Román Tijera, el soltero que venció la muerte!

 

 

TIJERAS PUDO HABER SIDO EL PRIMER CAMPEÓN MUNDIAL DE SAN JACINTO.

Por ALFONSO HAMBURGER

Lo único que ha cambiado en Román Tijeras Suárez – nacido en el corregimiento de San Cristóbal,  San Jacinto, Bolívar, un 27 de mayo de 1967-  son sus dientes de sierra ya diluidos por el tiempo.  Son apenas piececillas que tratan de sobrevivir en sus encías rojas como el coral y que se le notan cuando festeja el don de estar vivo, después de permanecer veintidós  días inconsciente y catorce en coma con cuidados intensivos  en el hospital Universitario de Cartagena, tras ser noqueado por Rafael Chiquillo, el siete de mayo de 1988 en La Boquilla.

—Ya me van a poner el puente, dice Román, y me mira como a un gusano, desde su metro con ochenta y seis centímetros de estatura.

Desde abajo alzo mi mirada y lo veo. Es un gigante desdentado, pero sus ojillos son bulliciosos y ágiles. Se agacha a recoger el peso importado que le mandaron de los Estados Unidos, con el que camina las calles de San Jacinto lo fines de semana, en búsqueda de algunos pesos. Lleva en su mano izquierda colgando dos pares de guantes de boxeo y un protector, el mismo que no pudo evitar el accidente que lo separó del boxeo como peleador. También lleva un aparato electrónico de 200 dólares, para medir la presión. Se lo enviaron unos primos que viven en USA.

Ahora pesa 96 kilos.  Habla un poco enredado y sus ojillos le ayudan a expresar toda la emoción que siente por el boxeo, por la vida y por su historia. Le gusta que lo entrevisten. Y que miren su hazaña en la internet.  Su hazaña contra la muerte. Su hazaña  contra el olvido.  En Colombia unos seis boxeadores no la han tenido, entre ellos Jimmy García y Hugo Triviño. No sobrevivieron para contarla.

Lo que le sucedió fue un accidente. A quienes les pasó lo mismo o están muertos o están cuadripléjicos. Román tuvo suerte. Se  halló en el camino a ángeles, como el médico Samuel Sabogal y el fisioterapeuta  Carlos Ahumada, que lo supieron tratar.  Duró cuarenta días sin caminar. Y hoy, aunque le falla una pierna que no parece hacerle caso y su voz es entrecortada, pudo rehacer su vida, ayudar a jóvenes sin esperanzas, de su  mismo estrato, consiguió mujer, dos casas del Estado, una pequeña pensión y conservar la alegría de su raza.

La historia de Tijera, que iba a convertirse en el primer campeón mundial de San Jacinto- En la categoría natural de él, pesos pesados- no abundan- es una novela.

Su madre, Amelia Suárez, que hoy raya los 97 años- vive en Barranquilla- , provenía de Córdoba  y cuando se conoció con José del Carmen Tijera, estaba parida de gemelos de otro hombre con el que se había abandonado. Todos emigraron o para Barranquilla o para Venezuela.

José del Carmen Tijera vivía con su larga prole en San Cristóbal, un palenque de la zona de montaña de San Jacinto, cerca de Paraíso, donde también nació el juglar Enrique Diaz. Por todos fueron doce hermanos. Los propiamente Tijeras fueron nueve varones y una niña. De todos, fue Román quien nació dándole trompadas a todo lo que se movía. En el colegio les hacían guantes con las bolsas donde venía el cemento y con ellas armaban peleas. Román los bajaba a todos. Sobresalía por sus largos brazos, su endiablada estatura y su fortaleza.

Comenzando la década de los setenta la paz de San Jacinto empezó a complicarse. Nacen las primeras revueltas estudiantiles y se forman grupos rebeldes. Los campesinos hacen marchas frenéticas en reclamo por la tierra y todo empieza a cambiar. Pero eso no fue peor que la muerte de José del Carmen Tijeras, el vástago de la familia, que muere picado de culebra. Una mapaná lo mordió por la mañana y murió por la noche.

Se van para Barranquilla. Allí el niño vende tintos por las calles , atraviesa el puente Pumarejo trotando y pronto se ve en un gimnasio de boxeo. Por sus condiciones físicas se vuelve  un prospecto muy atractivo para los caza talentos y empresarios. Lo mira Willy Chams, lo entrena Orlando García. Lo incluyen en la selección del Atlántico. Va muy bien. Pero el muchacho no se desprende de San Jacinto, donde hace siete peleas aficionadas. Había alcaldes de gustos. Prácticos, que le dan la mano. En la caseta Tres Esquinan montan un ring y le traen un boxeador profesional de Cartagena y lo noquea. Y su fama se infla cuando vence a Rafael Chiquillo en las antiguas bodegas de Napoleón Diaz, sin saber que más adelante Chiquillo se iba a vengar. La situación se plantea como un accidente, pero aún no se sabe, porque su contendor le llevaba catorce libras, antes de subir al ring. Fue una irresponsabilidad.

