Crónicas

! Proponen encuentro del Pio XII por tres días!

Nuestro portal publica hoy con gran expectativa, la segunda parte de la crónica de nuestro compañero Luis Villadiego, donde con gran mesura hace una pincelada maestra de cada uno de nosotros.

 

promoLeonor Carval, Elisa Ortega,Nubia Aljure y Ledis Rodelo, los bollitos de la promoción.

EL REENCUENTRO II
MIS EXPECTATIVAS

Cuando comencé a dimensionar la majestuosidad de una reunión de 38 compañeros de curso de hace 40 años, reconociéndose inicialmente, luego contando anécdotas, mostrando las fotos que cada uno conserva, riéndose al establecer la comparación con el estado actual y luego enterando a cada uno de lo que había hecho en todo ese espacio de tiempo, presupuestaba por lo menos tres días para esta actividad. Tal vez por la costumbre que adquirimos las personas que nos dedicamos a la labor docente, de organizar todo lo que vamos a desarrollar en la clase, de establecer una secuencia de eventos que nos lleven a conclusiones asertivas y contundentes. Pues bien, me había imaginado un encuentro de tres días: en el primero la llegada y el reconocimiento con todo lo que esto implica; en el segundo las fotos, los discursos, las proyecciones, las visitas al colegio antiguo, al actual y a los sitios emblemáticos del pueblo. Informarles a nuestros coterráneos quiénes somos y por qué estábamos aquí. En el tercer día, la respectiva evaluación del evento, la fiesta de despedida y los planes para el futuro del grupo como tal. En otras palabras, mis expectativas eran de un evento académico. Por ese motivo, cuando proponía una fecha, involucraba tres días.
En conclusión, mis expectativas fueron hasta el último día de un evento mucho más formal.

VILLADIEGO

Luis Emiro Villadiego, autor de esta nota.

LA REALIDAD

Dicho lo anterior, es fácil concluir que no tenía la más mínima idea de lo que significa reunir un grupo de personas que no se habían visto los últimos 40 años. Ocurrió que al reencontrarnos se vino toda una andanada de emociones, de expresiones de aprecio y amistad. Cuando alguien llegaba, los que ya estaban hacían fila para saludarlo de la forma más efusiva posible. Era una locura completa. Enseguida se escuchaba que unos hablaban de una cosa, otros de otras. Lo que se notaba en el ambiente no se lo puedo describir: era una mezcla de todo, de todo lo bueno que pueden expresarse los amigos y no cualquieras amigos. ¡Era el despertar de un cúmulo de sentimientos que estaban dormidos hace casi medio siglo! Se notaba un afán de desandar el camino recorrido en los últimos 40 años para sintonizarse con los amigos.
Trataré de resumir en pocas palabras lo que desde mi óptica ocurrió en el evento. Comenzando con que tuve una suerte única con mi amiga María Hernández. Desde cuando llegué a San Jacinto, fue la primera persona que reconocí y de ahí en adelante, por donde quiera que iba, ahí estaba ella. Tuve su agradable compañía en el viaje de regreso. Eso indica que, con ella, mi encuentro fue de principio a fin. Bueno, pero ese no es el caso; lo que quiero contarles es que María, tan calladita y recatada ella en aquellos tiempos, hablaba y hablaba cada vez más rápido como para decir más cosas; no terminaba un tema cuando comenzaba otro, hasta cuando se paró a bailar. Bailaba y bailaba más rápido de lo normal como para recuperar el tiempo con sus amigos y compañeros.
Mercedes Alfaro parecía que en los últimos 40 años no se había reído ni había bailado. Qué Señora, perdón, que pelada tan alegre y efusiva. Con esa risa clara y espontánea, parecía que estaba recuperando el tiempo perdido.
Nelly Judith Lora bailaba, saludaba una y otra vez, repartía picadas, se tomaba sus cervecitas y sus traguitos, animaba a los participantes con su charla amena. Mejor dicho, mostraba la emoción de todas las formas posibles. Hasta aprovechó la oportunidad para manifestarle a Henry lo que, desafortunadamente, no se atrevió a decirle en aquel tiempo, por recatada y pendeja, según sus palabras. Bueno, como dijo el otro: ¿ya para qué? A Miriam le agradecía por los exámenes de matemática y física. En un momento de máxima euforia propuso que el encuentro de estos amigos debía repetirse anualmente.

