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LAS VISIONES DE LEONARDO GAMARRA AL FILO DE LA MUERTE.

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Leonardo Gamarra, sin ninguna duda, a sus 76 años, es el compositor más importante que tiene Sucre en la actualidad. Es un poeta consumado, que desde un rincón de Sincé, mientras pastorea el ganado, se inspira en una serie de imágenes profundas que embaza en unas melodías depuradas. Su obra porristica ya es todo un legado, pero lo que viene haciendo en materia de paseos, trascenderá toda su vida.
Leonardo, como el propio Davinci, ha pintado a la mujer de diferentes maneras. Le conozco tres paseos que están llamados a ser clásicos, Mojana Número Once, Morenita Urabarena y Ojos de Viejo, dedicado éste a Valledupar.
Gamarra, de los de Juana, no quiere homenaje de medallas, quiere el patrocinio para grabar 20 canciones inmortales que tiene inéditas.
El 20 de noviembre nos acompañó en el cumpleaños del profesor Oswaldo Vergara y después, pocos días después, casi que se le paraliza el corazón. Estuvo en una UCI, donde se inspiró en el siguiente texto:

LA VISIONES DE DANIEL EN LA U.C.I DE LA SANTA MARIAleonardo-gamarra-1

 

Sintiéndome un fuerte malestar me fui de fundillo bajo un palito de totumo cien metros antes de llegar a los ranchos de la finca de mi hermano Octavio donde me encontraba.

Advertí un fuerte olor a vela y supe que la huesuda María Lucrecia  rondaba mi vida. Me encomendé a Dios y mi santo amigo y me dieron fuerza para retomar el camino y llamar una moto que me llevo al pueblo.

Por recomendación del doctor Gómez me hice un electrocardiograma en el hospital y de inmediato me empacaron para la santa maría de Sincelejo.

Violando todos los derechos a mi pobre humanidad bajo la dictadura de la doctora Gonzalez en urgencia fui victima de sus cómplices  como la señorita Serpa y otros cari tapados, que me tiraron como un fiambre sobre una camilla, donde quedaron a la intemperie  todas las falencias de mi quijotesca figura.

Solo escuchaba la orden de quieto!…y de esa manera encabrestaron a mi caballo piquetero, me enredaron mi cuerpo totalmente desnudo con mil cables, me engrillaron mis tobillos y muñecas y como en un inframundo vampirezco succionaron mi sangre y todas mis legales pertenencias.

Cuando a uno le dicen quieto!… uno sabe que no puede correr ni protestar porque lo tiran. El sometimiento era total y se podía asociar al régimen fascista de Adolfo Hitler. Totalmente indefenso y desvergonzado bajo la noción desdibujada  por el tranquilizante note que mi vida se extraviaba por los laberintos de la Santa maría oí la palabra de la doctora que decía llévenselo y a poco rato sentí que había un cambio brusco de la temperatura y que llegaba a un sitio desconocido de la geografía universal.

En mi alucinado enfoque vi las huestes del rey Jerjes de Persia con sus miles de arqueros y su legión de cari tapados magos acometiendo con toda su furia contra mí y contra los trescientos espartanos. Vencido como ya venía del imperio de la bella pero maléfica doctora Gonzales, fui presa fácil del enemigo  y sentí que ya era como conejillo  de experimentos ya no, en la batalla de los trescientos (300)  sino en un laboratorio de la NASA de la CIA o de los alienígenas.

El sistema estaba robotizado y los entes con los rostros tapados se movían con rapidez  llevando cada uno de ellos como unas bitácoras donde apuntaban todos los detalles de los que allí estábamos cautivos. Se escuchaban toda clase de sonidos, voces quejumbrosas, llantos, risas, etc. y bajo esa tenebrosa situación hacia un examen sobre mi vieja vida que ya no valía cinco centavos.

Dejo a mis hijos que tanto amo y a mis amigos que tanto aprecio; dejo el gusto tan particular de admirar a las mujeres bellas y el placer de degustar un traguito de buchana  con el profe Vergara, con Pedro Pérez, con Gabriel Rosales, con Jorge, con Fabio Santos, con Jaime Úrsula, con Gregorio el bajista (el padre hoyos) y con el profesor Hamburger . Dejo a mi pueblo con mis hermanos y otra legión de grandes amigos  como Alfredo Merlano, Carlitos su padre y demás hermanos, Isaías, Alvarito Coley, Rafi  Rivera, Elenita, Rocio , Yina y Lili .Y todos mis amigos músicos. Siento ese vacío absoluto  donde se precipitan todos mis sueños, mis últimos alientos del amor. Sufro por no haber podido ser más útil a la humanidad, por dejar muchas canciones inéditas que no tuve tiempo de dar a conocer y por quedar a la deriva en el insondable camino de la muerte.

De pronto este análisis de mi vida lo interrumpe un ente como un transformer  que alza su gran cabeza como queriendo devorar mis entrañas luego se retira. Los caritapados  vestían un ridículo y mal confeccionado  ropón azul que sería la expresión más pobre y desastrosa de Amalin de Hazbun y de Silvia Tcherassi.

No sabía si esos entes eran ángeles o demonios y ni tampoco sabía a qué sexo pertenecían, vi muy bien que se tapaban la cabeza con un gorrito parecido a la  boina que usa el maestro Mañungo.

