Por ALFONSO HAMBURGER.
La entrada a La Mojana (Día 1)
Canal A, situaciones y riesgos.
Un tipo loco con un revolver en la mano, un sancocho de gusanos y una amenaza de muerte si tomábamos una fotografía, amén de varios accidentes, sólo fueron algunas de las situaciones presentadas en un mes de correduría en el desarrollo de ONNE EXPEDITION MONTES DE MARÍA, que hoy detallamos.
Habíamos arrancado el domingo catorce de noviembre 2021 desde Sincelejo y Cartagena, respectivamente, un grupo de ocho personas, entre periodistas, ingenieros , productores , presentadores e investigadores para realizar varios documentos multimedia, en los que estábamos arriesgando casi todo. Sabíamos que era un desafío casi anónimo.
Fue una aventura maravillosa, sólo comparada con la Expedición Botánica, de la que parte de los insumos fueron decomisados por la corona española y cuatro de sus integrantes fueron metidos a la cárcel. Ellos lograron identificar más de tres mil especies nativas de América y a falta de fotografías, les tocó pintar aquel descubrimiento, que también fue incautado.
En ONNE EXPEDITION MONTES DE MARIA, una reparación simbólica de nuestro territorio, serán cincuenta cuadros y más de cien crónicas en dos canales, al estilo Orlando Fals Borda.
La primera caravana salió de Sincelejo a las seis de la mañana en un Nissan Smarh con Alfonso Ramón Hamburger y Marialis y Orieta Hamburger. A la altura del Maizal se unió Luis Eduardo Osorio, conductor de un dron, quien había madrugado desde Santiago de Tolú.
De Cartagena, a bordo de una camioneta Zuzuky color de perro corriendo, salió el director Toño Suárez, al volante, con Carlos Cabarcas, Arturo Díaz y la productora de campo Hannia Paternina.
Íbamos con rumbo a Majagual, Sucre, que ese domingo estaba inmerso en los carnavales de independencia y lo hallamos como si hubiera salido del bombardeo atómico, con calles sucias y la revuelta callejera, cómo vestigios de que alguna vez fue territorio del viejo Bolívar Grande.
El desayuno en la ceiba de Sahagún nos dió ánimo para arribar a San Marcos ,cuyo hospital regional estaba en emergencia por la falta de agua y el director de dicho ente había dado permiso a la auditora ambiental para que se sumara a nuestra Expedición con un permiso especial.
Mientras se solucionaba el problema del agua en el hospital el grupo que venía de Cartagena nos sobrepasó.
Después de San Marcos se siente ese zumbido en los oídos que genera en el visitante la Mojana, una tierra de promisión, pero olvidada.
La ausencia de pueblos grandes en los más de cien kilómetros pavimentados entre San Marcos y Majagual, da la sensación de infinito. La distancia se nos hacía interminable.
A lo largo del trayecto, cuya carretera había sido desbordada por las agua en algunos tramos, debido al rompimiento del Río Cauca en el chorro de Cara e Gato, fue el primer gran anuncio de la tragedia ambiental que vive está región.
A lado y lado de la vía, en terreno de Rabón, municipio de San Benito Abad, empezaron a aparecer cambuches miserables, construidos con retazos de plástico y tablas viejas sobre el carril derecho de la carretera.
Fue el primer problema ambiental. La gente estaba hacinada sobre la carretera ,viviendo de limosna, recogiendo, especialmente los niños, monedas en los retenes con cabuyas, mientras los adultos sacaban pequeños pescados del agua derramada en las orillas. Algunos de los cambuches están allí desde las inundaciones de 2015.
Esa entrada a la Mojana, cuando caía la tarde, fue el primer presagio de que nos estábamos metiendo en una camisa de doce varas.
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