguno, con dificultades de toda índole, los niños de Travesía acaban de elevar la autoestima de los Mojaneros, una región hundida en una depresión eterna y acechada por las siete plagas de Egipto. Léase, la politiquería, la corrupción y el olvido, amén de las crecientes cíclicas, en antaño añoradas por los estudiantes para no ir al colegio.

Para no fumarnos esos tabacos y aprovechando la posición visionaria de la obra de Gabo- quien colgó su hamaca entre dos palos de mango en estos mismos caños Mojana y del  Panceguita a finales de marzo  de 1949- en el sentido de que los extraterrestres nos miraban como gallinas desde siempre y que un día la tecnología nos permitiría transportarnos en el tiempo en forma astral, indagamos por teléfono e Internet. Los dos teléfonos de la Secretaria de Educación de Sucre  sonaron como si estuvieran cortados. Aquí no hay plata ni para la gasolina, dijo una voz. Entonces nos fuimos por la Web. El Gobernador redujo el gasto en gasolina en un 40 por ciento y de 124 celulares, solo dejó 24.

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El juego de cartas, entretencion en Sucre- Sucre.

Para llegar a Travesía, donde hace un mes mataron un león rojo, primero viajamos a Paris, donde hallamos el web site denominado www.36colegios.co  una página web cuyo propósito es compilar los datos de los colegios en Colombia a través de un directorio. Está  editado por la empresa Selectra SARL, inscrita en el Registro Mercantil de París bajo la matrícula 499807147 y domiciliada en la siguiente dirección: 64 rue Michel Ange, 75016 París. El responsable de la publicación es Aurian de Maupeou, que puede ser contactado al siguiente e-mail: info@36colegios.co. El servidor de la página web es OVH, situado en la siguiente dirección: 140 quai du Sartel en Roubaix (Francia).

¡Si está buscando un colegio para sus hijos o simplemente quiere hacer una consulta telefónica, ha encontrado la página indicada! Dice un aviso.

Aunque la página contiene los nombres de 42 colegios de Sucre- Sucre con sus teléfonos, resaltan varios errores. Los teléfonos del colegio laureado fueron contestados en Manizales y el colegio Pedagógico de Venecia, que figura en aquella lista, queda Sincelejo.

A falta de tiempo, las bibliotecas cantan: la obra de Gabo, inspirada en estas tierras mágicas y la novela inédita “Los Anchamales , el síndrome de la Mojana”, me permitieron viajar a Travesía, donde la gente ha cruzado a nado los caños en el lomo de los caimanes, mientras el profesor Isidro Álvarez Jaraba, historiador del país de las aguas, casualmente estaba en Sincelejo, e hizo sus aportes. El colegio es dirigido por  Jubal Samirr Bitar Taborda.  El Francisco José de Caldas, atiende los niños del casco urbano, un pueblo grande, a la orilla del Panceguita. Tiene dos sub sedes en veredas marcadas de rojo en el pasado, San Rafael y el Socorro. Muchos de los estudiantes van al colegio a pie, en burro o en canoas, cuando es invierno. En este momento, debido al verano, solo van motos y caballos. Los niños que se alzaron con el triunfo, son hijos de la violencia, dice el profesor Álvarez. Una vez terminan la primaria, los alumnos de Travesía y sus alrededores, tienen que emigrar a otras tierras del olvido para seguir el bachillerato. Uno de los puntos atractivos es el corregimiento de Córdoba, que está más cercano, de modo que los niños de Travesía se parecen en cierto modo Wikdi, el niño indígena de trece años que caminaba cinco horas para llegar al colegio rural de Ungía, donde Alberto Salcedos Ramos lo halló. Por estos caminos, de una hermosura sin igual, también se han desnucado burros, se atraviesan serpientes gigantes, surgen espantos, cantan los gritones del otro mundo y hasta hace diez años había enfrentamientos armados. Todo eso se ha superado con la era digital.

 

LAS TIC, VITALES EN EL PROCESO.

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                Por tierra parece mas seguro el viaje a Sucre.


Para el logro de estos hijos de la violencia, como los califica Álvarez Jaraba, que superan en primaria a todos los colegios del Caribe, ha sido vital el aprovechamiento de las nuevas tecnologías, en donde Sucre ha invertido más de cien mil millones en los últimos años a través de la estrategia   Sucre Vive Digital. Hoy el promedio de computador- estudiante, casi supera la media nacional.

Uno de los proyectos claves para el logro- donde el ambiente escolar juega un gran papel en el puntaje, tiene que ver con el área de la lengua castellana, incluyendo competencias en ETICA Y VALORES.

Con el proyecto, denominado “Mejoro mi comportamiento con TIC”, se beneficiaron niños del grado segundo  de la Institución Educativa Francisco José de Caldas, sede Travesía, que oscilan entre los siete y los diez años. Son 17 niños y 11 niñas oriundos del corregimiento y sus alrededores.