Tirado en una cama que se suspendía, se bajaba y se doblaba me llevaron a un cuarto donde un cajón luminoso tenían unos pichones de loro que pasaban pidiendo comida y nadie los alimentaba, también se escuchaban corneticas que usan los vendedores de pan por las calles de Sincé. Yo sabía que estaba vivo pero no hasta cuándo. Por que sentí que una mano muy fuerte me apretaba el brazo tratando de fracturarme y yo le advertí: me partes el brazo y te demando; de inmediato el hombre me soltó pero no lo podía ver por qué estaba debajo de la cama. De pronto vinieron tres entes y tomaron apuntes en sus bitácoras. uno de ellos comento: esto es un problema de desbalance alimenticio y yo me dije: que es lo que habla este loco, si alguien a ripiao suero con ají y yuca soy yo. Del puerco he comido las patas con frijoles (machucho) tocino guisado y mote con chicharon. De la vaca he comido buena costilla enchocora, ubre, bofe   y buena chinchurria (viseras). La voz de un ente parecida a voz de mujer decía  seferina 1,0 paletas 208, don Tacio 4.25, Uría 29.0, loro 97.0, lechoncitos 6.59 y yo me decía : que serán estas cuentas? Los que nombran ya están muertos.  A la niña Sefe, a don Tacio el papa de Guido Villamil y  a Rafael Uría el capataz del Doria.  No sabía que en todos los cajones luminosos habían 97 loros, 6 lechoncitos y que se iban a comer 208 paletas de helado.

A poquito tiempo de nuevo el hombre me agarro el brazo y nuevamente lo regañe: ve lo que haces te demando! Y el hombre me soltó. Estos entes cara tapadas  me chuzaban los brazos, los dedos y la barriga a cada rato. Uno de ellos venia con un transformer me cogía por los tobillos y las muñecas y me enredaba con muchos cables que salían del mismo transformer. A cada rato me decían: traje! Y me hacían tragar muchos granos y yo me decía: estos entes   posiblemente creen que yo soy pavo o gallina, mientras que a los pobres loros no le traen nada de comer.

Saliendo de esa inconsciencia total pude leer en un letrero que decía: sala de enfermería. Enfoque con precisión mi alrededor y  me di cuenta que estaba en la U.C.I  de la santa maría. Los cajones luminosos eran monitores que indicaban el ritmo cardiaco, la presión arterial y  las ondas eléctricas del corazón. Todo el cableado que tenía en mi pecho, brazo y dedos estudiaban mi sistema cardiovascular.

De sopetón se presentaron tres personas con sus cuaderno y deduje que era un medico que me decía: cómo se siente? Yo le respondí: doctor no sé ni cómo estoy; de inmediato una persona vestida de azul y con tapaboca dijo: seratinina 1.0, potacio 4.25, cloro 97, urea 29.0 y me dije: ahh carajo yo estaba escuchando mal.

Como todo el tiempo he sido buen  observador de las mujeres me di cuenta que la de la voz cantante era mujer era alta y elegante y se llamaba Greicy (jefe de enfermeras). Los transformer eran las maquinas de los rayos x y los equipos para los electro. Cuando menos lo esperaba se presento el doctor Oliver  el cardiólogo con un aparato raro que reproducía los ruidos del corazón de una manera bastante turbulenta y me dijo: aquí se ve una cosita y estás en tratamiento para que no se repita esa cosita y se fue. Me atendió un doctor franco que camina como un karateca y yo me decía: ese tipo con una patada voladora borra del mapa a cualquiera.  Entre los jefes estaba Dimas, Gonzales, y un ejército de mujeres bellas llenas de vocación, sencillez y mucha humanidad. Lo mío  no era mayor cosa como dijo el doctor Oliver, solo era un infarto agudo del miocardio sin otras especificaciones.

 

Leonardo Gamarra Romero.

 

Poema para adivinar

Viviendo mi inconsciente realidad en la U.C.I pude escuchar un espanto de guacharacas en concierto. Eran en esencia voces liberadas del cansancio y el estrés libando los fermentos del buen humor.

Una de esas voces trajo a mí los ecos provincianos de un ayer, donde vi una niña caminar descalza las calles de su pueblo  con la figura de cristal de sus seis años y la mirada hacia el futuro de sus sueños. Y la voz me pintaba de menta los esteros y de azul cielo el cristalino espejo hídrico del San Jorge y de sus playas donde cada noche la luna llena se refleja más hermosa.

Y esa voz me trazaba el horizontal lienzo de la panorámica llanura fincenuana hasta las estribaciones de las serranías de san Lucas y el cerro del corcovado. Venia en ella el canto de los alcaravanes y el graznido de un elegante garza blanca posada sobre un zarzal enmarcada en un verso y en el rojizo y sabanero sol que muere cada tarde.

Y esa voz me sabía a guayaba, a nísperos, a ciruelas y a los dulces mamones y corozos de la región. Y traía los olores del invierno y de la primavera acercándome más a las pertenencias de sus entrañas  y de esa niña ya mujer, que camina erguida y desafiante ante los retos y trampas del destino.

Y ya no era la voz y ya no era la niña, era ella, la que ha debido estar en mí desde mis tiempos nuevos,  y la que deseo que este en mis tiempos viejos, para usar la estructura de sus extremidades como varas  de mangle y parar a la orilla del Mojana, mi soñado bohío  con la techumbre de su alma el hogar de su risa y  el fuerte cercado con su temperamento, bajo el cóncavo y universal Guacari  florecido de estrellas y luceros que cuelgan de su tibia noche como amarillos mangos que pueden alcanzarse con las manos.

Y aunque mi corazón quiera escaparse por el escabroso camino de la muerte mi vida no se ira, porque ella es mi corazón.

Leonardo Gamarra Romero (legaro).

Leonardogamarra40@gmail.com

 

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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