Crónicas

¿Quiénes son las nuevas figuras de la Gaita Ovejera?

NAIME BALOCOLOS GAITEROS DE OVEJAS CON RAICES EN SAN JACINTO.

La gaita san jacintera un día salió de gira por el mundo y aún no regresa. Sigue perdida por aquellos andurriales desde donde nos sigue enviando señales. Ella fue la primera expresión cultural que tuvo éxito comercial. Su marca es sinónimo de Colombia. Los gaiteros de San Jacinto no le tuvieron miedo al avión. Les pareció una pendejadita. Toño Fernández siempre fue jefe. Por encima de él no hubo más. Fue más grande que todo el mundo. Bendito el médico que salvó una cabeza como aquella. Sus gaitas siguen siendo una impronta en todos los festivales del mundo.
En Colombia han surgido múltiples movimientos que reclaman el derecho a ser diferentes. Y están en todo su deber de ser y hacer. Han querido desmarcarse, aunque al principio el grupo Gaiteros de San Jacinto haya sido su referente. Hay un puñado de canciones apenas necesarias para identificar la gaita, que suenan en todos los festivales. Y en la radio. Solamente canciones como “Jaramillo”, que ya parece de dominio público y “la acabacion” de Juan Lara, marcan una impronta, porque no han necesitado letra para trascender.
A tiro largo, por el traspatio, Ovejas está a 20 kilómetros de San Jacinto, sin tomar la carretera asfaltada. Los pueblos tienen vasos comunicantes más allá de la carretera negra. Su integración secreta va más allá de que uno esté en Bolívar y otro en Sucre. Esos indígenas tenían sus propios caminos reales. Son los mismos Finzenues que tejían o tocaban, con El Carmen de Bolívar, haciendo centro entre los tres.
Cuando nace el Festival Nacional de Gaitas Francisco Llirene, en Ovejas, se notó que los gaiteros estaban por encima de sus dirigentes. Ellos sólo bajaban de la montaña a tocar sus palitos que tienen ojitos para ver y boquita para hablar. Se empujaban el trago y escupían sin afanes sobre la tierra apesadumbrada. Estallaron varias crisis, en los años ochenta, con la muerte de los más grandes. Cuando murió Toño Fernández, –dos de diciembre de 1988–, se pensó que se acababa todo, como se había acabado El Gurrufero.
Ovejas quiso, con todo su derecho, desmarcarse de aquella impronta avasallante, pero resulta que entre mas trabajaban para desprenderse de esa huella, más aparatos aparecían. El primer Festival de Ovejas, fue marcado por Los Gaiteros de San Jacinto( hermanos Lara), que ya se enrumbaban al ocaso. Se estaba acabando una generación inigualable. Y en un festival posterior, en medio de gaiteros jóvenes de manos finas, forjados en las universidades, vigorosos y rápidos, Los Auténticos Gaiteros de San Jacinto fueron eliminados al lado de Las Diosas de La gaita, una agrupación de niñas adolescentes, oriundas de Ovejas, bellas y menudas. De diez grupos eliminaron dos, y allí cayeron los legendarios gaiteros, ya envejecidos. Su nota era triste, muy tradicional. Los jóvenes tocaban rápido, alegres y bien amaestrados. Se pensó en que era urgente hacer dos categorías. Una tradicional, para mayores de cincuenta años. Y una de apertura. Empezaron a aparecer nuevos gaiteros y nuevas propuestas. Surgen Hernando Cova Barrios, alumno de Nico, pidiendo que con él nadie se meta; Élber Álvarez, Marlon Peroza, Lo Ortiz, y un sinnúmero de jóvenes figuras, y por supuesto Los Gaiteros de Ovejas, que empiezan a marcar su propio territorio.
Pero en medio de la crisis, en San Jacinto, no se sabe si porque comen ñame o qué cosa, también iban surgiendo figuras, pegadas a las dos escuelas del patio-La negra de Los Mendoza, que provenían del Carmen de Bolívar y la Indígena-, de los Hermanos Lara y los Hernández, que para asuntos artísticos son Fernández. Vienen otros gaiteros de otros Municipios a Reforzar la Marca, hoy en disputa. Se suma el acordeón de Carmelo Torres, Eduardo Lora Lentino y Landero, que siempre estuvo allí.
