Mi encuentro con Vicky Davila

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                            El autor de esta nota, en sesión de maquillaje en la sede de RCN TV en Bogotá.

Ya Vicky Dávila me lo dio

Por Alfonso Hamburger

Lo único que quería de la periodista Vicky Dávila ya me lo dio y mientras me lo daba sentía el leve roce de su brasear (en mi tierra dicen sostén) y el suave contacto de su brazo derecho con mi cintura helada de cambambero para posar ante el fotógrafo oportuno que congelaba aquella escena para toda la vida.

No fue otra cosa que una foto en el propio set de RCN televisión de Bogotá en momentos que un grupo de productores y periodistas de Tele Caribe realizábamos un taller con Felipe Arias.

Dice el maestro Leonardo Gamarra, el mejor autor de porros de la actualidad, que todos tenemos nuestro ego y ahora saco pecho para decir que no me tomo fotos con los famosos con mucha frecuencia, no me gusta porque me parecen personas normales, humanas, con defectos y virtudes. Unos más que otros simplemente aprovecharon el ratico de vida bien aprovechado, pero en el fondo solo somos humanos confundidos en estos tiempos de la salamanqueja que canta, quizás anunciando el fin del mundo.

Fue un día memorable para quienes fuimos de la Costa a ese taller, porque Caudia Gurisatti, que acababa de pre grabar su programa LA NOCHE con el embajador de Ecuador en Colombia- acababan de matar un líder guerrillero en ese territorio-, se quedó hablando con el diplomático en el propio set que los primíparas habríamos de ocupar minutos después, tras pedirle a ella que desocupara.
Lo cierto fue que Dávila, tan pálida como una hoja seca, pero insoportablemente bella, no estaba sola. La acompañaba Carlos Antonio Vélez, quien fuera mi ídolo de adolescencia: También cogió foto.
Eso es Victoria Eugenia Dávila, una mujer bonita, quizás como las del Carmen de Bolívar, que llevan todo el fuego de sus montañas dentro e sus ojos. Ella no solo lleva el fuego sino la miel de la caña. Tenerla a mi lado, sentir su roce, su sonrisa fresca tan cerca, su cuerpo pegado al mío (con un poco de timidez, de mi parte, claro) para la foto, ya era un estremecimiento, como la acabación en la gaita corrida de Juan Lara . Vi que era asequible, al menos para la foto ( ni sabrá quién soy) , que era muy humana, ni más alta ni más baja. Solo una monita famosa, que le ponía la cara a los colombianos como presentadora de televisión, sabiendo quizás que la verdadera adrenalina del periodismo se suelta en la reporteria, que ella había hecho desde su valle del Cauca.

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Cuando salió de su cargo por el caso del señor de los anillos, la vi vacilar y cuando volvió a poner su cara a una cámara de televisión con sus propios recursos la imagen temblaba, en una pobrísima producción artesanal. Sin embargo, para eso son las redes, para volver al centro, pues una tribuna bien aprovechada, te saca del barro. Fue un bache que muy seguramente ella aprovechó para ser más humilde.
Y con ella pasó como con los vallenatos de la nueva ola, que todos se parecen, porque los estilos se han ido perdiendo. Los géneros ahora son híbridos, porque ya se ha ensayado de todo. Los grandes periodistas parecen cosas del pasado. La gracia de Vicky es que detrás de ellas han venido otras con ese estilo, con coletazos a bordo y el aprovechamiento de las redes para darse bombo. Y claro, algunas cosas de valentía sonoros con algunas metidas de pata. De pronto eso antes era más difícil desde la provincia, pero ahora con las redes sociales y la cultura de la distracción, cualquiera se cuela en las audiencias, las nómadas audiencias, que hoy te elevan y mañana te castigan. El concepto de cultura ha ido cambiando para su mismo deterioro. Ella ha sido víctima de su propio invento en la cultura de la distracción y bien debe saber que la basurita que vende. No todos los clic son puros.

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Una cara bonita, un pelo rubio bien aprovechado, con algo de pose e inteligencia, parecen suficientes para ser tendencia en las redes en estos momentos de confusión. En los malos editoriales, desafiantes digo yo, con visos de pegar primero por si acaso, se conoce este periodismo fugaz, cuyo único acervo es el postcad, para mientras haya cupo en la nube.
Quienes provienen del periodismo serio, la prensa que llamaban antes, los editores de prensa escrita, como el periodista que fuera editor de varios periódicos y quien dijo ser su profesor, el señor Ocampo- de quien leí una magistral crónica cobre Los Montes de María, parecen indefensos antes quienes saben posar ante una cámara de televisión. Allí Dávila lo pone KO.
No siempre los malos estudiantes de comunicación son malos periodistas. Eso es relativo. Quizás el estudiante que se ponía en la banca de atrás para tirarle papelitos a sus compañeros y esconder la mano, resulta el mejor reportero. En esto del periodismo a veces las calificaciones son un disparate que en nade coinciden con el desenvolvimiento del periodista en la vida laboral.
Sin duda, Vicky Dávila y la Chachi Baena, han sido mis dos amores platónicos.
Todavía tiemblo al recordar aquella foto con Vicky Dávila, la que conservo entre mis preciados tesoros. Ah, y se me olvidaba, que, sobre su escote de aquella tarde, alcancé a ver unas pequitas.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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