Alfonso Marrugo, el gladiador en reposo
Por: Marialis Hamburger
LA PARTE OSCURA DE LA LUNA
Después de conocer la frustrada carrera de Kid Cascarita, cosa poco usual entre los jóvenes, empecé a preguntar por la historia del boxeo de Sucre, de la que no se ha escrito mucho, pero todos los caminos me llevaban al profesor Alfonso Marrugo Montes, segundo bachiller de Colombia en ser campeón nacional de boxeo, habiendo vencido al intocable bogotano, José Bernardo Prada, protegido por el gran Pacheco (presentador de televisión) en 1971, cuatro años después de ser creado el Departamento.
Antes de que la vida lo volviera gladiador, Marrugo fue un niño dividido entre dos geografías: Cartagena, donde pasó sus primeros años y Sincelejo la ciudad que lo vio nacer y crecer. Su familia regresó desde la Heroica por la enfermedad de su madre, buscando alivio en el calor seco de la sabana. En el barrio Mochila, un territorio de travesuras, barro y calle, Alfonso descubrió el pulso de la vida. Ese regreso, que pudo haber sido solo un cambio de casa, terminó siendo el principio secreto de su destino.
El ser bachiller y de nariz recta, iba a ser definitivo en sus resultados, tanto en la parte profesional, donde se frustró como KID Cascarita – hizo 104 peleas en calidad de aficionado-, por desconocer entonces la parte oscura de la luna, como en la forma de mirar el boxeo, Marrugo conoce todos los vericuetos del deporte de fistiana , que va más allá de ser negro, bruto y tener nariz chata, como se ha creído falsamente. El boxeo es algo más, que va mucho más allá de la selección natural del más fuerte, el que se impone a la naturaleza. Y quizás más allá de la analogía del espermatozoide más veloz, que lleva el mensaje y del ovulo que es la meta y que sierra las compuertas. Del que dejó atrás tres millones de competidores.
EL ENCUENTRO
La primera escena con el profesor Marrugo, que hoy ya tiene 74 años, parece sustraída de una novela del nobel portugués José Saramago. El hombre manejaba su pequeño auto- la camioneta quedó varada en el patio cuando empezó a levantar un tercer piso de su casa-, en el momento en que sufrió un segundo bajón de la azúcar. Se había acomodado mejor al auto pequeño por ser más dócil en el marasmo de motocicletas que congestionan las calles de Sincelejo, donde nació en un hogar conformado por un conductor cartagenero con una sincelejana. Saliendo del barrio Las Margaritas, donde vive desde 1980, llegando al primer semáforo sintió que el mundo se le iba y a pesar de que trató de no atropellar a quienes iban delante, causó un verdadero caos.
– ¡Va borracho!, gritó uno.
– ¡Cójanlo, que va enmariguanado!, dijo otro.
El auto se frenó con un bordillo, pero no le pasó gran cosa. Aún estaba vivo y se percataba de que respiraba. Los mototaxistas rodearon su auto para lincharlo. Había dos jóvenes afectados levemente. Siendo un profesor tan conocido, fue descubierto por un alumno, quien llamó a la policía para que lo protegieran. Fue lo correcto.
No había perdido la vista como el personaje de Saramago, pero si un poco la respiración, tuvo una especie de vahído, siendo internado en una clínica por 22 días. Lo reanimaron y después lo sometieron a una operación de corazón abierto y le pusieron una especie de alcantarilla para que fluyera la sangre. Le dicen steen, una especie de carburador. Algo electrónico, como un chip.
Desde entonces Marrugo se cuida con las mismas medidas que debe tener un deportista antes de una pelea, especialmente el estrés por responsabilidad, que comienza con el sobo de manos, las maripositas en el estómago y ganas de orinar, aunque sólo sean dos gotas.
TERRITORIO DE BARRO NEGRO, LAS MARGARITAS

Gimnasio a cielo abierto en el barrio Las Margaritas: el ring improvisado donde Alfonso Marrugo entrena a sus muchachos, sin techo, entre polvo, barro, sol y brisa, como se ha hecho siempre en el boxeo popular.
Nos citamos en una mañana nublada, después del contacto del día anterior, en la entrada de la finca en el Barrio Las Margaritas. En tres intentos de llamada, jamás contestó su celular, pero ahora me esperaba en la portería que da para el monte en el campo de fútbol, entonces supe que su padre-Rafael Marrugo Gonzales- llegó de Cartagena comenzando los años cuarenta del siglo pasado como conductor de los Zuluaga, que eran grandes comerciantes y cuando un chofer se miraba con la admiración de un piloto de aviación. Aquí se casó con una de las Montes y con ella tuvo siete hijos. Alfonso es el segundo, y su vida no se justifica sin el boxeo.