Los gaiteros de San Jacinto no dejaron de trastear con esos palitos ni dejaron de hacer giras por todo el mundo. En medio de las divisiones por diferentes indoles, iban grabando. Llegan Congos de oro del el Carnaval de Barranquilla, llega un Grammy Latino en 2007 y Juan Chuchita Fernández, ya casi en los 90 años, al lado de Toño García (quien recibe la herencia de Mañe Mendoza), se gana el Premio Nacional de Cultura. Toda Colombia quiere a los gaiteros. En Bogotá los cachacos se enamoran de la gaita. Miguel Manrique suma su guitarra y su poesía. San Jacinto tiene magia. Algunos cachacos se vienen a terminar sus maestrías en San Jacinto. Y entre más estudian la gaita menos la entienden, porque dicen que es un sentimiento muy profundo.
Es casi imposible mencionar individuos, porque la gaita es una construcción colectiva. No se pueden quedar por fuera, los hermanos Castro Fernández, que son casi diez, aunque sean Los Mellos- Pascual y Rafael- los que lideran el canto. Y en la cumbre, Rafael Pérez García, quien se sigue formando para la trascendencia. Rafa le lega a Ovejas, sin proponérselo,” Llirene en La Gloria”, con el que fue a Ovejas al Festival y hoy es un himno. Este tema lo presentó el maestro Ortiz en la tarima de San Jacinto como si fuese suyo. A Rafa le fueron con el cuento, pero el mismo Ortiz le confesó que no fue su culpa, sino de la presentadora y él no se atrevió a desmentirla en público. Se dieron un abrazo.
Rafa Pérez-no el que canta vallenato- hizo un Fuego de Sangre Pura, que le dio el titulo al CD del Grammy y que ya ha sido regrabado por veinte agrupaciones distintas. Es uno de los nuevos clásicos de la gaita. Se lo piden a los gaiteros en todo el mundo, como en Argentina o Chile piden “Con migo que nadie se meta” de Nando Cova.
En el pasado Festival Francisco Llirene, que se hizo virtual, ganaron con decoro Los Gaiteros de Ovejas, donde aparecen como cantante y percusionista los hermanos José y Naime Balocco Fernández, sobrinos, respectivamente de Juan Chuchita Fernández y Toño Fernández.
Ellos, celosos y dignos, excelentes músicos, y jóvenes, además, quisieron guardar ese parentesco como un secreto de Estado. Han querido forjarse en la gaita sin ningún tipo de influencias. Por sus propios méritos. Naime, el cantante, de ojos rayados, ojos de tigre, rasgados, casi hechos por un cuchillo, ya tiene una gran trayectoria en el canto y en los coros. Se trata de una voz privilegiada, de esas difíciles de encontrar en el folclor. Me dicen que tiene la tesitura de Juan Piña para los coros. Anduvo con Aniceto Molina, quien quería llevárselo de giras poco antes de morir. También ha viajado con Los Corraleros de Majagual. Y desde Valledupar ha sido solicitado para hacer coros.
Siendo sobrinos de esos dos referentes, siempre mantuvieron su segundo apellido en un perfil bajo, pero en estos tiempos de disrupción digital, se desbordaron las aguas del talento. Una amiga de ambos los echó al agua. Esos gaiteros de Ovejas tienen lo suyo. Ya han ganado varios festivales. Y no tienen más de quince años en el mercado, por lo que se les abre un camino promisorio.
Me dice Naime que no diga estas cosas, porque él quiere transitar su propio camino, sin más méritos que su propio talento. Y como es correcto, yo le prometí que no se lo iba a contar a nadie.

Anterior

El contador de Betulia que no conoce Betulia.

Siguiente

Anoche el virus me estaba degollando

Alfonso Hamburger

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

Sin comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *