LA RUTA DE LA MADRUGADA!

–El día que Jaime Vides sirvió de notario para salvar un honor familiar.
Por ALFONSO HAMBRGER.

La madrugada en el bohío es un bloque de sombras y humedad. Colgado entre las vigas de madera vieja, el joven citadino se encoge dentro de la hamaca, que se ha vuelto su único refugio contra el frío calador de la sierra, en la Cansona, Montes de María. El olor intenso y terroso del tabaco seco que cuelga del techo lo marea, mezclándose con el aroma de la palma real- amarga- que techa la choza, cuyos alares besan el camino real, que se pierde en los confines, en los caminos reales, que suben y bajan, sinuosos, misteriosos.
A través de un pequeño orificio en el tejido de la hamaca, observa el camino solitario, apenas una cinta grisácea bajo la luz precaria de la luna. El silencio es total, hasta que el primer aullido rompe la calma; un lamento largo y erizado que despierta a los demás perros de las fincas lejanas.
De pronto, el crujido de la hojarasca. Pasos.
No es uno solo. Son pisadas rítmicas, pesadas pero contenidas. El joven contiene la respiración, pegando el ojo al agujero. Entre la bruma de la madrugada, ve aparecer figuras: parejas que avanzan en una hilera espectral por la orilla del camino. Hablan en susurros, voces quedas que no parecen humanas, sino el siseo del viento entre los tabacales. Pasan tan cerca que el joven siente el frío vibrar en la hamaca, viendo cómo esas siluetas se deslizan como jirones de niebla, perdiéndose en la oscuridad mientras el miedo le hiela la sangre.
Las figuras no caminaban hacia un destino, sino que rastreaban la tierra. Desde su escondite, el joven notó que las parejas se inclinaban de vez en cuando, hurgando en las zanjas del camino con movimientos lentos, como si buscaran algo que el tiempo les arrebató. Susurraban nombres antiguos, palabras que se perdían en el aullido constante de los perros, quienes no dejaban de ladrarle a la nada. Zumbaba un viento helado, que mecía la palma.
Al despuntar el alba, cuando la neblina empezó a clarear y el cielo se tiñó de un violeta pálido, el desfile invirtió su marcha.
Regresaban agotados, arrastrando los pies sobre el barro frío. Ya no acechaban; sus hombros estaban caídos y sus rostros, apenas visibles entre las gasas de la bruma, lucían una transparencia aterradora. Parecían evaporarse con cada rayo de luz que lograba filtrarse en el bohío. Uno a uno, se fundieron con la vegetación espesa de la orilla antes de que el sol terminara de salir, dejando tras de sí un rastro de escarcha y un silencio sepulcral que indicaba que su búsqueda, una noche más, había fracasado.
Las sombras ,pisadas que subían y bajaron después, eran los padres de dos jóvenes que se habían fugado y ahora entraban al rancho tras una solución.
Al fin el joven encuentra un rastro físico de lo que buscaban e intenta hablar con Tano Vides un campesino local sobre la aparición. ¡Vaya momento para Jaime Vides que de ser el «monito citadino» que no encajaba, pasó a ser el notario improvisado de una tragedia familiar. Ese cambio en la mirada del viejo —de verlo como » poca cosa» a necesitarlo para salvar el honor— es el giro clásico de quien desprecia lo que no entiende hasta que le urge una solución técnica.
Lo que están redactando no es cualquier papel, es un documento de «palabra escrita», que en el campo a veces tiene más peso que una ley formal: El joven aduce que encontró rota a la muchacha. Los padres insisten en que debe casarse o pagar una dote.
La Fianza y la Dote: Están transformando un conflicto de pasión en una transacción económica. Para el padre, la «deshonra» tiene un precio en ganado, tierra o efectivo.
El Acta de Compromiso: Es la trampa legal para el muchacho que no se quiere casar; una vez firmado ante testigos (y con la caligrafía de Jaime), ya no tendrá escapatoria fácil. Un papel de cuaderno, un kilometrico y ya, pero hay que buscar una Notarìa para legalizar el agravio, la textura.
El papel de Jaime: Ahora su vida depende de su ortografía. Un error en la redacción de esa dote podría encender más los ánimos o anular el «negocio» del viejo.
¿Cómo crees que redactó Jaime ese documento? ¿Trataría de ayudar a los jóvenes amantes con alguna «cláusula» secreta o se limitó a escribir lo que el viejo dictaba para no meterse en más problemas?
¡Qué compromiso tan serio le pusieron a Jaime sobre el papel! El documento se convirtió en una
reparación de honor pública y económica.
Lo más fuerte de esa acta es el desagravio público: obligar al muchacho a desmentir sus propias palabras por todos los Montes de María es una sentencia social. En esa región, donde la palabra vuela de finca en finca, que él admita que ella «no estaba rota» es la única forma de devolverle el estatus a la joven y a su familia.
Además, la dote es pura riqueza rural Tres vacas paridas: No es solo ganado, es sustento inmediato (leche y crías).
Cabuyas de tabaco: El motor comercial de la zona.
Gastos de la boda: El sello final para amarrar al «novio» fugitivo.
Jaime, con su letra de citadino, terminó dándole forma legal a una tradición de honor durísima.
¿Cómo reaccionó el muchacho al ver que sus burlas ahora estaban escritas y le costarían tanto ganado, o acaso el Tano Vides intervino para calmar los ánimos mientras Jaime escribía?
¡Eso se convirtió en tremendo parrandón montañero! Pasar de la tensión de la notaría en El Carmen a los tres días de fiesta en La Cansona es el sello típico de cómo se arreglan las cosas en el campo: con trago, comida y música para que todo el mundo sepa que el pleito se acabó.
De regreso al monte, después de la Notaria, tras las bestias ensilladas, el mismo Tano adquirió baterías para la radiola tres en uno donde iban a poner la música, garrafones de ron y bastante condimento para el sancocho.
Ese garrafón de aguardiente y los aliños para el sancocho bajaron la guardia de hasta el suegro más «jodido». Pero el detalle de la batería Sello Blanco y el radio de maleta (seguramente un Zenith o un National Panasonic de esos potentes) es lo que le dio el ambiente:
El Sancocho de la Paz: Después de tanta cabalgata y firmas, un sancocho bien aliñado es lo único que asienta el cuerpo y une a las familias.
La Radio-Maleta: En esa época, tener un radio que tronara en medio del monte era un lujo. Entre vallenatos , porro sabaneros y noticias, la música no dejó dormir a nadie.
Tres días de juerga: Jaime, el «monito citadino», pasó de ser el escribano a ser el invitado de honor en una celebración que seguramente no olvidará en su vida.
Imagino que después de tanto transnocho, Jaime ya ni se acordaba de su vida en la ciudad. ¿Cómo terminó ese tercer día? ¿El muchacho ya estaba más resignado con sus tres vacas paridas o seguía con cara de pocos amigos mientras Jaime brindaba con el Tano Vides?
Un caso de la vida real, tan real como el día que se puso las abarcas del muerto.