Román Tijeras se le escapó a los entrenadores del Atlántico y se vino para San Jacinto, un pueblo que no tiene grandes obeliscos ni grandes avenidas, pero que tiene magia. Tiene gente.  Se va a vivir al barrio La Gloria, donde comparte vivienda con su entrenador el Chino Caicedo, quien posteriormente desaparece.

Cuando le sucede el accidente en La Boquilla, la noche del siete de mayo de 1988, estaba representando a San Jacinto. Vivía en San Jacinto, llevaba 33 peleas ganadas, de ellas ocho por nocaut y solo dos derrotas. Su foja se quedó en tres derrotas, que pudo ser la derrota de su vida, la muerte, pero se levantó como el ave fénix, para contar y continuar su historia.

Los detalles de aquella desigual pelea- la vida o la muerte la separaban sólo catorce libras de más que le llevaba Chiquillo, hoy vendedor en el mercado de Bazurto-, se ha contado varias veces. En el tercer asalto- faltando segundos para concluir- Chiquillo le dio tremenda trompada de derecha en el bajo vientre y lo remató con un jab de izquierda sobre el protector, arriba de la cabeza, enviándolo a la lona.

Román trató de pararse, pero un tractor le había pasado por su humanidad. Veía poco. No obstante, cuando le limpiaron los guantes y lo invitaron a seguir, dijo que no. Si sigue Chiquillo lo hubiese matado. Había perdido su  tercera pelea. Lo bajaron con dificultad del ring y lo sentaron en una silla plástica sobre la arena de la playa. Estaba allí reponiéndose cuando de pronto le salió el golpe. El mundo se le nubló. Se fue de frente. Su cabeza quedó enterrada en la arena. Quedó en popa, con las nalgas sobre la silla. De allí en adelante no supo nada más. Despertó en el hospital treinta y seis  días después.

El sueño de ser campeón mundial de la máxima categoría, hacia donde se encarrilaba, quedó aplazado para siempre.  Volvía a su mismo estrato. La recuperación fue muy lenta. Vivía con un primo en el marginal barrio de El Pozón de Cartagena en una casita que le acondicionaron  las autoridades, donde lo sorprendieron las aguas del huracán El Johan, que también había causado estragos en Los Montes de María.  Román no podía aún levantarse de la cama, porque tenia que ser con ayuda de otra persona.  Los colchones y enseres de los vecinos flotaban en las aguas derramadas de la ciénaga de La Virgen.

Román insistía en San Jacinto, donde sigue su recuperación y pronto se ve caminando en las calles con cierta dificultad y un par de guantes de boxeo en el pescuezo. También llevaba un peso y un medidor de presión.  Monta un gimnasio en las calles. Tiene dificultad para caminar y para hilvanar palabras, pero el entusiasmo que le pone a sus proyectos en el bullicio de sus ojos, le ayudan a recibir uno que otro apoyo. Hay alcaldes que funcionan- en este caso Joaquín Guette y Abraham Kamell-  que le dan contratos para entrenar a los niños, y unos que no, hasta que es llamado por el Alcalde del Carmen de Bolívar, que se lo lleva para ese municipio.

Allá en la tierra de Lucho Bermúdez le regalaron una casa en la urbanización de Los Mangos. Allá se consiguió con una mujer que tenia dos hijos de relaciones anteriores. Con  él tuvo tres más. El mayor , de 19 años pagó el servicio militar y anda por otra ciudad. La hija hembra ya buscó  marido. Le queda un retoño de quince años, que le gusta el boxeo y ya ha ganado varias peleas.

La mujer de Román Tijeras murió hace varios años. Ahora es un soltero de 56 años, con 196 de estatura y cien kilos de pesos, que cojea los fines de semana por las calles de San Jacinto controlando el peso de sus clientes y midiéndoles la presión con un aparato electrónico importado, lleva unos guantes en las manos, con el deseo de hallar una compañera, sabiendo que su vida es un milagro de Dios.  Es el único boxeador que sobrevivió a este tipo de accidente y logró caminar. Fue la suerte que no tuvo Jimmy García ni Hugo Triviño, ni los otros.

 

 

 

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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