Pero el boxeo no llegó como vocación heredada, sino como pecado infantil. Alfonso se metía clandestinamente a un patio vecino donde jóvenes golpeaban sacos. El sonido lo atrapaba: un tambor seco, primitivo, que parecía llamarlo por su nombre. Lo echaban, lo regañaban, lo expulsaban, pero él volvía. Hasta que un día, cansado, Molinillo Acosta le puso unos guantes y lo lanzó contra un muchacho mayor. Y el niño Alfonso, huesudo y nervioso, lo tumbó. Ese fue su bautizo no oficial.
Yo tenía sed, apenas había desayunado unas tajadas de zapote, de modo que lo invité a su casa. Vi que el profesor Marrugo- padre de tres hijos con una barranquillera que le presentó una prima- era más alto que en mi imaginación y caminaba con un poco de dificultad, pero con una mente lúcida, y que se expresa con una voz algo ronca, pero sabia.
– Antes del incidente con las motos, pesaba cien kilos, ahora anda en noventa.
Esto por aquí era una un barro negro y una montaña donde se escondían los delincuentes, atracaban, dice el profesor, mientras cruzábamos por un cuadrilátero de boxeo en desuso. De ese gimnasio salieron varios campeones sucreños.
A la derecha hay nuevas urbanizaciones y pajas, también un gran rancho de palma, de una sede social.
– Esta era una finca de sesenta hectáreas y empezaron a vender lotes como queso, dice.
Llegamos a Las Margaritas, un barrio privilegiado de Sincelejo, por la gran cantidad de parques, mientras el profesor cuida de que el lugar donde está el gimnasio al aire libre- son unos noventa en toda la cuidad- los nuevos urbanizadores no lo conviertan en parqueadero.
EL BOXEO EN SUCRE
Hernando “Molinillo” Acosta era cartagenero y fue quizás el primer hombre que se vistió de mujer para meterse en las corralejas, pero lo hacía mientras tenían el toro amarrado. Todavía no se habían caído los palcos en la tragedia del veinte de enero de 1980 y el barrio de Mochila había visto crecer a los Marrugo Montes. En ese barrio practicaban de todo, porque había una cancha múltiple y después de la desgracia, el lugar no se convirtió en un campo santo ni en un monumento, sino en un lugar de casetas y de futbol. Alfonso Marrugo tenía doce años cuando vio las primeras peleas en un gimnasio que estaba donde era el Teatro Apolo, cerca del antiguo Telecom. Iba todos los días, hasta que Molinillo Acosta vio su interés y sin ningún tipo de prácticas, le puso los guantes con uno de sus alumnos “Y lo levantó a puños”.
Pero detrás de aquella escena fundacional hubo un conflicto doméstico que casi trunca su futuro. Su padre se enteró por accidente, cuando un amigo lo felicitó en un billar por tener “tremendo fajador” como hijo. El hombre quedó frío, desconcertado. Al descubrirlo, fue a increpar a Molinillo, hubo gritos, amenazas, carreras. Finalmente, un profesor del colegio intervino: si Alfonso quería seguir boxeando, debía mejorar sus notas. Y el muchacho, que hasta entonces tiraba piedras y perdía el año, aprendió a dividir su tiempo entre tareas y golpes. El boxeo, paradójicamente, lo enderezó. Ese era su destino.
Alfonso Marrugo Montes era de los que tiraba piedras mientras estudiaba en el Instituto Antonio Lenis, donde se graduó cuando ya había peleado un título nacional. Cuando esto era Bolívar ya había boxeo, pero cuando surge el Departamento de Sucre, en 1967, se organiza la liga y el departamento Mariscal va por primera vez a un nacional de boxeo, en San Andrés Islas. A Marrugo no le dieron permiso.
De los boxeadores que fueron recuerda a Raúl Miranda, a quien le decían Ñau, que era Walter Junior; A Pedro Harada Vitrolo, de Tolú, El saca Salgado, mini mosca, de Corozal, Nelson Vergara, Hernando González ( de Sincelejo) y un tal Harada, de ojos asiáticos, cuyo nombre lo tiene enredado en una telaraña. Es el único pedazo donde se tropieza con Kid Cascarita, quien dijo ser amigo del mexicano. En 1969 Alfonso Marrugo viaja al torneo nacional de Barranquilla y gana sus tres peleas y va a la final, quedando medalla de plata y en 1970 repite la final y pierde con Armando Pérez, en Ibagué.
