¡EL RECULADO DEL OVEJO!
— Los errores del PES VALLENATO.
Por Alfonso Hamburger.

El único que se percató de la tristeza sabanera- especialmente la de Alfonso Hamburger- fue el maestro Rosendo Romero Ospino, el poeta de Villanueva, quien le puso al comunicador una mano sobre el hombro y caminaron un largo tramo, mientras le decía:
–No estés triste Hamburger, que la élite del vallenato te apoyamos, sabemos quién eres tú y el trabajo que vienes haciendo por la música sabanera, pero esta unión en necesaria para que todos avancemos.
La firma del PES Vallenato era como bajar las banderas de un movimiento cultural, una especie de expedición al interior de las músicas del Caribe, que s había iniciado tiempo atrás.
Esa tarde en Fonseca, La Guajira, después de visitar la tumba de Luis Enrique Martínez, en Hatico, se leyó el texto casi definitivo, que proponía al Ministerio de Cultura y después a la Unesco al vallenato tradicional como patrimonio cultural e inmaterial de Colombia y de la humanidad.
Esa tarde se sellaba una unidad entre el valle y la sabana, en una disputa que había arrancado con la gota fría y que seguía después con una serie de temas que Adolfo Pacheco Anillo había escrito con cuatro canciones que resumen la refriega: La hamaca grande, la espina, la diferencia y el engaño. Luis Pitre, había escrito el festival vallenato, a raíz de la derrota de Luis Enrique, advirtiendo que al festival le quedaban poquitos días.
El maestro Abel Antonio Villa jamás, ni Juancho Polo, tampoco Pacho Rada, se dejaron encasillar con el término vallenato, pero nadie tomó una postura tan académica y decidida como el juglar de los Montes de María, cuyos estudios del folclor y sus tratados de derecho, ayudaron a clarificar conceptos en el momento que los festivales empezaron a clasificar los ritmos, especialmente el son, no propiamente vallenato, sino de la zona de Plato, en el bajo Magdalena. El chicote, tan típico, tan arhuaco, lo dejaron por fuera de combate. Se la jugaron con los cuatro aires ya conocidos.
Abel Antonio Villa, que se promocionó equivocadamente como el padre del acordeón, narrativa ya obsoleta, decía “Música de acordeón del Magdalena grande”. Y Adolfo Pacheco puso una serenata con música de acordeón, en la hamaca grande, evitando poner la palabra vallenato. Y en Barranquilla hicieron un festival distrital de Música de acordeón, que después cayó en el estilo vallenato.
Yo, sin pensarlo, me vi atrapado en esta teoría sabanera, contraria al centralismo de Valledupar, también cuestionado por los guajiros, verdaderos padres del vallenato como tal. Numas Gil, Lisandro Meza y muchos más, se sumaron al dolor que representaron las derrotas de Andrés Landero, Alfredo Gutiérrez, Lisandro Meza, Monche Vargas y Felipe Paternina, en los primeros cinco festivales en Valledupar, hasta que, en 1974, el Rebelde Gutierrez logró abrir la racha victoriosa.

La disputa propició muchos titulares y foros. Incluso, un sabanero, como Rafael Sarmiento Coley, tituló en El Heraldo, que era “Vallenato y punto”, desconociendo los aportes de la sabana, en la consolidación de una manifestación. Después trató de corregir, pero ya era casi imposible recoger el agua derramada. Los encuentros nacionales de investigadores de muisca vallenata, propiciados por la Universidad Popular del Cesar y Jaime Maestre, casi a la par del PES vallenato, dejaron en claro que no existe un vallenato sabanero. Son manifestaciones parecidas, casi con el mismo instrumental, pero con estilos diferentes.
Yo había publicado un libro en 2003, titulado “En Cofre de Plata, música corralera, de la plaza de Majagual a la modernidad”, cuando este concepto de posmodernidad no se había usado y fue tan fuerte que Abel Medina dijo que eso era “Un insulto al vallenato”. Las dos ediciones se acabaron rápido.

Aún firmado el borrador en Fonseca, las heridas que había causado el conflicto, no quedaron saneadas del todo. En esa asamblea, el moderador, un muchacho que pusieron a leer las memorias del foro, mencionó la palabra porro y en la tribuna protestó un desconocido, diciendo que el vallenato no tenía nada que ver con el porro.
El recorrido que hicimos durante meses por el territorio donde nació el vallenato, sirvió efectivamente, como publicidad- un poco engañosa- para promulgar que el vallenato había sido elevado a patrimonio cultural e inmaterial de la humanidad por la Unesco, el primero de diciembres de 2015. Y sonaron trompetas y voladores. No se leyó la letra menuda.
Don Víctor Uribe y mi persona, viajamos a Valledupar aquel día y allá lo que hallamos fue un acto en el que el alcalde Socarrás, hacia un balance de su gestión , lo que opacó nuestra reunión, a la que asistieron Carlos Llanos, Estela Duran Escalona, Rosendo Romero y otros más. Nos dejaron botados. Cada quien tomó rumbo a casa y yo viajé de noche con mis dos hijas, hasta San Jacinto. El detonante publicitario ya estaba activado.
La realidad es que la manifestación fue incluida en una lista en riesgo y se establecieron algunos puntos para que fuera preservada con toda su riqueza en un lapso de cinco años. La letra menuda fue acallada por el detonante de patrimonio mundial.

