De 101 años murió último amigo de Gabo.

En Sahagún Murió último amigo vivo de Gabriel García Márquez.

  • A Libardo Ortiz le faltaron 14 días para cumplir 101 años.

 

Por ALFONSO HAMBURGER.

 

Libardo del Cristo Ortiz Villalba nunca sufrió de gripa, jamás le dio fiebre, atravesó el COVID 19 sin inmutarse- le dios dos veces- , era el último amigo vivo de Gabriel García Márquez y murió en  Sahagún , Córdoba, catorce días antes de su cumpleaños 101, aunque dicen que eran más los años que vivió, porque se quitó varios años antes de sacar la cédula, para casarse.  Aspiraba vivir cinco años mas y siempre tuvo tanta lucidez, que él mismo ayudó a ponerse la máscara para el oxígeno, diez minutos antes de morir. El último domingo había tenido la única gripa de su vida.

Don Libardo perdió la visión hace 20 años.

Ortiz Villalba,  liberal de avanzada y juez en varios pueblos del Caribe, egresado de la Universidad de Cartagena cuando apenas tenía dos facultades- allí se topó con Gabito-, solo sufrió de la vista, limitación que degradó su actitud nómada vital que lo llevó a pasear el pueblo diariamente, calle a calle, para conversar con los poblanos de todos los temas. Era lenguaraz y divertido, algo clasista y prosista, de una palabra larga y tupida. Tenía visión política y era un crítico mordaz de la actualidad del país. Muy joven fue a llevar unas provisiones a la subversión al Sur de Bolívar en calidad de funcionario público y cayó detenido. Fue el primer hombre indultado en Colombia.

Nació en Chimá, Córdoba, cuando aún era Bolívar, un 14 de septiembre de 1921 y estudió cuando ir a la universidad era un privilegio. De Lorica Zarpo a Cartagena y se hizo una celebridad. Fue amigo personal de Los Char, antes que se marcharan a Cartagena y después a Barranquilla , primero por la quema del mercado publico y por un asesinato en un juego de póker.

Murió último amigo de Gabo. – YouTube  (ver video)

Allí se hizo amigo de Gabo, que ya escribía en un diario pequeño y vivía en precarias condiciones , con un solo par de zapatos y una muda de ropa. “Gabo estaba pendiente de cuando llegaran mis provisiones desde Chimá, que eran abundantes”, me dijo Libardo, tres meses antes de morir.

“Cuándo llega tu zarapa?, le preguntaba Gabo, porque Libardo le compartía los bollos poloco, el queso, el pescado y todo lo que producía el Sinú.

  •  Libardo Ortiz Villalba, a sus 101 años era gran conversador.

    Ortiz Villalba ocupó varios cargos públicos por todo el Caribe, como juez de la república en muchos municipios, tres veces personeros de Sahagún, alcalde encargado, ciudad donde levantó su distinguida familia.

    Una de sus lamentaciones fue no asumir la política desde las elecciones populares , porque se cansó de ver desfilar ante sus ojos cansados políticos sin principios.

    A la hora de su muerte ya a Libardo no le quedaba ninguno de sus amigos contemporáneos. Los más jóvenes de sus amigos de tertulia ya pasaban de los ochenta años. El más cercano en edad y de su misma profesión es Tomás  Antonio “El         Toto” Oviedo Pastrana , abogado de 97 años, quien vive en Sahagún.

  • Miles de anécdotas. 

    Don Libardo Ortiz era un excelente conversador. Tenía una mente fotográfica y una chispa para contar.  Hablaba rápido y fuerte. Cuando perdió la vista, hacía ya 20 años, escuchaba radio y conversaba con sus amigos todos los días.

    Antes de perder la visión le gustaba caminar. El pretexto era ir todos los días al mercado público por la carne y la vitualla. Podía perfectamente almacenar en la despensa de su casa o comprar a los carretilleros en la puerta de su casa, pero no. Ir al mercado todos los días, muy madrugado, le daba vida, porque saludaba a sus amigos y se enteraba de Las novedades de la política y la vida parroquial.  Caminaba a pie e iba haciendo estaciones conversadas a punta de tintos y saludos.

     Libardo Ortiz  Villalba era liberal.

    Su hijo, el consagrado jurista Numa Ortiz Fernández,  comentaba que su padre era asiduo asistente a la tertulia que se formaba en la Rueda Roja, un lugar de encuentro en el centro de Sahagún.     Por la tarde caminaba a su residencia, a unas diez cuadras del centro y como ya estaba perdiendo la vista, no le gustaba transitar solo. Aquella tarde, hora del crepúsculo, cuando emprendió su regreso a casa, se encontró con el celador del Palacio Municipal de Gobierno,       a quien convidó para que lo acompañara. Eran casi las seis de la tarde y el celador se excusó porque iba a tomar su turno como centinela nocturno.   Fue cuando Don Libardo, provisto de una chispa genuina, dijo una frase que ha recorrido el mundo:

    –No te preocupes, Hombre, que allí en esa Alcaldía roban de día ya a pleno sol.

 

 

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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