El día que Nigeria se parecía a Colombia.

El día que Nigeria se pareció a Colombia de la banda cruzada!

Por ALFONSO HAMBURGER.

Las negras nigerianas no querían saber nada del balón. Estaban exhaustas. No tanto física, sino mentalmente. Acababan de perder la posibilidad de ir la final del campeonato mundial sub-17 que se jugó en la India. Colombia, su rival de turno, había marcado solo cuatro goles desde el punto penal en cinco intentos. Estaban empatadas a cuatro tantos, pero a las nigerianas les faltaba un cobro. Colombia entera rezaba. La porterita colombiana, de quince años, Luisa Agudelo, parecía una gatita hermosa, pequeña, ante la gigante africana que iba a patear. Cuando colocó el balón en el punto fatídico se me pareció a Fredy Rincón, longilínea cabeza rapada, delgada, maciza, con la mirada perdida. Supe enseguida que lo iba a botar. Y lo botó. El balón iba ajustado al palo izquierdo de la colombianita, tan ajustado que era imposible atajarlo, pero tan ajustado que chocó rebeldemente con el madero.
Empezaba una nueva tanda desde cero, uno a uno, tiro a tiro, hasta que alguna fallara. Había un drama en cada silencio, en cada mirada.
Las nigerianas no parecían preparadas para ir más allá de los cinco disparos, que habían preparado como máquinas, con sus cinco mejores mujeres. De allí en adelante era como una lotería. Quien fallara moría.
Colombia no se inmutó ante la gigante que habían puesto las nigerianas de portera. Con los brazos abiertos tapaba todo el arco. Daba miedo, no por su bello color de ébano, sino por su estatura. No se movía. Como las serpientes que ahogan a sus víctimas con solo expeler su veneno, la negra dominaba a sus rivales. Ya les había dado resultado, pero mentalmente estaban caídas. No estaban preparadas para remar río arriba después de los primeros cinco disparos.
Colombia marcaba su gol y eso era presión para las negras, que estaban arrumadas en el centro del campo. La cámara mostraba sus rostros estragados y sus pasos lentos al punto penal, como si no fueran a patear un balón sino a ser fusiladas en el paredón.
En cambio las nuestras estaban optimistas y habían jugado mejor.
Nunca habíamos visto un equipo colombiano con tanta actitud mental positiva.
Aquello me hizo recordar la triste realidad del pasado, cuando Jorge Emilio Vilarete se sentó en el balón en el centro del campo en el estadio Maracaná de Brasil, después que Brasil les había encajado el quinto gol a la Colombia del Caimán Sánchez o del médico Gabriel Ochoa, que también era Uribe, mandón.
Sin duda, Pambelé nos enseñó a ganar y después Francisco Maturana, pero ninguna selección como esta de Linda Caicedo.
La cuestión es de actitud.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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