Sabanalarga, un enclave sabanero.

SABANALARGA, UN ENCLAVE SABANERO.
– Porro por la paz.
 
Por Alfonso Hamburger
 

Estoy en este momento como en una burbuja y trato de salir lo más rápido que me es posible  del auditorio de la Casa de la Cultura de Sabanalarga, Atlántico.  Algunos quieren tomarse fotos con el grupo de panelistas, otros selfies, mientras un joven se acerca y me dice “muy bueno el conversatorio, hasta el moderador lo hizo bien cuando fue requerido”.

Son las siete de la noche del viernes nueve de septiembre. Es una sensación unánime de aprobación en el ambiente. ¿Qué es lo que hemos hecho? Me pregunto. Los héroes estaban allí, vestidos como campesinos, de blanco y sombrero vueltiao, en guayabera, acotejando sus instrumentos en rigor y pasando la botella que les acababan de dar. Ellos eran los merecedores de los aplausos, al lado del maestro Miguel Emiro Naranjo, un profesor que se dedicó, sin proponérselo, a vestir al porro de Frac.

Estar en un panel, al lado de Inis Amador Paternina, hablando de porros, fandangos y corralejas, es un privilegio. Nadie en la región le iguala en conocimientos y en el manejo del micrófono.  Además canta con una voz jonda y afinada. Si quisiera, sería un buen  juglar.

No acostumbrado a las alabanzas- soy hombre de combate y combatido- , una vez terminó el acto, con la interpretación de los sabores del porro, busqué la salida. Debíamos volver al paraíso ardiente de Sincelejo, donde se vive en una batalla del desconsuelo y la refriega diaria. Y mientras salía, los besos, los abrazos, las fotos. Se le pone a uno la carne de gallina. Aquello solo parece escriturado a los artistas.

Acababa de comprobar por qué dicen que en Sabanalarga la inteligencia es como una peste. Y vi que no solo se es inteligente en las notas del colegio, sino en las relaciones sociales. La sensación con la que regresábamos, con un poco de hambre, me decía Amador Paternina, era la de una ciudad bella y culta. Y aquella belleza se patentiza en la calidez de la gente, en la belleza de sus mujeres, en el abrazo de los amigos.

Y sobre todo, en una identidad, en aquello de sentirse sabaneros como nosotros y en ese querer y ese sentir de  nuestra cultura. Y la pregunta era, cómo una ciudad tan cercana a Barranquilla, ha logrado una identidad propia, sin dejarse avasallar por la capital del carnaval, para expresarse abiertamente con sus propios iconos. Me hizo recordar al bello valle del Ariguaní, en El Dificil, Mgdalena, que a solo 90 kilómetros de Valledupar, transpira sabaneridad,  como si fuese un pedazo de los Montes de María, poco influenciado por Valledupar. Fundado por colonos san jacinteros que huían de la guerra de Los Mil Días, ese pueblo ama la fiesta de toros, las bandas de vientos, el porro, la riña de gallo y las corridas de caballos. Y es la cuna del son, que no es un aire vallenato, pero sumado a su festival.

Con Sabanalarga, de donde salimos ahora como si fuésemos artistas,  compartimos no solo el nombre de Sabana, sino la cultura sabanera, extensa y colonizadora, con una sola expresión autentica, que avasalla y embruja, que alegra y entristece, que permanece solemne y que no muere: su majestad el porro. Y con el porro, la corraleja, que es un abrazo social, la tarde más corta de la vida.

Nos comentaba el profesor Luis Alberto Hoyos Robles, que a mediados del siglo XVIII, ganaderos y agricultores como Lucas Tacio, Placido Ortega, Diego de Almanza y Antonio Figueroa, descubrieron esas pajas atractivas para desarrollar la actividad ganadera y allí plantaron la bella población, que como a San Jacinto, empezaron a llamarle como el Sitio. Su herencia es Peninsular y las costumbres españolas son arraigadas en sus prácticas socioculturales y económicas.

Como toda corraleja, donde el juego prima, en Sabana Larga, de tiempos imprecisos para esta práctica, se recuerda el juego con vaquillas y el capoteo en la Calle La Chancleta y la Calle Grande, donde los ganaderos daban a sus toros más fieros.

La construcción de palcos como gallera es más reciente y hoy por hoy las corralejas de Sabana Larga, que se cumplirán desde el seis de octubre, son las más importantes de Colombia, porque las de Sincelejo fueron suspendidas a través de una alcaldada incierta que aún no sabe lo que hizo.

 

Los Echevarría Castro,  González Ariza, Vargas Echeverría, Álvarez Cabarcas y Hoyos Robles, son algunas de las familias de ganaderos que impulsaron la tradición.

El doctor Cantillo.

 El nombre de Adolfo para mi es sagrado. De modo que cuando Adolfo Cantillo Estrada, al otro lado de la línea, me confesó su plan, no solo no dudé en apoyarlo, sino que se quedó grabado en mi mollera. Es el nombre de nuestro máximo exponente cultural: Adolfo Pacheco.  Cantillo Estrada resultó ser un tipazo, un joven risueño y alegre, que se estremece de pies a cabeza con el porro. 

