El templo de la Gaita

Por  Alfonso Hamburger

–Papá, por qué no soy San jacintera?

–Porque naciste en Barranquilla, hija.

–Yo quiero ser de San Jacinto, Papá.

sj1Elisa, de siete años, no tuvo la suerte de nacer en  San Jacinto, como  su padre, el ingeniero industrial y especialista en salud ocupacional, Luis Castro Montes, quien  desde niña le ha inculcado los valores de la Tierra de la hamaca. De ancestros humildes, nacido en la parte alta de La Gloria, Luis dice que ha llorado por su pueblo y que no hay un segundo en su residencia que no se hable del Sitio. Ello ha motivado e impregnado tanto a su hija, que ésta le monta sus pataletas. Le reclama de no haber hecho coincidir su nacimiento en San Jacinto. Llora, sigue pataleando. Pone la hamaca grande, conoce a Pacheco,  a Landero y  a los gaiteros. Baila con el legado de Eduardo Lora, escucha San Jacinto querido de los Pieros y disfruta con una hamaca o una mochila. Hasta  a Diomedes Díaz le hubiese gustado haber nacido en San Jacinto, el pueblo más ancestral de América, un cruce de caminos de todas las culturas.

Estoy en las  playas de Tolú y apenas  saboreo los estertores de la parranda brindada en la Viña de Hamburgo por mi primo Adalberto Torres y su señora y con la atención esmerada de Henry Javier, a quien Luis le propuso que aspire a la Alcaldía. “Porque Ike es gente que sabe a gente y todos lo queremos”. “Sería un alcalde de lujo”, sostiene. Pero IKe no tiene temperamento de político y prefiere la paz y el abrazo de  los amigos. Quien tiene aptitud de político soy yo, pero nadie me propone ni me apoya.

Bueno, después de esa paja mental, les digo que estas fiestas, y en especial esta parranda ha estado tan buena, con la presencia de viejos amigos, que sería profuso señalar nombre por nombre. Resalto la presencia de algunos, muy entrañables, como Belisario Pacheco y  Nicolás Reyes, el hijo de Nicolacito, con quien me disputé los  primeros amores y a quienes no veía desde hace lustros. Ferna Baty se  vino de Marialabaja, con esa alegría de servidor de tragos, Tavo Barraza, que tiene un vocerron envidiable, y  Cristóbal Fernández,  quien se radicó en Cartagena por accidente y es, según  me confesó, precursor de la champeta en esa ciudad. Bastante delgado a sus 60 años, Fernández tiene una buena historia. Carmelo Torres ya es todo un juglar, cuya calidad es incuestionable. Carolina Ramírez, sobrada, acompañando al gran Adolfo Pacheco, siempre figura y detallista.  Robert Cortina y Jaime Maldonado, así como  el mono Quiroz.

***.

La presencia de Piero en la tarima del festival de gaitas, enorme. Un sueño cumplido, al lado de Nando  e Ifo Fernández,  respaldados por bellas y profesionales niñas cartageneras en la percusión y gaitas.  Es la champeta que se rinde al asunto de la gaita, porque lo que está pasando en San Jacinto, en vísperas del pos acuerdo, es metafísica,  un asunto cósmico. Es asunto de Mujè, slogan pegado, pero no sé a que se refiere. Ver presentación de Piero.

Los cachacos, algunos de los cuales no quien ser cachacos, no pelan un festival. Dicen que San Jacinto es un pueblo mágico y que es una especie de templo, donde hay personas que son como unos sacerdotes ancestrales, cuya ambición jamás fue la plata, porque la  plata siempre vuelve a su origen y la felicidad no es eso. Los gaiteros ganan lo estrictamente necesario para pasar la botella, nada más.

Despreciada en su propia tierra, el fenómeno gaitero es cada día más notable en Bogotá y su música, al fin se ha salido con la suya, porque todos están volviendo a ella, como un ritual. Ella está allí y se fortalece  Pero mi pueblo envidioso de notas tristes volvió a la gaita, verso premonitorio de Pacheco. En la gaita, en medio de esa torre de babel que son estas fiestas, confluyen todos. El acordeón, la champeta, el jaz,el rapeo. Es como un horcón esquinero.