Los docentes del proyecto son los licenciados Yesmine Acuña Taborda, Omar José Barreto Baldovino, Alejandro José de Hoyos Valencia, Jubal Zamir Bitar Taborda (rector) y Jesús Vásquez Atencia

Para presentar el problema, los profesores plantearon que los valores se han ido deteriorando dentro de la sociedad con el paso del tiempo y que un claro ejemplo de ello sucede cuando los estudiantes cada vez más utilizan un lenguaje grotesco para comunicarse entre ellos para referirse a los demás; es importante señalar que además del deterioro en el lenguaje, existe también un deterioro en los procesos de comunicación: ya no se saludan ni se despiden de forma cordial.

Se buscaba, además, como objetivo generar en los estudiantes mejoras en el comportamiento por medio de diversas técnicas metodológicas y las TIC, fomentando así la aplicación de valores, que influyen en su actitud y conducta diaria.

Pretendían, además recuperar y concientizar a los estudiantes sobre las normas de cortesía, básicos para lograr un mejor proceso de comunicación, tener en cuenta el manual de convivencia para mejorar las relaciones personales y emplear las TIC como instrumento de conocimiento y mejoramiento del comportamiento dentro y fuera del aula.

Los recursos técnicos empleados fueron  el libro Pancho y la máquina de hacer cuentos: Los trabajos realizados fueron socializados por los estudiantes en una jornada cívica.

Las técnicas audiovisuales a través de YouTube scholar, fueron vitales  al tiempo que fue definida las temáticas a investigar. Jclick: Los estudiantes realizaron actividades para sus compañeros, con el fin de que éstos identifiquen los conceptos claves a aprender.

El Blogger se sumó a las tareas para publicar los trabajos editados por los diferentes grupos de estudiantes, como apoyo a la comunidad internauta, mientras que con Google Drive, se desarrollaron trabajos de manera grupal-colaborativa a fin de practicar y mejorar el comportamiento escolar.

 

En el proceso la difusión fue vital para compartir con el profesor su Proyecto de Vida y mostrar a los estudiantes los vídeos de Kikiriki, ejemplos:

VIOLENCIA – Programa Kikirikí (Capítulo 13)

 

Los docentes crearon junto con los estudiantes un manual de convivencia donde se conjugaron las necesidades de todos y cada uno de los participantes y se socializaron al final los resultados ante la comunidad académica.

A manera de evaluación se realizó una integración de toda la comunidad educativa mediante un juego diseñado por los docentes, donde los estudiantes encontraron diferentes situaciones y tuvieron que escoger la correcta.

Compararon puntos negativos y positivos y los padres realizaran un análisis crítico de la calidad y pertinencia del producto final, sobre todo el Manual de Convivencia hecho por los mismos estudiantes.

Se realizó una segunda integración, de toda la comunidad educativa, mediante una dinámica de análisis de los proyectos de vida de cada uno de los estudiantes y el comportamiento actual en el aula de clase.

 

DE SUCRE SE FUERON LAS MONJAS.

 

María Concepción Arrieta, la rectora del Colegio más grande de Sucre- Sucre,  que solo tiene 32 profesores y 800 estudiantes- ahora no tiene sede- dice que  este Municipio, donde Gabo aprendió a novelar, no es proclive al sacerdocio ni al hábito de criar monjas. Actualmente tiene tres en las áreas rurales y en el casco urbano no tiene. Ellas, franciscanas que llegaron de Medellín hace 124 años, fundaron el colegio Nuestra Señora de Las Mercedes, que hace diez años ganó el premio nacional de Hondas Tic por el desarrollo tecnológico. Hoy no queda ni una sola. Todas se fueron de un pueblo donde el síndrome de la Mojana embruja. Son las mujeres las que escogen al hombre.

Aquella vez (2009) el logro fue registrado por la televisión y el propio presidente   Álvaro Uribe Vélez, entregó el reconocimiento. No les dieron becas ni gran cosa. El estudiante Samir Ruz Sierra, fue enviado a Brasil y el año pasado terminó su bachillerato. Ese fue el primer campanazo para ratificar que Gabo no pasó por aquí en balde.

Para esta profesora, con 35 años, el logro de Travesía es pura suerte. Este año quedaron bajos en el puntaje, porque les hacen falta profesores de inglés, Matemáticas y sociales. Desde hace dos años no les designan esos docentes.

Pero desde hace cuatro años, debido al fenómeno de la niña, el colegio quedó al garete, por exceso de lluvia. Hoy no tiene celadores, psicopedagogo ni portero y esta desperdigado en 8 subsedes. Andan de aquí para allá y de allá para acá.

Y la nueva sede, que adelanta el Fondo de Adaptación, debido a la ola invernal, no lo entregan aún. Los plazos los han ido postergando, de febrero a abril y ahora dicen que en junio.

 

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Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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