Murió Arcesio Mercado, el hombre de los bonos alimenticios en el Faisan.

Por Alfonso Hamburger

Sería como en noviembre de 1984 en que llegué por primera vez a Sincelejo. Vine a un Festival Sabanero del Acordeón a acompañar a Miguel Manrique, quien había ganado ese festival  años anteriores en canción inédita, con el tema Agoniza un Gaitero. Nos venimos en una moto Honda 250 que se le salía la cadena cada cinco kilómetros. Y como yo era el parrillero me tocaba bajarme a encajársela, de modo que llegué con las manos embetunadas de aceite.  Salimos de San Jacinto con la esperanza de meternos entre los tres primeros puestos, pues la situación económica era muy apretada y cualquier puesto era ganancia. Miguel empeñó una de sus cámaras fotográficas para dejarles a su mujer e hijos para el arroz de tarde. Tomó su guitarra y nos venimos.

Nos fuimos en blanco.  La residencia que nos dieron, en la calle Francisco H. Porras, no tenía aire ni agua. Amanecimos en el parque Santander con una botella de trago enguacharacada. Entre putas y borrachos apaciguamos aquellas olas de calor y fastidio. En la noche previa me desquité las bajadas de la moto, por lo de la cadena, y mientras yo retozaba con una locutora, quien osadamente se había dignado acompañarnos en aquella pocilga, Miguel era el encargado de cerrar la puerta y apagar la luz. Claro, la dama se fugó antes que nosotros, porque no aguantó el tracuteo de dedos sigilosos bajo  las sabanas.

Aquella vez llegamos al restaurante el Faisán, diagonal a la catedral,  antigua casa de Chano Romero, donde hoy están los parqueaderos del Ley, allí repartían los bonos para las comidas de los participantes. Yo no era músico, apenas cursaba unos semestres de comunicación social en la Universidad Autónoma del Caribe. Solo era el parrillero de Miguel, pero contamos con la suerte de conocer a un tal Arcesio Mercado Herrera, hombre afable, con rasgos marcadamente indígenas, pelo lacio y ojos gachos, quien era asediado por los músicos.  El buen hombre, amante y querendón de los músicos y de la música sabanera,  era el encargado de distribuir los bonos de alimentación y las habitaciones.  Tenía una marcada confianza con los músicos que habían venido de San Jacinto y la empatía fue buena. Me camuflaron en los bonos y en la maltrecha residencia, de donde nos fugamos acosados por el calor.

Después, a mi venida  definitiva a Sincelejo, no fueron muchas las veces que nos vimos, pero siempre que me lo encontraba, recordábamos los bonos del Faisán. Era un gran animador de nuestra cultura musical. De esos radio periodistas de monte adentro, que no dejaron fiesta de pueblo, corraleja, procesión o carnaval ni sancocho que no reventaron y transmitieron. De la estirpe de Pescado Macho,  Juan Severiche Vergara, y tantos otros que han sufrido y gozado este bello oficio, en un departamento donde se sufre, pero se goza de lo lindo.

Murió sin desprenderse del micrófono, de seguro rebuscando las cuñas tan esquivas de esta época, en que la profesión se ha enrarecido tanto y donde todos los días aparecen seudo periodistas en las redes sociales, desplazando a los hombres de carne y hueso que abrieron caminos y llevaron a todas partes la viva voz de los pueblos y la magia de la radio. Era la voz la que llevaba la imagen y encendía la imaginación de la gente. Y uno se los hallaba en las esquinas echado cuentos o en los almacenes implorando por una cuña, porque muchas veces eran o son excluidos de los protocolos oficiales, hoy llenos de niñas bonitas y muchachos amantes de la ideología de género.  Lamentablemente, este tipo de trabajadores de la radio y defensores de la música sabanera han ido desapareciendo, tanto en Sucre como en Córdoba y Bolívar. Las emisoras tradicionales han sido vendidas a las cadenas que las llenan de vallenato venteado y otras independientes de religiones y brujos. La franja para quienes como Arcesio, mantenían viva esa radio  tradicional, sabrosa, se han ido cerrando.

Le envío un abrazo solidario a  Laritsa Mercado Covo, comunicadora social periodista y magister de Uninorte, residente en Barranquilla, quien en  buena hora recibió las influencias de su padre.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Previous Story

De cabalgata y añoranzas

Next Story

La antitesis de la trampa de Aguachica