Médico intensivista, Adolfo madrugó desde Valledupar, donde labora de hace cuatro años, para recibirnos con su esposa en Sabanalarga. Se le ve afable, risueño. Contento. No reclama figuraciones, es sencillo y colaborador, pero es imposible hacer una reseña sin nombrarlo, porque con la Secretaria de Cultura y Patrimonio del Atlántico y otras autoridades y amigos, es el artífice de este primer panel sobre el porro y el fandango, que ha sido exitoso. En el auditorio observé a Fredy Acosta y a Argelio Consuegra, mi condiscípulo.

Cantillo recuerda que de niño se iba a la corraleja con otros niños a jugar al caballito de palo y le sacaban mantazos a sus propios fantasmas. Eso lo marcó. Ahora lo vive en las corralejas y en los porros. Es u n musicólogo al que le da la gana nombrando los nombres de los mejores porros. Se los sabe de memoria. Los baila y los disfrutar con una fruición en los labios. Una reina le danza al lado, su esposa.

Nosotros también madrugamos de Sincelejo bajo una mañanita de invierno, acompañados de amigos como Marlon Amador Vergara, Carlos  y Aníbal Martínez Paternina. No podíamos perdonar una chicharronada en El Carmen de Bolívar, comandados por el historiador Inis Amador.

Lo primero que resalta en Sabanalarga, es el Coliseo Ganadero Rafael Barvo, donde nos detuvimos. Era tan temprano que pensamos llegar a Barranquilla, pero el doctor Cantillo acababa de llegar de Valledupar y de inmediato fue a escoltarnos. Aún estaba en pantaloneta y suéter amansa locos.  Le seguimos hasta casa de sus suegros, mientras en una cava empacaba el abrebocas de la gran recepción como anuncio de las fiestas Patronales en honor de nuestra Señora de Las Mercedes: unas cervezas bien frías. El calor era intenso y caían muy bien.

El anfitrión y su bella señora, una verdadera reina de belleza, querían mostrarnos la tradición de un pueblo. Sus casas espaciosas, con muebles momposinos y sampuesanos, con  cielo raso de madera, como los de antes.  Las sillas estaban dispuestas, mientras el sancocho hervía en el patio en un fogón de piedra. Un arroz apastelado se meneaba con un palote en un caldero repleto.

Hacía un calor de estos tiempos. El anfitrión sustrajo un abanico patón de los más grandes, con los que matizamos la conversa, que se fortaleció con la llegada de Don Miguel Emiro Naranjo y su tropilla de la Banda 19 de Marzo de Laguneta, una institución inmortal, que acaba de cumplir 50 años de éxitos. Llevaron desde hace muchos años, el porro a Francia y a otras naciones.

Los músicos hicieron su ritual y bombo Mocho López, nos hizo su show, mientras el bombardino de oro (Rafael Sáenz) y Miguel Emiro, echaban el cuento de cada porro. Se prendió el fandango antes del almuerzo.

Llegó el Alcalde, José Elías Chams, que no solo impresiona por su enorme humanidad, sino por su sencillez y tino: en las fiestas presentarán a Totó La Momposina con la Orquesta de Juancho Torres, como un regalo al pueblo. Llegaron los del gabinete, la mayoría jóvenes. Llegó el delegado del doctor Dagoberto

Barraza, el joven  Adolfo Zúñiga, por la Secretaria de Cultura y Patrimonio del Atlántico.

Los  Hoyos, donde disfrutamos del porro y del almuerzo, están emparentados con los Milanés de Cereté,  anfitriones exquisitos, disfrutaron la recepción. Ella, que apenas hace dos meses fue operada a corazón abierto, recibió el porro como una buena terapia y frente al espejo se veía radiante, mientras bailaba.

Y lo más importante, es que a cada canción que el doctor Inis tarareaba en el foro, el público se la coreaba, como la Aventurare o los sabores del porro  de Pablito Florez, como muestra que  Sabanalarga es un enclave sabanero a cuarenta minutos de la puerta de oro.

4 Comments

  1. Hola, quiero hacer dos sugerencias de manera respetuosa y con ánimo de mejorarles.

    *La foto del post no corresponde a Sabanalarga – Atlántico, por favor señor editor, corregir.

    *Sabanalarga no se encuentra en la puerta de oro, «la puerta de oro es Barranquilla» y las separan dos municipios y un corregimiento; por tanto su frase » un enclave sabanero en la puerta de oro» pierde validez ya que no somos un barrio no coregimiento que se encuentre EN la puerta de oro, distinto fuese si el Atlántico fuera la puerta de oro.

    GRACIAS

  2. Interesante artículo, y muy buena forma en la que usted expresa como Sabanalarga tiene identidad propia y como no se ha dejado influenciar de Barranquilla.
    Ello obedece a todo un proceso histórico que se ha dado en los ultimos cien años desde la creación del departamento del Atlántico, donde Barranquilla es protagonista en todos los frentes y donde los 23 municipios caben en Barranquilla, pero Barranquilla no cabe en los.municipios.
    Usted habla de la identidad de Sabanalarga, y no fue solo lo que vio, es toda una serie de procesos culturales para reafirmar la identidad a traves de las letras, las artes visuales y.la historia que se realizan en esta ciudad del amor a la ilustración

  3. Buenos días, muy buena su columns.
    Sólo una pequeña correción, nuestro apellido no es Echevarría, sino Echeverría.
    Gracias por refrescarnos un poco la memoria de tiempos ya idos.

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