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RAFAEL PEREZ GARCIA EN PRIMERA PERSONA (III)

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Juan Martín Fragoso, entonces Alcalde de Campo de La Cruz, en el Atlántico, decía que Yamil Sandoval, mas crecido que García Márquez, era indestronable.
Cuando yo llegué a Campo de la Cruz, famoso pueblo por ser la cuna del camperito Cervantes, que jugaba en el Junior de Barranquilla antes de que irrumpiera Víctor Danilo Pacheco, el decimero del patio, Yamil Sandoval se había ganado los cinco festivales que habían hecho en fila india. Era un ídolo tan consolidado que ni el Pibe Valderrama lo humillaba.
Yo, que estaba sembrando ñame en San Cayetano y enviaba cartas con decimas a Radio Libertad, algunas de las cuales eran de mi tío Benito el ciego, todavía andaba pajarero, huidizo.
Ellos habían llegado a San Cayetano a buscarme con el doctor Alejandro Martelo , quien tenia un programa de decimas vespertinas en una emisora de Cartagena y escuchaban mis aportes desde Radio Libertad. La verdad era que las decimas no eran mías, porque yo lo que hacia era transcribir las decimas que tio Benito me dictaba, pues era ciego y no sabía escribir. Y como yo las firmaba como transcriptor, mi nombre fue sonando.
Cuando llegaron esos dos tigres a San Cayetano en una final del campeonato de sofball a buscarme, yo me asusté. Nunca había cogido un micrófono en mis manos, pero les improvisé cosas distintas, actuales, lo que a Martelo le gustó. Yamil Sandoval, que venia con la fama de Campo de La Cruz, no comió cuento.
De allí me invitaron al festival del frito, en La Ermita de Cartagena, patrocinado por una firma de aceite. Yo también me los gané improvisando a la actualidad. Y como mi paisano Adolfo Pacheco fue jurado, decían que Adolfo se había parcializado a mi favor.
Quedaron con la piquiña. Me invitaron a Campo, donde me iban a dar duro, porque Yamil Sandoval era indestronable. Recuerdo de García Márquez acababa de ganar el premio novel de literatura, entonces me fui por allí.
Yo estaba enamorado de la décima. No hacia mas nada, porque hasta descuidado tenia los cultivos. Tenía fiebre por la palabra, como si el espíritu de Tío Benito se hubiese metido en mi alma.
Cuando Sandoval abrió el festival, echando puyas al garete, eso hubo un ruido como cuando el Junior hace un gol en el Romelio Martínez, en medio de la brisa y el carnaval. Yo me sentí perdido, porque aquello apabulla. Y la gente gritaba en mi contra, señalándome de pobrecito, que no sabia en que berenjenal me había metido.
Yo tragué saliva, respiré profundo y agarré el micrófono con fuerza, entonces me fui por las decimas de actualidad, elogiando a Gabo y al Pibe, que eran nuestras más grandes insignias del deporte y la literatura. Aquello empezó a calar en la juventud. Aquello empezó a dividir al público. Sandoval seguían con los versos viejos, del palo de la creciente, del palo podrido, del que tanta gente buena que ha muerto y tu tan vivo todavía, entonces vi que se podía. Dividí al público y me eché la juventud de mi lado.
Le gané. Aquello fue la locura. Tiraron piedras. Hubo peleas, pero al fin me llamaron a tarima y me dieron 30 mil pesos, otorgados por la Alcaldía de Soledad, que eso era un dineral que yo nunca había visto junto. Pero yo en ese tiempo no pensaba en nada, ni en comprar casa ni en tener familia. Era muy joven. Repartí el dinero con el resto de decimeros, lo que cayó en gracia.
Siempre he sido así. Cuando hago una canción es porque la siento. Por eso después me fui por otros vericuetos y de pronto olvidé un poco la décima. Por una sencilla razón, ya empezaba a pensar en el futuro, en una familia, en la vez. La decima no genera regalías. Entonces empecé a componer para entrar en los registros.
( Continuará)

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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