Crónicas

Murió Toño Viana, un campesino llovido y asoleado.

HERLINDA TOÑO VIANA

Murió Toño Viana, un campesino llovido y asoleado.
– Y Herlinda, la de la sonrisa eterna.

Este año que se aleja, nos deja sin Toño Viana y sin Herlinda Herrera, ambos ya casi pisando los cien años. Eran esa especie de libros andantes, que nos dejan muchas cosas buenas.
Herlinda, mujer de Chepo Tapia, madre de Rita (mujer de Piero) de Rosario, Adelma (mujer de Jorge,) Judith, Jorge, Beatriz, Bernardo (concejal de Galapa) entre otros, una abuela que jamás perdió el poder de la risa y la sonrisa, de reírse hasta de sus propias tragedias. Con una prole tan larga, Herlinda vivió sus últimos años paseándose entre las residencias de sus hijos, nietos, tataranietos y salta corrales, en Cartagena, Bogotá o Barranquilla, donde la sorprendió la muerte en el mes de octubre pasado. Lógico, que su sepelio, concurrido y caminado, fue en San Jacinto. Siempre vivió en Paraco, en una casa pequeña con un patio esplendoroso lleno de matas y árboles, que compartía la pared trasera con el cementerio de los liberales, en La Bajera.
Era casi imposible llegar a San Jacinto, pasar para La Variante y no entrar en aquella casa pequeña a medias aguas, donde siempre había abrazos y sonrisas, siempre alegre, con un tinto a conversar, casa fresca y dispuesta al caminante, en cuyo patio trinaban muchos pájaros y olía a heliotropos, a inviernos acumulados. Aun en silla de ruedas, mantenía la alegría, su sonrisa intacta y la fe por la vida. En aquellos tintos conversados y su mata de pelo zenú con sutiles brechas blancas (debió ser muy bella en su juventud), porque el maluco era Chepo, siempre recordaba a la Seño Viña, madrina de Judith y de Bernardo. El colegio la Anunciación estaba a un tis de aquel patio y Viña llegaba a des estresarse, a compartir las cosas de la familia en común y se quitaba los zapatos para descansar de la larga jornada con esos niños tan necios. Herlinda Iba a cumplir cien años cuando cerró los ojos para siempre, pero dejó palpitante su corazón.

Toño Viana.
Siempre se le conoció así. Toño Viana, a secas. Tenía carácter. Ese que da la escuela de la vida. Ese temple que dan los años y la sangre, el temperamento de los genes, porque los Viana son “fregaos”, como mi vecino Luis Viana, el relojero, hombre de pelo en el pecho y revólver al cinto, quien pregonaba que “Soy malo y me tienen miedo, nojoda!.
Campesino curtido, con poca tierra, Toño Viana (a secas), siempre usó sombrero blanco. Texano. Lo recuerdo siempre en el callejón de Don Bene, sentado en un pretil ( así lo tengo en una foto perdida), con la fama de los juglares, y más allá la profundidad de la calle solitaria, que su presencia llenaba toda. La gente se pregunta de cómo pudo forjar, con el solo poder de sus manos y su talento, toda una prole ( como para un equipo de fútbol con suplentes y todo) y dejarlos al morir enganchados en sus profesiones y realizados. Toño caminó gran parte del siglo XX, quizás el más conflictivo del mundo ( el peor para el Caribe, después de sus ministros y presidenciables del siglo XIX), sus ojos vieron los adelantos de la TV y el alunizaje del hombre, los conflictos internos y tuvo en sus manos los adelantos tecnológicos del siglo XXI, pasando del burro a la camioneta climatizada y estuvo a punto de montar los carros eléctricos, después de conocer el chat y el tuits . Se percató quizás del desplazamiento de la cumbia por el vallenato y del vallenato por el reggaetón.
Su mirada era profunda, de apariencia callada. Creo que era de pocas palabras, porque sabía que aprende más quien escucha, que quien mucho se ufana con sus palabras.
En ese pueblo mío, bellamente difícil ( como dice Adolfo Pacheco), donde se generan estigmas (más si vienes del monte, Las Palmas, Bajo Grande o Arenas) , Los Viana Muñoz, demostraron que no son ningunos Vianitas, sino unos Viana con toda la barba.

Cuando mueren seres como Toño y como Herlinda, el sentimiento es agridulce, en el que resulta más propicio sonar una gaita que echarse a llorar, porque ellas si saben lo que es “la acabacion” de la gaita y de la gente, aquel sonido corrido y sin canto, que no necesita más arandelas, porque la sola música descifra todo ese cúmulo de sentimientos que se llevan por dentro, debido a que las palabras nunca alcanzan a explicar los sentimientos que se quieren expresar.

Que Dios los reciba en sus brazos.

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Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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