los 82 años de Adolfo Pacheco.

Los 82 años del papá de Los Pollitos:

TRINITARIAS DE PACHECO A CONSUELO ARAUJO.

 

Po.r  ALFONSO HAMBURGER

 

Adolfo Rafael Pacheco Anillo y Consuelo Araujo Noguera se llevaban apenas siete días, pero pese a haber nacido en la misma constelación astral, pronto iban a chocar, en aquella disputa ardiente entre sabaneros y vallenatos. Ella, la mujer que pronosticó que el vallenato iba a tomarse el mundo, nació en Valledupar, la capital mundial del vallenato un primero de agosto de 1940. Y Adolfo Rafael, siete días después, en San Jacinto, Bolívar, capital mundial de la hamaca grande, el pueblo más ancestral de América, el 8 de agosto del mismo año. Casualmente, el pueblo había sido refundado en una especie de  cruce de caminos por Antonio de La Torre, el mismo día del nacimiento de Pacheco, pero 166 años antes.

Cuando Adolfo y Consuelo se vieron de frente, al fragor de los primeros festivales vallenatos, ninguno de los dos sabía mucho  el uno del otro y pronto Consuelo se iba a llevar dos frustraciones. Un tipo tan aplomado, seguro de su palabra, casi sabio y autor de algunas piezas musicales tan bien elaboradas, debía haber nacido por lo menos en Villanueva o Patillal. Y por lo menos debía ser liberal, como ella.  Ninguna de las dos.

Adolfo Pacheco siempre fue frentero. Desde los ocho años se le había pegado literalmente al maestro Toño Fernández, quien era el gaitero de cabecera del viejo Miguel( padre de Adolfo), y desde entonces se enmanojó con la palabra folclor, de modo que al escuchar el discurso de La Cacica, especialmente cuando decía que el son era como un paseo lento, no dudó en corregirla. El son, según su teoría, es de la región de Mula, en Plato, Magdalena. La teoría de que proviene del chicote, es vaga todavía. la diferencia no estaba en la lentitud, sino en el marcaje del bajo del acordeón, quizás mas profundo, más sentido.

Pronto Consuelo se iba a enterar de que Adolfo era de Los Montes de María, defensor de la sabaneridad, lo que los iba a enfrentar hasta septiembre de 2000, cuando la dirigente murió en cautiverio siendo ministra de la Cultura, a sus sesenta años, en un cruce de disparos de las autoridades con sus captores, después que había sido secuestrada,

En su libro vallenatología, publicado en 1973, un opúsculo de apenas 162  páginas, Araujo Noguera dio fe de su honestidad y como no sabía mucho de las denominadas escuelas del vallenato sabanero-que para Adolfo no existe- y de  la escuela del vallenato bajero, le dedicaría su atención casi exclusiva al vallenato vallenato,  el de La Guajira y el Cesar y algo del Magdalena. Las divisiones de la escritora aún se discuten, al tiempo que surgen otras divisiones, como la que plantea el investigador Tomás Darío Gutiérrez, en su libro  “Cultura Vallenata, Origen,Teoría y Pruebas”, quien habla de cuatro zonas. También surge un libro – según Gabo mal escrito, pero con mucho dato- “Un país de acordeoneros” de Francisco Rada Ortiz, donde plantea otras divisiones y en las que se incluye al sabanero Eugenio Gil Avilez, como pionero de una cuarta generación. Es el primero de La Sabana, en figurar en el mundo vallenato.

Mientras La Cacica se dedicó de cuerpo y alma a difundir un estilo, la denominada rutina vallenata, enmarcado en los aportes de Luis Enrique Martínez, Adolfo Pacheco buscaba estrategias para acercarse al alma de la periodista, quien había descalificado a Alfredo Gutiérrez batiendo un pañuelo blanco, cuando el sabanero interpretaba el merengue “Papel quemado”, cuyas florituras se salen de la rutina vallenata, en 1969 y lo que marcó el retiro del Rebelde. Allí fue denominado como tal.

