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TRES CORONAS PARA LELIS.

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Tres coronas, tres buses en espera de los dolientes y un hasta luego triste, parecieron el reflejo de una pluma que no se comió el cuento. ¿Indiferencia? Esa pareció ser la respuesta de Sincelejo a uno de sus más grandes periodistas, Lelis Movilla Bello. La respuesta en internet fue mucho mayor que la asistencia al sepelio. Lelis, según se palpó, dejó pocos amigos. O es que la gente se está acostumbrando a lo virtual, como si el pésame por el Facebook fuese igual a la presencia física. Alguien dijo en voz baja, como se habla en los velorios, que ese hombre ahora delgado, que estaba en el féretro, era mucho periodista para la ciudad.
Su hija Martha, la psicóloga que vive en el interior del país, con un acento bogotano, pidió perdón en nombre de su padre, si en algo pudo haber ofendido a los sincelejanos. No hubo en el acto de la iglesia del Carmen, en Majagual, un solo escritor sucreño, pese a que Movilla, era superior a muchos de ellos. Salvo amigos de la vieja guardia, como Juan Guevara Támara, quien lo trajo como una salvación en momentos que había solo locutores en la radio, y Aníbal Paternina Padilla, salieron al frente. En realidad, la concurrencia fue escuálida, para la figura que yacía en el ataúd.
Si cometió errores, somos humanos, dijo Martha. Su padre, susurró, no creía en la muerte sino en la transformación de la vida, el tránsito a otras dimensiones. A esa hora, Lelis, se estaría riendo de él mismo en el cielo, quizá sabiendo que lo único que no iba a ser capaz de criticar, sería su propio sepelio.
Paradójicamente, ninguno de los hijos de Lelis nació en Sincelejo. Al llegar a esta ciudad, sus hijos ya estaban nacidos. Ninguno de ellos se quedó acá, donde el escritor y periodista vivió la mayor parte de su vida y donde escribió su obra, de la que no hizo lanzamientos ruidosos ni exhibió con ningún tipo de pretensiones. Su sepelio poco concurrido, su manera de caminar las calles con ojo avizor, su desprecio a sí mismo y su verbo demoledor, hicieron parte de su estilo de vida, como la de Garabito, el bogotano que siempre vistió de luto y quien no admitió jamás la superioridad de Gabo.
A partir de su sepelio, será su obra la que se encargue de mostrarlo como realmente era, y esa será una tarea del tiempo.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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