LELIS MOVILLA SE FUE RABIOSO.

flor tumba– Movilla era el mejor periodista de Sucre.

Manuel Medrano aseguró que en Sucre existen cien periodistas mejores que yo. Lelis Movilla Bello- quien acaba de morir-encabezaba aquella lista. Y yo estoy de acuerdo. Yo no aspiraba ser el segundo, siquiera. La idea era aprender y divertirse.
Y Lelis, quien murió rabioso contra el mundo, pero sin implorar piedad, fue el periodista que marcó esa diferencia abismal en un medio muy competitivo, porque además de informar, pensaba. Era un escritor pulcro, que manejó una variedad de géneros, desde la noticia, columna de opinión, el ensayo, el cuento y la novela. Solamente con su novela María Varilla ( sol de media noche) , segundo lugar en el Primer Concurso de Novela Histórica convocado por Cecar- Cus, deja un legado imperecedero a la literatura y al folclor. Sabía de porros, pero no alardeaba de ello. Para que Medrano lo calificara como el primero- sabiendo del ego satírico y posición ventajosa ante el micrófono del crítico altisonate- se necesita ser una autoridad. Y Lelis lo era. No solo en su pluma y verbo sino en lo moral. A diferencia de otros que alcanzaron todos los méritos con su nadadito de perros y que poco tomaron posiciones ante el poder, Movilla fue rabiosamente abierto para expresar sus amores y desamores, desde El Espectador hasta El Clavo, donde le daba fuete a Raimundo y todo el mundo. Este servidor, pese a las buenas relaciones de colegas, llevó “clavo” en esas dos hojitas volantes, que él mismo editaba y distribuía en el parque, donde armaba tertulias memorables. Era un hombre de calles y de pretiles. El Clavo, fue , como el proyecto de Gabo, uno de los periódicos más pequeños del mundo, pero el más rasquiñoso y punzante.
Sus posiciones editoriales en El Clavo, pronto le causaron problemas. Fue amenazado. Pero Lelis, que era investigador de oficio- con ese trabajo llegó a Sincelejo- pronto descubrió al cobarde y estúpido que ni siquiera se tomó el trabajo de usar un membrete diferente al de su oficina de abogado. El mismo fue a llevarle las evidencias y el pasquín. Quien va a matar no amenaza, le dijo.
Movilla desconfiaba, como buen periodista, hasta de sus propios calzoncillos. Por eso se declaró el comisionado del Diablo, cuando llegó a vivir en una ciudadela de evangélicos, en Chochò. Allá se fue a refugiar del agreste Sincelejo, una ciudad que se volvió peligrosa para ejercer el verdadero periodismo, hoy entregado casi en un ciento por ciento al boletín oficial, sin contexto y sin compromiso social.
Da la sensación de que Lelis no recibió en vida la expresión cálida de sus méritos y más bien adoptó una posición humilde, con la sencillez de quien sabe quién es y lo que vale. Sus relaciones familiares, con un hijo en el exilio y él amenazado, porque prefirió la ausencia de cuñas a la entrega de su libertad, lo condujeron al dolor. Algunos, sino todos sus libros, fueron editados en imprentas populares y de seguro unas mejores ediciones podrían surgir, en caso de que a Sucre retorne la visión real en quienes manejan los presupuestos de la Cultura.
Mario Paternina, también otra baja sensible en nuestra región, condolido y amable, fue uno de sus editores.
Los últimos años, entre Chochó y Sincelejo, con las piernas quejosas, escribió lo suficiente para entretenerse. En Lelis operaba más la inspiración que el trabajo, pero cuando le llegaba la musa, era capaz de escribir sin parar hasta 15 o las horas que fueran necesarias para culminar un cuento o un ensayo.
Movilla, de padres perseguidos por ser liberal en Montería, fue con Juan Gossain, y quizás antes que Gossain, el precursor de la voz inteligente, la del análisis para la radio, antes que la voz fuerte del locutor tradicional. Su voz no era muy fuerte, pero transmitía conocimientos sin esforzarse.
Como buen periodista, Lelis sabía que el periodista no puede aparentar amistad a nadie, porque su misión es la verdad y cuando ésta se adquiere aquella amistad se anula. Por eso, así como aseguró que Unisucre FM era San Jacinto Estéreo ( al fin y al cabo amo a mi pueblo), también fue una de las pocas plumas que destacó el Premio Nacional de Literatura Manuel Zapata Olivella, que se me otorgó en 2012. ¿Y quienes critican y andan con el libro en los sobacos, que? Se preguntaba.
En Movilla Bello no había medias tintas. Su autoridad era tal, que su criterio y su pluma estaban por encima de las pautas, del amiguismo o de los aplausos mutuos. Paradójicamente, no obstante criticar a Unisucre, en la memoria sonora de esta estación radial, figuran sus mejores entrevistas y comentarios.
Con Lelis termina una gran época del periodista todero, autoformado, aquel que no le baja la cabeza a nadie, porque siempre se salió con la suya. Hoy, con su muerte, su currículo empieza a crecer. Así somos nosotros, esperamos las paladas de tierra, para reconocer a los grandes, en medio de la crisis generada por el periodismo actual, de basura y distracción.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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