¿Por qué los estudiantes defecan en Las Pajas? en San Benito.

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¿En La Inmaculada de San Benito Abad, hay corrupción?

Por Alfonso Hamburger

Después de un taller de lectura creativa salí apresurado a orinar. Los estudiantes de la Institución Inmaculada Concepción, en San Benito Abad, corrían de un lado para otro y se internaban en las pajas aledañas y desaparecían tras los escombros de una vieja capilla en ruinas y de los frondosos mangos, ya desguarecidos de la cosecha.

– ¿Dónde están los baños?, pregunté un poco aturdido, mientras caminaba en los lóbregos pasillos, de los 29 salones de la institución, instalada en nueve hectáreas dadas en comodato por La Universidad de Sucre.

Los estudiantes que iban delante de mí, me dijeron, “para allá” e inmediatamente se metieron en los escombros y detrás de los árboles, en los yerbales y sabanales. Les seguí, doblé a la izquierda y vi que desde los salones contiguos- donde todavía había estudiantes- no me observaran. Pegaba un asfixiante olor a berrenchín, a mierda asoleada, a suciedad. La yerba se extendía hacia los linderos. Saqué mi soldado y en forma apresurada hice la micción que me apretaba la vejiga. Mientras observaba el chorro, vi que por los calados hechos por el tiempo en la vieja capilla, entraban estudiantes a defecar. Las ruinas de aquella construcción, en otrora hermosa y donde había un convento, con pilares en forma de rancho, cuyo vértice en punta erguida apuntan al cielo, eran un desastre, especie de casa de viuda, olvidada a sol y sereno.

– Esa ha sido la lucha, me dijo el profesor Julio Gaibao Mier, “todos los meses matamos culebras”.

Me tapé la nariz, saqué mi celular, tomé las gráficas como si estuviera siguiendo el ritual de una segunda pilatuna, caminé sobre la hojarasca podrida, vi grafitis y salí.

Caramba, el corresponsal decía la verdad, pensé.

II

Inicialmente pensé que eran desatinos del locutor. La información que escuché mientras iba en una buseta, en Sincelejo, fue irresponsable e inexacta. El corresponsal hablaba de que el rector del Colegio Inmaculada Concepción, había acabado con la institución. El reporte no sólo era inexacto, sino que no citaba fuentes ni citaba los periodos en que el rector- de quien no decía su nombre- supuestamente había despilfarrado 150 millones de pesos. Tampoco precisó otros datos, por lo que me pareció una nota irresponsable y sesgada, porque iba en una sola dirección. Me pregunté qué tipo de líos tenía el rector con el periodista y a qué órdenes obedecía. Hablaba de que el colegio no gozaba de baterías sanitarias y que los estudiantes defecaban en las pajas. Pensé enseguida en averiguar qué era lo que realmente pasaba en aquel colegio. Pero no sabía que tan pronto sería.

Casualmente, sin buscarlo, el viernes siete de Julio, mientras transmitíamos Alma Mater, el programa insignia de Unisucre, el destino me volvió a poner al frente del colegio. Estábamos en la casa de Feliz Villarreal, cuando observamos la paredilla que cerca al colegio y el montón de estudiantes dispuestos a entrar, en medio de la niebla de las cinco de la mañana para seis. La yerba, en las afueras, es dantesca.

-Somos los vecinos los que hacemos limpieza, pues el colegio no corta una paja, dice el señor Villarreal.

Fuimos a desayunar pescado en el centro y regresamos al colegio. Y nuevamente nos encontramos con la historia. Se trataba del mismo del informe del corresponsal.

Así que pregunté por el rector. Su Nombre es Humberto Santos, pero estaba en una reunión, de modo que nos dispusimos a escuchar el taller sobre lectura creativa, dictado por el escritor Amaury Pérez y gestionado por la psicóloga Eliana Hernández, quien lidera un proceso interesante con los jóvenes de esta bella Villa. El salón, de por sí, calenturiento y amplio, le falta una lámina del cielo raso, único detalle de las denuncias. Afuera, salvo las ruinas del patio, el jardín y los mangos, son reconfortantes. El colegio siguió los lineamientos arquitectónicos de un viejo convento, que fue decayendo en medio de la poca proclividad del costeño por el sacerdocio y otras yerbas. La entrada es un jardín y el celador, con un sombrero vueltiao grande, parece un capataz de finca, quien abre y cierra la puerta a los autos, que apilados en el jardín y parecen esconder la historia de posible corrupción que nos aprestamos a abordar.

Dialogué telefónica con el rector Humberto Santos, quien se comprometió ampliarme la información.

– Lo que los estudiantes vayan a las pajas a hacer sus necesidades fisiológicas. es un aspecto cultural, me dijo.

Una comisión de la oficina de control interno de La Gobernación de Sucre, que escarba documentos, nos dará luces al particular, cuando entregue el informe de sus averiguaciones. Tienen dos días de estar escarbando y mañana les estaremos informando. Por el momento, en los informes de gestión por recursos provenientes del programa de gratuidad de la educación, en 2012, habría un faltante de más de 30 millones de pesos. Al parecer, el rector administra el colegio como si fuera una finca.

(Continuará).

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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