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Cesar Ochoa, el otro rebelde.

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Por Alfonso Hamburger

Hace tres meses, Cesar Ochoa Bertín, anunció rabiosamente su retiro de la contienda musical. Y lo hizo por las redes sociales, lo que se volvió viral. Todos pensaron que el cotizado acordeonista sabanero, hijo del maestro Calixto Ochoa Campo y hermano de Rolando y de Calixtico, nieto de Joaquín Bettin, se iba a entregar a Dios, como ha sucedido con muchos músicos.
No. Cesar es un tipo religioso, en el mejor sentido de la palabra. Sabe que eso es volver al camino estrecho, porque por el ancho anduvo algún tiempo, pero la vida le jugó una coartada. Tuvo que hacer un pare. Era un tipo pintoso, excelente músico, que iba por el mundo a mil, pero un accidente extraño, le cortó la luz de sus ojos. Empezaron a sucederle cosas que lo fueron atemperando, en medio de un pueblo como Sincelejo, bellamente difícil. Le robaron los acordeones, le detuvieron su automóvil, que se había convertido en el mejor aliado para promover su arte. Tuvo que cerrar su programa de televisión y…
El segundo hijo del maestro Calixto, con tanta cosa- en medio del nacimiento de sus hijos, que son una de las cosas buenas que le han sucedido- se convirtió en el otro rebelde. Tuvo que hacer rendir sus once años de estudio para convertirse en su propio abogado, mientras el mundo musical iba cambiando. La música sabanera se quedó sentada en los sardineles, escondida en los anaqueles. Y Cesar, reaccionó, hizo tutelas, pidió explicaciones por el silencio de algunos medios.
-Yo anuncié mi retiro de las giras extensas, dice Cesar, hoy, como invitado por el Banco de La República, al espacio Diálogo con Maestros, donde lanzó su último compacto “ Fiesta”, con su cantante Loren Pereira, garbado con lujo de detalles en el estudio de su hermano Rolando Ochoa, en Valledupar.
Casar Antonio Ochoa Bettin, como es su gracia completa, habló con rebeldía del poco apoyo al músico sabanero, especialmente por parte de las estaciones de radio comerciales, donde impera “La Payola” y la poca conceptualización de la música.
Ochoa, un acordeonista de estirpe- es hijo de Calixto Ochoa y nieto de Joaquín Bettin, el de la cumbia sampuesana- lleva a la vez tres o cuatro batallas a la vez, lo que lo ha convertido en el abogado de los músicos y de sus propios casos. El mismo redacta y argumenta a los abogados, para que estos firmen. Hoy se amalaya de no ser un abogado titulado.
El hombre es un rebelde, recto, frentero, de palabra. Una de esas batallas es contra la amenaza de quedarse ciego. Un accidente le quitó un ojo y en el que tiene sano se mueven esquirlas de vidrio. Usa gafas oscuras permanentemente. Y las luces de los conciertos le dan dolor de cabeza. Tiene apenas 44 años y cree que la vida le ha sido muy dura. Cuando toca su acordeón amoldada técnicamente a su gusto, se siente que su mano le pesa, con un estilo vallenato recogido de su padre y una esencia sabanera de su abuelo, pero en su accionar hay rebeldía contra todo. Quisiera, pues que sus conciertos fueran más cerca. Y cuando abre ese acordeón, la gente le pide extenderse. Toca desmigajado, a veces con notas que se trepan sobre las otras, sin desentonar. En cuatro celulares conserva más de mil arreglos distintos, que hace en sus ratos de relax para matar el tedio. Pero, caramba, su hermano Rolando, quien era su cajero, a quien le lleva unos seis años, es el más aplaudido. Y precisamente, el primeramente tentado para irse a Valledupar, fue él. Lo vinieron a buscar a él para integrarse al grupo de Martin Elías Díaz, pero recomendó a su hermano Rolando. Cesar prefirió hacer dúo con Arturo Duran, el Sinsonte.
A Cesar el patiero, le gusta Sincelejo, pero se queja del ambiente poco propicio para avanzar.
Otra de sus batallas ha siso contra la ex directora del tránsito de Sincelejo, la bella Isaura Bravo, a quien venció en juicio por la retención ilegal de su automóvil, pero fueron más de cinco años en una lucha desgastadora, mientras tuvo que empeñar sus acordeones y andar de pie. Eso lo desgastó. Tuvo que sellar su programa de televisión, porque mermaron los contratos. Ahora apenas recupera su auto, pero el proceso sigue. Igual lucha por la depuración de las buenas costumbres en Sayco. También cela que la herencia que dejó su padre no se distraiga. Las regalías que generan las mil canciones de su padre, están detenidas por un pleito familiar.
Otra batalla es contra los ladrones de acordeones, lo que daría para otra crónica. Le robaron una, pero recuperó seis y envió al ladrón a la cárcel.
En medio de esa batalla, con 80 canciones ya grabadas, Cesar Ochoa ahora vierte todas sus energías en Cesar David, su hijo de 11 años, quien va pidiendo pista. Empezó a cantar desde los dos años, toca guacharaca y ahora acordeón. Baila y habla como un adulto. El niño ya quiere irse para Valledupar, para seguir los pasos de su tío Rolando. Sabe que en la capital del vallenato hay más apoyo y punto de expansión del artista. No se siente por debajo de ningún artista vallenato.
Casar nació de la mano de su abuelo Joaquín y con todo el peso de la sangre Ochoa, aprendió solo. Cuando su padre lo vio ya tocaba. Y como lo que se lleva en la sangre no se hurta, cada día es más parecido a su padre, pero más rápido en la digitación.

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Con Loren Pereira, un joven humilde que vendía frutas en el mercado de Sincelejo, un cantante de lo mejor del Caribe, ha logrado un nivel de competencia superior, con el que lanza por estos días el CD “Fiesta”, para atrapar una audiencia habida de cosas buenas, en este fin de año.

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Alfonso Hamburger

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

2 Comments

  1. 16 abril, 2019 at 2:32 pm — Responder

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  2. DULSAIDES BERMUDEZ
    20 mayo, 2019 at 11:51 pm — Responder

    Quien mas lo puede Ayudar blanco es gallina lo pone, esta muy cerca .

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