Bajo Grande, el retorno al Paraiso


CAPÍTULO PRIMERO.

Los hermanos Hamburger.

Impresionante ha sido el retorno —como si le celebrásemos el cumpleaños al compadre Chemo, todos los dos de enero— a Las Palmas y Bajo Grande.

Ya llevamos cuatro años en el ejercicio de realimentar la memoria y cargar las baterías del abrazo.

El abandono por el desarraigo del desplazamiento por varias décadas transformó los caminos , varió los arroyos, erosionó las calles, repobló la fauna, borró las tumbas,las cruces y las cercas del cementerio. El arroyo del Mico, que baja desde Las Palmas , se abonó con sedimentos que taponaron las piedras; desapareció el campo de fútbol con medidas gigantes. Quedaron algunas casas de zinc —las de palma fueron quemadas por los violentos y eso que algunas se negaron a arder porque cayó un aguacero—. Quedó parcialmente erguida la iglesia de piedra y barro y la cárcel que solo tuvo un preso que se fugó la misma noche de su captura.
Ahora hay que adivinar dónde estaban las calles, con casas dispersas en lo que fue un pueblo bonito y bien trazado, con un barrio Arriba y un barrio Abajo, una iglesia en el centro, dos lagunas , dos colegios y el cementerio en la vía a Frío de Perros, a un costado. Alrededor se yerguen las fincas ganaderas y cultivos, con picachos vigilantes, como Chiro y Culo Alzado.

En el barrio Abajo, de calle ancha y arenosa, la mayoría son solares, y el recuerdo de sus dueños ya difuntos. Es más fácil contar las casas en pie. Del lado izquierdo solo quedan las casas de Nelson Hamburger,de zinc,y la que era de Juan Vásquez. Del lado derecho, la de Orlando Herrera, Carlos Herrera y Rafael Arias. Y al final la de Miguel Hamburger, habitada por su hijo Oswaldo Hamburger. Flores Negras ,la finca está intacta, con su mina de petróleo nunca explorada, marcada por un tubo de la Shell, como para no equivocarse de regreso.

La mayoría de los árboles que se han repoblado solos y en fila, como si Dios hubiera trazado sus líneas, son de olivo frondoso y de guayacán, pero también hay trapillo y aromas con muchas espinas.

Apenas se han retornado unas diez familias, la mayoría hombres longevos, algunos solos, otros con su pareja, porque la mayoría de jóvenes no retornaron. No hay servicio de agua. Solo hay un proyecto de un pozo profundo que ya fue contratado por la Alcaldía de San Jacinto; no hay colegio. Tampoco hay niños.

La tierra abonada hoy es más fértil y los ganados son gordos y sanos.

Cesar Hamburger, quien fue el último inspector de Policía, vive con María Rivera, su esposa, con la que tiene nueve hijos.

Dice Hamburger que a Bajo Grande no retornó la gente como en Las Palmas, porque se construyó Villa Alegría en San Jacinto, habitada por los desplazados de Bajo Grande.

Algunos , como el líder Álvaro Caro, trabajan en sus proyectos productivos en Bajo Grande, viajan todos los días y duermen en San Jacinto.

Son apenas 23 kilómetros de una vía escabrosa,con unos tres kilómetros dispersos en pavimento.

Quienes son víctimas — todos— esperan ser reparados colectivamente este año.

Por el momento recibirán un pie de cría, diez carneros hembras y uno macho, para fomentar la productividad.

Bajo Grande, en medio de las dificultades y del olvido, es un remanso de paz.

Impresionante ha sido el retorno —como si le celebráramos el cumpleaños al compadre Chemo, todos los dos de enero—  a Las Palmas y Bajo Grande.

Ya llevamos cuatro años en el ejercicio de realimentar la memoria y cargar las baterías del abrazo.

El abandono por el desarraigo del desplazamiento por varias décadas transformó los caminos , varió los arroyos, erosionó las calles, repobló la fauna, borró las tumbas,las cruces y las cercas del cementerio. El arroyo del Mico, que baja desde Las Palmas  serpenteando senderos, se abonó con sedimentos que taponaron las piedras, desapareció el campo de fútbol con medidas gigantes. Quedaron algunas casas de zinc —las de palma fueron quemadas por los violentos y eso que algunas se negaron a arder porque cayó un aguacero—. Quedó parcialmente erguida la iglesia de piedra y barro y la cárcel que solo tuvo un preso que se fugó la misma noche de su captura.
Ahora hay que adivinar las calles, con casas dispersas en lo que fue un pueblo bonito y bien trazado, con un barrio Arriba y un barrio Abajo, una iglesia en el centro, dos lagunas , dos colegios y el cementerio en la vía a Fri de Perros, a un costado. Alrededor fincas ganaderas y cultivos, con picachos vigilantes, como Chiro y Culo Alzado.

En el barrio Abajo de calle ancha y arenosa, la mayoría son solares, y recuerdo de sus dueños ya difuntos. Es más fácil contar las casas en pie. Del lado izquierdo solo quedan las casas de Nelson Hamburger,de zinc,y la que era de Juan Vásquez. Del derecho la de Orlando Herrera, Carlos Herrera y Rafael Arias. Y al final la de Miguel Hamburger, habitada por su hijo Oswaldo Hamburger. Flores Negras ,la finca, está intacta, con su mina de petróleo, marcada por un tubo de la Shell.

La mayoría de árboles, que se han repoblado solos y en fila, como si Dios hubiera trazado sus líneas, son de olivo frondoso y de guayacán, pero también hay trapillo y aromos con muchas espinas.

Apenas se han retornado unas diez familias, la mayoría hombres longevos, algunos solos, otros con su pareja, porque la mayoría de jóvenes no retornaron. No hay servicio de agua. Solo un proyecto de un pozo profundo que ya fue contratado por La Alcaldía de San Jacinto, no hay colegio. Tampoco hay niños.

La tierra abonada hoy es más fértil y los ganados son gordos y sanos.

Cesar Hamburger, quien fuera el último inspector de Policía, vive con María Rivera, su esposa, con la que tiene nueve hijos.

Dice Hamburger que a Bajo Grande no retornó la gente como en Las Palmas porque se construyó Villa Alegría en San Jacinto, habitada por los desplazados de Bajo Grande.

Algunos , como el líder Álvaro Caro, trabajan en sus proyectos productivos en Bajo Grande, viaja todos los días y duerme en San Jacinto.

Son apenas 23 kilómetros de una vía escabrosa,con unos tres kilómetros dispersos en pavimento.

Quienes son víctimas – todos- esperan ser reparados colectivamente este año.

Por el momento recibirán un pie de cria diez carneros hembras y uno macho, para fomentar la productividad.

Bajo Grande,en medio de las dificultades y del olvido, es un remanso de paz

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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