Hoy, diez años después, el balance es desastroso. El vallenato tradicional se está acabando. Pocos se pusieron la camisa diez. Hay reclamos.
En el primer año apenas se lograron gestionar trescientos millones de pesos en algunos proyectos menores, como vallenato al parque y otros eventos, cuya aplicación replicó vicios del Festival de la Leyenda Vallenata: posible nepotismo. Se engolosinaron con el detonante del éxito parcial.
De la sabana logramos meter dos grupos juveniles en vallenato al parque, Carolina Ramírez y creo que Lionel Velásquez, de Arjona, que había sido rey infantil vallenato. Después todo se fue dilatando y no se pudo aguantar las tendencias del mercado, lo que yo denomino “El reculado del ovejo”, que es una cuestión de macro economía y de marketing que se escapa de los ambientes locales y que se exacerbó con las redes sociales. A ello se suma la falta de educación musical en las IE y el comportamiento laxo de las juventudes , en donde los gustos son incontrolables. La palabra vallenato sigue siendo usada para promocionar casetas y programas de todo tipo, pero lo que se ofrece como tal habría que ponerle otro nombre, como pasó con el son que se convirtió en salsa.
Para este proceso de Salvaguardia, donde la sabana aportó la presencia de doce puntales, investigadores y gestores culturales, a mí me reclutó el filósofo Adrián Pablo Villamizar, quien se mostró más interesado en aplicar para el desarrollo de textos y videos que mostraran la ruta y a bien que lo cumplió. El ángel Bohemio leyó algo mío en las redes y me propuso reemplazarlo. Fue imposible. Nosotros fuimos relajados a sumar votos, pero poca opinión. Y eso los hizo equivocar. Legislaron solo para el vallenato de aquel lado del río. La sabana fue excluida de los posibles beneficios.
Personalmente y a conciencia, escogí los doce apóstoles de la sabana, como los hermanos Felipe y Mario Paternina, Víctor Uribe, Los hermanos Edgar y Eduard Cortes Uparela, Joaquín Solano Cortes, Ariel Castillo, Numas Gil, Pacho Burgos, Adolfo Pacheco, entre otros. Firmamos la paz.
La primera reunión del Pes en Riohacha, sin ningún sabanero, fue un fracaso. Los guajiros tenían aún clavadas las espinas por las derrotas de Luis Enrique Martínez y Juancho Rois, en el Festival de la Leyenda Vallenata.
Nosotros fuimos muy respetuosos del proceso y cerramos las heridas de muchas derrotas en tarima y dejamos que el bloque del Magdalena grande, lideraran el PES, en el que se cometieron muchos errores. Hoy me lamento. Al fin y al cabo, se impuso la tèsis de que el vallenato era exclusivo de del país vallenato ( Cesar, La Guajira y Magdalena), con la salvedad de que en La Sabana había una serie de municipios con festivales de acordeón, satélites, donde se cultivaba el estilo vallenato, como Arjona, San Juan Nepo, San Jacinto, Los Palmitos, Corozal, Chinù y Sahagún, entre otros, pero no fueron incluidos en el presupuesto.

Aquí hacemos la salvedad, de que el maestro Felipe Paternina, seguidor de Luis Enrique Martínez, desarrolló con su talento y propio pecunio su propio Plan especial de Salvaguardia del vallenato tradicional, con más de diez trabajos de Colección, con caja, guacharaca, acordeón y guitarra, lo que debe garantizarle siquiera una foto en la galería de grandes reyes del vallenato. Luis Enrique Martínez, Calixto Ochoa, Adriano Salas, Adolfo Pacheco, Julio de la Ossa, Enrique Diaz, Andrés Landero, entre otros tienen un sonido renovado del vallenato tradicional, desde La Sabana.
Sinceramente, creo que la delegación de la sabana, muy disciplinada en el proceso, debió bregar porque se incluyera todos el Caribe en ese plan y no sólo los tres departamentos incluidos. O al menos hacer un plan de salvaguardia de las músicas de Caribe.
Si en San Jacinto hacen un plan de salvaguardia de la gaita y dejan por fuera a Ovejas, pueden estar repitiendo el fracaso del plan vallenato. Lo mismo en el PES de la cumbia, donde el Banco tiene gran injerencia. En ese plan no incluyeron un solo musico de Sucre, donde hay dos cumbias que le siguen dando la vuelta al mundo, La pollera colorà y la cumbia sampuesana.
Es de advertir que la burocratización de la cultura y la injerencia de los técnicos que vienen del interior-muy disciplinados en sus viáticos -terminan imponiendo sus asuntos, mientras nosotros nos relajamos. La aplicación de los recursos tuvieron tropiezos con las entidades escogidas. Hubo lentitud y quizás dispersión.
Se destaca el desvelo permanente de la familia Llanos Escalona, que han continuado trabajando desde sus emprendimientos, como Guacao y sus textos.
Es urgente, ante el despelote de nuestra música, donde cada quien la programa según sus gustos personales y como si se tuviera un rifle que apunta a sus propios egos, hace denotar que padecemos de una buena cultura musical, para variar las sonadas.
El porro, sin embargo, sin irse por el mundo, como la cumbia, no parece tener problema, mientras la suspensión de la corraleja, en tres años va a representar un fuerte golpe, especialmente para el porro de las bandas de vientos. Son más de trescientas corralejas, cuyo número de espectadores, es casi igual al que va al fùtbol. Hacia dònde se dispersará esa afición?

*. Alfonso Hamburger, premio nacional de literatura Manuel Zapata Olivella, 2012.
