Por: Eduardo Pertuz.
Eduardo Pertuz, al extremo derecho, con gafas y sombrero, comanda esta expedición al ferrocarril.
Esta aventura de hoy recuerda el homenaje al ferrocarril Cartagena-Calamar, ese que hicimos en julio de 2022. Una caravana de quince camionetas, por la ruta donde rodaba este famoso tren. Esa vez, casi al finalizar la tarde, llegamos al corregimiento de Hato Viejo y no pudimos llegar a Calamar por la hora y la fuerte lluvia que se desató. Este domingo 14 de mayo pudimos culminar ese recorrido.
Llegamos a Hato Viejo el Día de las madres con un calor abrasador, La Asociación de Pescadores y Agricultores nos esperaba y apenas llegamos nos invitaron a participar en el famoso «playonazo dominguero» como tributo a las madres, el magno evento era en el playón de la Gran Ciénaga del Jobo. Contiguo al pueblo, encontramos hermoso cuerpo de agua con inigualables paisajes, no sé si eran los altos niveles de anandamida (neurotransmisor bioquímico cerebral) lo que me hacía sentir tan alegre y con tanta sensación de bienestar, que al ver el playón lleno de familias compartiendo felices, trajo a mi memoria la famosa pintura: “Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte”, del neoimpresionista francés Georges Pierre Seurat, en esa obra pictórica, se muestra una tarde de domingo familiar, sobre el río Sena en París, pero no estábamos por allá, sino en un pueblo de esos casi olvidados por todos, Hato Viejo, departamento de Bolívar, en Colombia.
Lo que mis ojos vieron al llegar al playonazo y lo que mi cerebro interpretó fue un símil con el cuadro famoso de Georges Pierre Seurat que referencio, esta fue la escena, como en la pintura: un domingo de verano con personajes típicos, el pescador espontaneo, el vendedor de helados de cuchara, a $1.000 pesos cada uno, de esos que combinan dos sabores, y cervezas bien frías, música en picó, muchos niños en el agua jugando, el hombre que lava las motos a la orilla de la ciénaga, las parejas jóvenes y los matrimonios añosos bajo las carpas, el abuelito en silla de ruedas, escenas de amor y la interacción con animales propios, mamá choncha con sus cochinitos disfrutando también de su playonazo. Encantaba verlos revolcarse en la orilla, parecía que con sus hocicos hacían castillos de arenas, ¿o serían de otro material esos “castillos”?
Salimos de Hato Viejo y por fin llegamos a Calamar, siguiendo la antigua ruta del tren, visitamos el nacimiento del Canal del Dique en el río Magdalena, conocimos la Vereda de Sato y sus alrededores. En Calamar tuvimos también la oportunidad de visitar la última estación del tren.
Hermoso paseo dominguero, creo que Georges Pierre Seurat, hubiese inspirado un cuadro llamado “Tarde de domingo en el playonazo de Hato Viejo”.