PIOXII  Nubia Aljure Barone y Miriam Villadiego, miran con amor la placa de nuestro gran plantel Pio XII,

 

Pocho, evocaba los tiempos de Bajo Grande y los frustrados sentimientos hacia Nubia Aljure. Según él, ellos fueron novios, pero ella no lo supo nuca. Era un secreto tan bien guardado que ella nunca se enteró, menos mal porque él se hubiera muerto del susto. Terminó cantando vallenatos.
Edilberto Leones echaba los cuentos de la finca Rastro. Se hacía el santico hasta cuando se destapó ganándose el premio del mayor reproductor del grupo con siete hijos reconocidos. Aunque Edwin decía que eran más. También recuperó tiempo de baile, porque bailó hasta solo.
Mane Alfaro recordaba su lujuria y echaba los cuentos de la yuca mocosita de “Basura”, la parcela que tenía con el papá y a quien llevó para que le ratificara lo que decía. Él decía una cosa, echaba un cuento y le preguntaba: no es cierto papá a lo que el “Viejo” asentía moviendo la cabeza. No sé si será el más joven del grupo, porque no se le ve una sola cana, aunque varios decían que la cabeza le olía a amoniaco.
Alcira Buelvas no habló mucho, pero expresaba su alegría saludando y bailando parecía que desde aquellos tiempos no bailaba. Trataba de recuperar 40 años de baile.
Ledis Rodelo me tenía nervioso, porque quería reclamar no sé qué cosa, hasta cuando le hice ver que habían pasado 40 años, que dejara eso así y se dedicó a recuperar risas y burlas, porque burlona sigue siendo.
Elisa Ortega, como siempre: con su estilo y su elegancia, demostraba que a pesar del tiempo se muestra intacta, joven y bella. Dejó entrever la alegría y la emoción de estar con el grupo de amigos. Bailó, comió y bebió.
Juancho Gutiérrez, con su estilo juvenil impresionaba, inspirado como compositor e interprete, mejor dicho: como des compositor e intérprete y sacando su guitarra entonaba canciones que nos hicieron recordar épocas difíciles que hoy 40 años después las recordamos de manera agradable.
Luis Miguel Ortiz, mostrando su bonita familia, se dedicaba a recordar la época de futbolista, buen futbolista que jugaba sólo cuando uno de los Hamburger le prestaban los zapatos, casi siempre estaba en la banca. En más de una ocasión se le oyó mencionar la yuquita harinosa de Cataluña. También recuperó tiempo de baile, parecía un trompo.
A quien sólo se le notaron los cuarenta años de ausencia en la cabeza, casi destechada y en la barba blanca, fue a Edwin Castellar, el popular Carracacha. La misma forma de actuar, le mamaba gallo a todo el mundo y hasta de él mismo se burlaba; se le notaba un afán por hacer muchas cosas a la vez como tratando de aprovechar al máximo el poco tiempo que teníamos para compartir. Era el más alegre, más emocionado a pesar de haber tenido grandes dificultades para cumplir la cita con el recuerdo.
Miriam Villadiego demostraba (como hace con los teoremas de matemática) que no había perdido el tiempo. Que en esos 40 años había ganado algo de cuerpo (nada que ver con la que aparece en la foto con Nubia Aljure en la puerta del colegio), que había aprendido a bailar y que se habían cumplido sus sueños de tener un marido bailador y complaciente. No hubo pieza musical de no bailaran. Pero es que en aquella época ella sólo se dedicaba a tejer y a estudiar, porque buena para el estudio sí que era.
Confieso que estaba equivocado al suponer que nuestro amigo Rodrigo Ortega no estaba interesado en asistir a este encuentro y fue la sorpresa más agradable. Es que me puse a recordar las rabietas que le hacíamos coger en el curso, que pensé que había sido un alivio terminar ese año para dejar de vernos de por vida. Qué equivocado estaba, ese fue una de las personas más alegres y si hace 40 años peleó en más de una ocasión por el nombre artístico que le colocamos “Poncho Panela”, ahora se mostraba complacido cuando se le llamaba así. Es más, compuso una canción para el evento que cuando la interpretó todos nos emocionamos. Gracias, muchas gracias Rodrigo.
Como invitada especial, pues no graduó con el grupo, estuvo Nidia Ortega, amiga de todos. Se le notaba la alegría y la complacencia, a pesar de ser poco expresiva. En aquel tiempo no se la conoció como bailadora. Esa noche demostró que no desaprovechó los cuarenta años, bailaba todo lo que le tocaban. Le conté diez veces que dijo “esta es la última”, cuando le brindaba una cerveza.
Por último, ¿recuerdan las clases de Comportamiento y salud del profesor Hugo Lora? Manifestaba un apasionamiento por la teoría de Sigmon Freud. ¿Se acuerdan de los mecanismos de defensa? Decía que muchas personas olvidan situaciones y eventos como mecanismo de defensa. Bueno, en nuestro anfitrión se cumplió esa teoría. Quién sabe a qué revelación le temía él, que faltando dos días para el reencuentro se le borró el casete por completo y sólo recuperó la memoria después del evento cuando se dio cuenta que no había pasado nada raro y que solo era una manifestación de alegría por el reestreno de la amistad. Menos mal que no se le olvidó tocar el acordeón, dicho sea de paso, lo hace muy bien. ¡Ah!, tampoco se le olvidó ordenar la comida y las atenciones que nos brindaron.
No quisiera hablar de Luis Villadiego. Dicen que lo vieron al principio muy cercano a Nidia Ortega, hasta cuando se dio cuenta que ya habían pasado 40 años. Manifestó su alegría saludando efusivamente, comiendo y tomando cervezas. Para el baile sí que perdió los cuarenta años. Aprovechó el tiempo para hacer lo que le encanta: mamar gallo. ¡Joda, tan viejo!