–Eso no es vallenato, eso no es vallenato, gritaba Consuelo, subida en una silla, para hacerse notar, siendo que era una directiva del evento. Se declaraba juez y parte, siendo celosa con “su vallenato”.

De allí dicen que nació toda esa malversación que conlleva hasta el momento a que al único acordeonista que ha ganado tres veces el festival valllenato, no le hayan hecho un homenaje. Ese podría ser el germen de la pelea, pero detrás de bambalinas se comenta de otras situaciones.

Alguien le recomendó a Adolfo Pacheco que debía estudiar la forma de acercarse a la Cacica, conquistarla de alguna manera. Le dijeron que a ella le fascinaban las trinitarias, que le hablaba a las matas en su patio, que eso la mataba. No solo le llevó matas de los Montes de María- Unas miosotas- , sino una hamaca grande y para sellar la conquista, le encimó su mejor  canción, en la voz de Andres Landero, un collar de cumbias san jacinteras, a un Adolfo Pacheco y a un Toño Fernández.  Se inventó un mundo tupido por indios parranderos-farotos- y viejas historias sagradas que estaban escondidas.

Pero Consuelo era indomable y no iba a dar su brazo a torcer  en su afán de erradicar de sus parrandas a todo lo  que tuviera pitos de cumbias o de porros. Lo único que faltó fue un Decreto, o un articulo como el del Club Valledupar, que prohibía el ingreso de acordeonistas.

Aquello sucedía en Valledupar, pero en San Jacinto, Mercedes Anillo, madre de Adolfo, se convertía en la primera persona en permitir el acordeón en El Gurrufero, un salón donde solo tocaban orquestas y en el que irrumpía un hombre genial que  tocaba a la perfección con la boca una trompeta de palo.  Ella permitió por primera vez el acordeón en el Gurrufero, en las manos de José Manuel García, Don Joso, o Manta e Lana.

A Adolfo, que iba a presenciar cómo iban cayendo los sabaneros en el festival vallenato- Alfredo Gutierrez, Lisandro Meza, Felipe Paternina, Ramón Vargas, Andrés Landero y él mismo en canción inédita-, le tocó comprender que la lucha estaba perdida, cuando en una parranda una pareja de cachacos se paró a bailar un paseo. Consuelo los regañó y les advirtió que esa música no era para bailar sino para escuchar.

Gabito, como le decían cariñosamente en la Costa sus amigos a Gabriel García Márquez,  que era un amante del folclor y se iba a San Jacinto para indagar sobre historias rancias que después llevaba a su mundo, se había enamorado de las cumbias de Andrés Landero, se prestó de intermediario para suavizar aquella refriega y cuando Landero iba a ganar el festival, se presentó alicorado. Landero, que ya no creía en pajaritos preñados, le falló a Gabo.

En una parranda, en Cartagena, contaba Adolfo, con la presencia de Rafel Escalona,  Gabito  pidió a Landero, quien se explayó en un collar de cumbias. Aburrido por el repertorio, el maestro Rafael Escalona se estaba durmiendo. Y en un gesto de lealtad, Adolfo le propuso a Gabito que le permitiera interpretar canciones del hijo de Patillal. Eso lo mataba, como las trinitarias a Consuelo. Adolfo tomó la guitarra y empezó con el repertorio de Escalona, La Casa en el aire, El  Hambre del Liceo, El Almirante  Padilla-  entre otros- entonces Escalona se despertó y juró que Pacheco era el mejor guitarristas del mundo, cuando dos horas antes lo odiaba. Para el ego de Escalona, solo comparado con el  de Toño Fernández, no había nada mejor que sus paseos. Y Toño, era más que todo el mundo. Un jefe.

Y acá, entre nos, Adolfo nos confesó que a duras penas aprendió a rasgar la guitarra solo para acompañarse en la elaboración de algunas canciones, porque sus manos estaban mas acostumbradas a la percusión y con la guacharaca se iba a lazar con un premio consolacion en Valledupar, al ser declarado rey de la guacharaca, acompañando en 1973 a Ramón Vargas, a la postres tercero.

 

 

 

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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