En total, Alfonso llegó a disputar más de ciento veinte combates: ganó 104, perdió entre quince y veinte, y solo tres veces lo noquearon. Sus primeras quince peleas fueron victorias consecutivas, logradas cuando aún era un muchacho que apenas había aprendido a anudar los guantes.

Alfonso Marrugo Montes, ex campeón nacional de boxeo, muestra en su casa de Las Margaritas algunas de las medallas obtenidas en más de ciento veinte combates.
La pelea que lo consagra en Bogotá en 1972 fue contra el ídolo bogotano José Bernardo Prada, ya había derrotado a Miguel “El turco” . Con Prada fue una decisión dividida y el conocido presentador de TV Fernando González, Pacheco, estuvo molestando para quitare el triunfo, argumentando que el torneo se iba abajo sin Prada en la fina. Prada era un ídolo de la TV y primer y único peso pesado de Colombia entonces.
Marrugo ganó la primera pelea contra un san andresano y el haber derrotado a Prada lo puso en la retina de los caza talentos del boxeo profesional. Ganó la final contra Orlando Gastelbondo. De regreso a Cartagena en Aero cóndor, viaja con el periodista Melanio Porto Ariza, quien lo estuvo instruyendo, pero sin mostrarle la parte oscura de la luna. El boxeo tiene sus mañas y sus complicaciones, quizás cercanas a la mafia.
Su carrera internacional fue igual de turbulenta y luminosa: en Puerto Rico cayó ante un local de apellido San Juan; en los Juegos Centroamericanos de Costa Rica ganó al venezolano, al mexicano y a otro rival más, hasta perder la final contra un cubano afilado por la ciencia. En Panamá obtuvo bronce bolivariano, y volvió a Puerto Rico por una plata más. Estuvo a punto de ir a Múnich 72, pero perdió el cupo ante Emiliano Villa. Su vida estuvo a un paso de cruzarse con la tragedia olímpica, pero el destino lo retuvo en la orilla.
Marrugo logró ser selección Colombia para unas justas centroamericanas en Puerto Rico, pero perdió su primera pelea con un local.
Cartagena era muy influyente en Sucre, por la música, el boxeo y el béisbol. De allá vino Don Ricardo Domínguez Cárdenas, quien, con otros nombres como Hernando Támara, de la Toyota y Luis Ortiz Tuñón, empiezan a organizar la liga de Sucre.
Uno de los episodios más curiosos de su preparación ocurrió en un tanque de agua. Para entrenar la resistencia antes de competir en Bogotá, donde la altura abruma a los pulmones, Marrugo ideó un método empírico casi ritual: meterse en un tanque y aguantar bajo el agua, como si el fondo fuera el altiplano. El que más durara, decía, sería el que mejor soportara la falta de oxígeno en la capital. Y funcionó.

Los guantes de pelea con los que Marrugo entrena a sus pupilos en su improvisado gimnasio de barrio en Las Margaritas.
Alfonso Marrugo era un boxeador técnico, de buena estatura y biotipo, pero con nariz de futbolista, que tuvo que escoger entre la disciplina de educar a la del boxeo, convirtiéndose en el segundo boxeador bachiller, después del monteriano Zenón Vellojin, en ganar un título nacional.
Cuando decide estudiar licenciatura en Educación Física tuvo tres ofertas, en Bogotá, Bucaramanga y Barranquilla. Escoge Barranquilla por una ayuda de Tito Crissien , que era dirigente de la CUC, y empieza a disminuir su actividad boxística. Vive en unas piezas rusticas en el ya demolido coliseo Humberto Perea, donde no había seguridad y se decide vivir donde una tía del lado de los Montes y allí conoce a su esposa y se gradúa. Fue el primero en esta disciplina en Sucre, donde fue pionero de las categorías menores, de donde salieron varios campeones del mundo y otros prospectos, como Rafael Pineda y el Chicanero Mendoza. Para ello dio una dura batallas con los directivos del Ministerio de Educación, que se oponían, cuando a nivel mundial existía esas instancias.
Lo que pocos saben es que Sincelejo se convirtió en la cuna del boxeo menor en Colombia precisamente por él. Cuando el Ministerio de Educación insistía en que los menores de 19 años no podían boxear, Marrugo y otros entrenadores organizaron un torneo histórico con 23 ligas. Hubo ambulancias, médicos, camillas, todo un operativo digno de capital. Intentaron frenarlo desde Bogotá, pero no existía decreto que prohibiera nada. “Lo hacemos igual”, dijo Marrugo. Y lo hicieron. Y no pasó nada. Desde entonces, el país comprendió que los niños también podían boxear con seguridad y ciencia.
