LA SARAPA DE ALEJO NARVAEZ.
Alejandro Narváez, compositor nacido en Las Llanadas (Corozal), ha logrado consolidar una amistad con el investigador vallenato, Julio Cesar Oñate Martínez, en torno del folclor. Hablan asiduamente por teléfono y Narváez lo mantiene actualizado desde Sincelejo, sobre la vida de algunos vallenatos que se quedaron a vivir para siempre en las sabanas, como Calixto Ochoa o el mismo “Chongo” Rivera, un acordeonista villanuevero, tío de Harold Rivera, rey vallenato oriundo de Sincelejo.
Sobre esa amistad habla el compositor sabanero, poeta Pedro Pérez Flórez, extraordinario relator, con una descripción fotográfica de aquella relación. Narváez- me dijo – le envió a Julio cesar una sarapa como la que Cecé Cumplido le mandaba a Joe Arroyo en sus mejores tempos; llevaba cuatro boca chicos salados, diez bolos de queso biche, diez libras de ñame espino y la tapa de la cajeta eran diez libras de bagre seco doblado en dos.
Alejo acaba de producir un trabajo fonográfico con trece canciones suyas. El acordeón lo toca “El Chongo Rivera”, residenciado en Sincelejo desde hace cincuenta años (acá murió su esposa) con el canto de dos voces magistrales, Rodri Mercado, que estuvo con Aniceto Molina y Pedro Pérez Santa María, una de las mejores voces de todos los tiempos en la sabana, un vendedor de bolitas de leche cuya matiz vocal está entre Silvio Brito y Juan Piña. Es decir, acá en la sabana el talento se da silvestre, rueda por los pretiles y anda convertida en el dulce de leche, por las calles de Sampues.
Recomiendo este CD,