LA COMIDA

PROMO-GRUPO
En la tranquilidad del posreencuentro, no encuentro (valga la redundancia) nada comparable a la comida ofrecida en el evento, que lo que dice Rafael Pombo en el poema “La Pobre Viejecita”: érase una pobre viejecita sin nadita que comer…
En nuestro caso lo podemos parodiar así: érase un grupo de amigos que se reunían después de 40 años. Fueron a la finca de Henry y sólo les brindaron como entrada una bandeja de galletas María Luisa, una de maní y otra de mecatos. Para calmar la sed sólo había cuatro cavas de cervecitas Costeñitas revueltas con Andina. A eso de las dos de la tarde nos invitaron a pasar a la mesa para brindarnos un sancochito trifásico de gallina cerdo y carne. Para pasar la comida, sólo había varias jarras de agua de panela. Terminado el almuerzo nos deleitaron con un conjuntico vallenato que tenía sólo tres acordeoneros y dos cantantes más el grupo acompañante. Luego para quien quisiera picar, colocaron dos bandejas de panochitas de donde “Las Vásquez” Ya a esa hora Edwin administraba la quinta botellita de whisky. Entrada la noche ofrecieron un pequeño guiso de chivo. Con tanta carne en la mesa, Mane Alfaro manifestaba que no le gustaba la yuca ni el bollo. Que no podía comer harinas.
¡Qué Falla! Se me olvidaba mencionar que Miriam y su esposo Ricardo llegaron armados con un bulto de yabolines de lo que quedó sólo el recuerdo.
Cuando ya algunos estaban somnolientos por la comilona, la tomata y la bailada, apareció una pequeña bandeja con, no menos de 100 chicharrones. Henry como anfitrión, ordenó servirlos para que se los llevaran para pola. Sí nos los llevamos, pero puestos porque el sitio más seguro para la comida es la barriga.

EL FUTURO

PROMO-JICA FRANK
En la emoción del compartir con ese gran grupo de amigos, se acodó institucionalizar el encuentro de los bachilleres segunda promoción del “Glorioso” colegio Departamental Pio XII de Sanjacho, para realizar todos los años, unos dicen que en el mes de agosto en los días de las fiestas patronales; otros que sea en diciembre y si es posible, todos los seis de diciembre. Se espera una gran lluvia de ideas para llevar a buen término este propósito.
Pasado el primer encuentro, nos disponemos a preparar el segundo.
Esto está escrito pensando en quienes no pudieron o no quisieron venir por los motivos que haya sido, para que se preparen con tiempo porque esto es una realidad. Es una manera de agradecerle a Dios por mantenernos a todos con vida.
Saludos a todos, desando que el 2020 sea el mejor año.
Ah, no dejen de enamorarse porque, como dijo Gabriel García Márquez: “las personas no dejan de enamorarse cuando se envejecen, sino que se envejecen cuando dejan de enamorarse”.

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