Alfonso Marrugo se convierte en el primer profesor de Educación Física Sucreño y a su regreso lo vinculan con la oficina de Coldeportes, entonces empieza su lucha por corregir errores y descubrir entuertos, encuentra gente bruta y atrancada por dentro, que impiden los procesos científicos. No quiere mencionar nombres.
Allí está por pocos años, porque no entra en las diatribas políticas, aunque en parte cede para sobrevivir en este ambiente, hasta que lo llaman para dictar clases en Sampués, donde es engañado. Lo utilizan para sacar a un profesor con problemas en Morroa y lo envían a la capital de la hamaca. Quiere regresarse, pero es tan impecable su gestión, que en Morroa no lo dejan salir y allí se pensionó como docente. Eso sí, sin dejar de proyectar su sabiduría en Sincelejo. Se volvió un científico del deporte.
Marrugo siempre ha sido un hombre pulcro, estudioso, combativo y muy preparado. Siempre vio el boxeo por la parte científica y lideró muchos procesos. Viajó por el mundo haciendo seminarios deportivos y cuando empezó su gimnasio a cielo abierto en Las Margaritas, cerca de su casa, trajo tres campeones mundiales para motivar a sus discípulos, entre ellos Fidel Bassa, a quien vio en sus inicios en Barranquilla, Yuvergen Martínez y Justo Támara.

En las paredes, fotos y recortes que guardan sus triunfos y las figuras que lo inspiraron: memoria viva de una vida entregada al boxeo.
A este gladiador, hoy con la lucha contra la diabetes y el cuidado de su mujer- quedó solo con ella, pues sus hijos volaron- siempre trabajó la parte mental de sus deportistas, luchó contra el estrés de la responsabilidad. Nunca tuvo reemplazo y en algunos puestos se volvió imprescindible, pero sin bajar la cabeza.
También entendió que el boxeo no solo se libra con puños: se libra con diplomacia. En Argentina, durante un curso, le dijeron una frase brutal: “Si votas contra un argentino, te la cobran contra un colombiano después”. Así era la política deportiva. Por eso Marrugo insiste en que el peleador debe ganar con claridad, tanto que ni la venganza ni el favoritismo puedan arrebatarle la gloria.
El proceso de selección humana, donde los más fuertes se imponen-, a lo natural, lo tiene claro. Los negros que llegaron del África no venían para ser bajados en hospedajes ni para cosas finas, los más débiles morían en el viaje y los que sobrevivieron les tocó cavar zanjas, construir murallas, cultivar plantíos y resistir, de allí que esta raza haya aportado tanto a Colombia y a Sucre. Zonas como San Onofre y Tolú, están llenas de ese biotipo, pero no son los únicos, porque con disciplina se pueden conseguir resultados en cualquier zona.
Y aunque reconoce la fuerza genética que aportaron esos ancestros, Marrugo repite siempre lo mismo: el biotipo ayuda, pero es la disciplina la que fabrica campeones. La ciencia del deporte, dice, puede llevar a un muchacho de cualquier barrio a la cima si hay método, estudio y constancia.
Lamentablemente Colombia no ha contado con buenos árbitros internacionales, los que cobran venganza y la política internacional también incide en las decisiones del boxeo. Estamos moros en medallas olímpicas de Boxeo, mientras naciones más pequeñas han tenido hasta doce campeones olímpicos, porque la selección no es natural, sino científica. Al niño lo encausan para lo qué debe ser, después del estudio del ADN.
En 1988 el Sanonofrino Jorge Eliecer Julio Rocha, no fue campeón Olímpico porque uno de los jueces, en aquel 3-2 fatal de las tarjetas, era Argentino y se acordó que Colombia no los apoyó en la guerra por las Malvinas en disputa con Inglaterra. Julio Rocha, con excelsas condiciones, apenas alcanzó la medalla de bronce.
Cuando Alfonso estuvo en un cursillo en Argentina por 22 días, la decisión política de Colombia, la sentía en carne propia.
-Si tu votas en contra de un argentino en una pelea, te la cobran contra un colombiano más adelante, así de simple, por eso el peleador tiene que ganar en el ring, para asegurar que su supervivencia, sentencia.
Lamentablemente, Alfonso Marrugo, por sus estudios y Kid Cascarita, por otras circunstancias, no avanzaron hacia el boxeo de paga.


[…] Privacy […]