SOMOS DE DERECHA O PROGRESISTAS?

ENCRUCIJADA.

–De derecha o progresista?

 

Por Alfonso Hamburger.

 

Desde muy niño tuve inclinación al progresismo. Vivíamos en Bajo Grande, el villorrio más aislado de San Jacinto, ubicado a 23 kilómetros, después de las Palmas y casi llegando a Jesús ,del Rio, entonces uno de los puertos mas importantes del Rio Magdalena, donde los alemanes levantaron un emporio de ganado y tecnología animal.

Nosotros- mi familia- era acomodada. Mi padre era el eterno y celoso inspector de policía, que mandaba por las papeletas donde Los Solano, primero ,y después  donde Los Barraza.  Era godo. Siempre andaba con una carabina al hombro y un revolver al cinto, pensando en que Bajo Grande era vulnerable y acechado, primero por las bandas de cuatreros que provenían del Carmen de Bolívar, en medio de la guerra entre Los Méndez y Los Fernández y después por el desorden público que se vino. Mi padre nunca supo cuánto  ganaba en sus emprendimientos, porque le gustaba llevar la plata en el bolsillo. En Cambio, mi madre, que era maestra, comadre, medico y modista, siempre tuvo los pies sobre la economía, en celoso legado para levantar ocho hijos. Teníamos una tienda esquinera, un picò, jeep Willis, una nevera a gas,  ganado que se ordeñaba en el  patio y tres fincas levantadas a pulso, desde un centavo.

Mientras Jesús del Rio era un emporio de riqueza alemana y tecnología ganadera( allí se hicieron las primeras inseminaciones de ganado), nuestro Bajo Grande era muy pobre, 92 casas rodeadas de latifundios, integrado por campesinos sin tierra.

Ya les dije que mamá era celosa de la economía familiar y cuando nos dejaba cuidando la tienda siempre cuidaba de que no diéramos de más. Desde niño yo sufrí por los demás. Me dolía la pobreza de los vecinos, que llegaban a comprar al menudeo, una papeleta de café, cuatro onzas de azúcar, una cabeza de cebolla o un cuarto de panela. Yo trataba de ayudarlos, pero mamá siempre estaba atenta al patrimonio.  Nos regaañaba.

Mis padres eran conservadores, una minoría en un pueblo liberal, que hasta nos brindaban el voto. En nuestra casa se bajaba Alfonso Pereira y el cura Javier Cirujano, cuyo mejor amigo era el viejo Rivera, en el barrio Arriba. Y mi madre organizaba todo el calendario patrio, preparando a los alumnos en el cumplimiento de los  diez mandamientos.

Fue allí, viendo la pobreza, en que yo me sentí una personita de izquierda, progresista, no digamos comunista, pero si con mucho amor al prójimo. En Bajo Grande el único comunista era el Blanco Castellar, que jamás votó en una elección.

Recuerdo que, en los años 70, cuando comenzaban las revueltas estudiantiles y campesinas en San Jacinto, mi padre contrató cuadrillas de trabajadores de San Jacinto y después indígenas de Tuchin, Córdoba, quienes en los descansos nos hablaban de la justicia social y de los derechos de los trabajadores.

Todos los días, a la cuatro de la tarde, pasaba un avión a propulsión a chorros, que era su reloj. Apenas escuchaban el zumbido, decían “Ya viene el pendejero”, y tiraban los machetes. Ni un segundo más de trabajo. Los trabajadores que iban de San Jacinto, Ramírez, Mariñez, eran de la Bajera y siempre fueron progresistas. Ahora nos reímos de todos eso.

Todos mis hermanos son conservadores genuinos, con un valor de igualdad sin privilegios, que es una consigna del partido. Yo fui concejal suplente de San Jacinto , Pastranista, con  Jesús Puello Chamiè y Juan Rojas, el Cabo.  No sabia entonces para qué servía un concejal y por eso nunca pedí entrar a sesión.

Pero uno va creciendo y se va formando. El Partido Conservador nos dio en toda la vida dos  cargos ( porque lo de mi mamá fue de méritos), cuando mi hermano José Wilfrido fue Personero y después jefe de La Umata y Hernando Fernández ( mi tio) que se ganó un puesto al dejar olvidado su carnet de las juventudes conservadoras en Bogotá. El gerente, que era godo, lo nombrò al encontrar el carnet. Nada más.

Mi madre no votaba por liberales, pero mi papá si lo hizo, por algún favor a un amigo.

Yo tengo claro que es un progresista y qué es un conservador. Y cuando tuve razón, traté de buscar el ala izquierda, pero pienso que jamás se tragaron ese cuento. Nunca me vieron como un hombre de izquierda. Me trataron de sacar a codazos. Y si te ven a ti conduciendo un auto o usar ropa fina, ya dudan de que tú eres un proletario.

Mi último voto conservador fue en el primer periodo de Álvaro Uribe. Después nunca más.

Gané en forma limpia la consulta por Colombia Humana para el Concejo de San Jacinto con un 38 por ciento de los votos, pero pensé que desde el Concejo no existen las herramientas para lograr una transformación. Allí conocí la inmadurez política de algunas personas. No me admitieron. Tampoco recibí el aval, entonces logré un aval de otro partido, con el que alcancé al menos aparecer en el tarjetón, en una experiencia casi trágica, que está plasmada en una novela inédita que se llama La Fuga.

Creo que la política te da la inmensa y caótica posibilidad de sustraer lo más negro del ser humano y por eso la polarización del momento. Gente sin perfil para ser de derecha y posiciones incrédulas para ser de izquierda, que no es más que el resultado del lugar donde te sientas para dirimir un conflicto patronal, nada más.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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