La cultura es un derecho de los pueblos y es un deber del Estado financiarla.

LANDERO VIVE.

Un  grupo de jóvenes llegò a la plaza luciendo unos suéteres amarillos con la leyenda “ Landero Vive”. Estaban impacientes porque comenzara la bulla. Después de la prueba del sonido subió  a la tarima, en medio de una fanfarrea predeterminada, con voladores y humos y confetis, un muchacho que se parecía a Landero. Su rostro era ancho debajo de su sombrerero gallardo. Su cara es un poco más redonda, pero muy parecida a la de su abuelo. Es el mismo niño que está en aquella foto vieja,  atento a la conversa que sostengo, cámara en mano, con el maestro, al fondo un almacén de artesanías. Se llama Jeison y se las trae en una combinación de modernidad y tradición.  Su voz es apenas la de un adolecente, pero invita a vivir la cumbia. Su acordeón no es tan gruesa como la de Landero pero sigue fielmente el registro de un hombre que apenas tocaba con tres dedos de sus manos.  El público se identificó con lo que oía y veía.  Supuse, me imaginé en la plaza de Majagual repleta, donde seguramente  estará Jeison en el próximo festival sabanero.

sj2Con tanto trajín, en medio de los abrazos postergados con los años, no aguanté para la serenata y me quedé en mi hamaca, añorando el legado de Eduardo Lora, quien también se las trae y ha logrado rescatar un sonido que  no se pierde y que pone a San Jacinto otra vez en la ruta que jamás ha perdido.   Todo eso está  pasando en medio de un torbellino de cosas que a veces no comprendemos. Lo que si lo saben son Naumas Gil , Julio Larciregui, Soraya Bayuelo, Laura Ardila, Jaime Murillo y tantas celebridades de la investigación que llegan al festival como tirándoselas de loco, pero que están estudiando todos estos fenómenos y aseguran que  San Jacinto es meta física, un pueblo cósmico.

Y qué decir de Nando Fernández, que se vino de Nueva York con Clemencia Rodríguez, especialmente a hacer un coro que dice “Hay San Jacinto, como te desangran cada día” “Hay Jesucristo, querido pueblo mío San Jacinto”, Tengo en mis manos 12 canciones de Piero y creo, que sin proponérselo, haciendo un paréntesis en su profesión de odontólogo, Piero Yamil está construyendo algo que faltaba: La canción social, un poco descuidada por nuestros músicos.

Me vine preocupado el lunes a las siete de la mañana. Antes había llevado un ejemplar de mi novela “Ataque de Frio de Perros” a Julio Olarciregui, quien se acababa de acostar. La gente aun andaba por las calles, con una botella de ron enguacharacada, amanecidos, después de la serenata. En  la plaza de los gaiteros, en medio del reguero de cascarones, suciedad y botellas vacías, estaba Miguel Manrique, con una cerveza en la mano y la mirada larga, perdido. Apenas soltaba la perra. Su canción fue eliminada, pero es que todas eran muy buenas.  La calidad de las canciones inéditas fue extraordinaria y no quisiera estar en el pellejo del jurado. Las canciones de los Castro tienen una estructura a gaita vieja y Rafa le cantó al amor, cosa muy poco usual en la gaita.

Le debo, por supuesto una crónica a Fabiana, que con un año apenas,  aparece como una luz que irradia de felicidad a todos los que amamos a Ike.

Lástima por la inseguridad y nuestros vehículos fueron reventados para sustraer, en un intento de robo masivo, los pasa cintas de los automotores. Esperemos que esa pandilla de ladrones solo haya sido algo pasajero de una fiesta donde llegan muchas gentes buenas,  pero otros solo robar.

De todos modos, gracias, Dios mío por habernos dado la dicha de nacer en San Jacinto y de conservarnos en la fe y la vida.

Y gracias a Elisa, quien podrá, cuando tenga 18 años, ponerse el apellido que quiera y podría llamarse Elisa, como su abuela, pero Elisa San  Jacinto Castro, y nada más.

Ah, gracias a Jaime Maldonado, por su chance, en el que nos habló de sus hijos, que son unos tesos.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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