YO DEBERIA ESTAR MUERTO, PERO SIGO VIVO!

Luis Carlos Pineda, el hombre que ya debería estar muerto, sigue vivo.

 Luis Carlos Pineda Botero, 79 años.

Por Alfonso Hamburger.

Luis Carlos Pineda Botero cumplió 79 años el cinco de enero y lleva por lo menos seis esperando la muerte como quien espera la llegada de un vecino con el que mantiene una relación muy cordial.

Para Luis Carlos, un paisa enamorado de Sincelejo, varias veces millonario y ahora un modesto rentista que vive con lo justo, escritor de grandes quilates, pero anónimo, está tan seguro de  que se va a morir uno de estos días, que hace cuatro meses suspendió los medicamentos contra un cáncer agresivo que invade todos sus órganos, pero sigue allí, con muchos kilos por debajo de lo ideal. Recibe visitas, abre y cierra la puerta de la calle, prepara los tintos, los sirve, narra la angustia de saber que está a punto de morir,pero no se muere, y hasta se levanta a recoger algo que se cae y pone el abanico para matar el calor sofocante de un Sincelejo que arde.

Pineda Botero, convertido a su llegada a Sincelejo, ya hace casi medio siglo, en un vendedor que levantó varias fortunas, le ha partido el gancho a la muerte después de que cumplió setenta y dos años varias veces y dice que ya ha pasado el umbral de la puerta sin retorno, que se encontró con su padre en el más allá, pero  que retornó a este mundo, dónde sigue esperando la muerte con una tranquilidad pasmosa.

Solapa del libro La otra cara de la historia.

En el 2016 fue operado tres veces de la cabeza por una caída y ningún médico le daba más de un mes de vida, pero se levantó y se propuso escribir dos libros que publicó con recursos de  su propio bolsillo, libros inspirados por el mismo Jehová, para que el hombre sepa la verdad de las religiones y de la vida. Se metió de cabeza a estudiar por internet y se leyó cuarenta libros para hacer un resumen titulado En nombre de Dios, «La otra cara de la historia».

Este hombre , de 174 de estatura ,delgado y de tez rosada,que por estos días solo pesa 57 kilos, que no terminó el bachillerato y que vio morir a una hermana de hambre cuando niño, es autodidacta.

 

Mediante estudios por internet supo que tenía cáncer. Aquella vez sufrió  fiebres muy altas, dolor de cabeza, tos incontrolable y vómitos. Se curó consumiendo guanábana. Sin embargo, se mandó a hacer los exámenes en Barranquilla  fuera de su EPS para que fueran más rápido. Sus familiares le escondieron los resultados. El médico le dio menos de seis meses de vida. Tenía los pulmones perforados por un cáncer muy agresivo que le ha hecho metástasis.

Consiguió los medicamentos mediante tutelas, se sometió a quimioterapia. Perdió su cabello. Desde 2016 hasta 2019, mientras se sometía a tratamientos contra el cáncer, escribió y publicó dos libros que aún no lee la crítica,porque están en sus cajeras, embodegados. Su método de escritura es genial y preciso. Sus párrafos son cortos y la puntuación permite las pausas necesarias para una lectura reposada.

Sus fuerzas y sus ángeles han sido su bella esposa, menor que él 25 años, y en medio de su enfermedad su felicidad es ver a su hija de 16 años manejando su camioneta y yendo a la universidad.

Le dio COVID 19 y una bronconeumonía, pero aun así Dios lo ha mantenido vivo. Su fortaleza es la oración.

Luis Carlos, después de cuatro meses de haber suspendido todos los medicamentos – el cáncer le hizo metástasis en la cabeza y en los ganglios – ahora goza de un cabello negro y tupido, como si la quimioterapia le hubiera teñido el cuero cabelludo. Dice que con la agresividad del cáncer, según rezan las placas-, y el COVID 19 y la bronconeumonía que padeció, ya es para que estuviera enterrado.

Ya poco se levanta, pasa la mayor parte del tiempo durmiendo, ya no lee como antes ,no ve televisión y se le ha apagado el aliento que lo llevó a escribir dos libros de alta calidad, solo espera que llegue la muerte a quien considera su amiga, su vecina,pero María Lucrecia no llega por él. Así han pasado los últimos seis años, como quien espera al amigo de al lado,que jamás llega.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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