Las «puyas» vallenatas de Amparo Grisales.

AMPARO GRISALES

Por Alfonso Hamburger

Me gustan las locuras y las piernas de Amparo Grisales. Cuando ella arruga la cara, es porque a su corazón algo no le gusta. Me gusta su sinceridad y su inteligencia. Cuando estuvo en Sincelejo, hace unos seis años, en la presentación de su monólogo “No seré feliz, pero tengo marido” dijo, textualmente: “Tengo 53 años y me parece una pendejada que las mujeres se quiten los años”. Me dicen que aquella vez pasaba de los sesenta.
Pero este, el de la vejez o de su eterna juventud, no es el tema de esta diatriba. Se trata de las pifias de esta diva en el programa “Yo me llamo”, donde ha descalificado con sensatez al género vallenato, que en realidad pasa malos momentos. Amparo ha arrugado la cara con las presentaciones de los imitadores de Otto Serge (bastante avispado el muchacho), la caricatura de Martin Elías Díaz y al suspiro de Patricia Teherán. Mientras los representantes del género estuvieron en el escenario, la Diva siempre empuñó la cara. Y de hecho, el pasado jueves, les dieron el zarpazo. Eliminado el género vallenato. Sí, porque el vallenato no es un ritmo, sino un género con cuatro aires: el paseo, el merengue, el son y la puya. Y todos no son propios del territorio marcado por Consuelo Araujo como vallenato- vallenato.
En lo único que pecó Grisales fue en calificar al Santo Cachón como puya vallenata. Allí se le fueron las luces. Pifió. Y ella no tiene por qué saberlo. Ahora se les ha dado por calificar como vallenato a todo lo que suena en acordeón. La mayoría de esos aires de moda, que llaman nueva ola, tienen más ingredientes de la picaresca sabanera, que de la narrativa vallenata. El paseaito, aire hibrido y el chandé, cuyos pases de porros y sus repiques de la guacharaca y el tambor, invaden la música de acordeón: caso Los sabanales, mi color moreno, el santo cachón, y tantos otros que se meten como vallenato.
El primer vallenato en revirar contra Grisales, fue el connotado poeta de Villanueva, Rosendo Romero, quien advirtió que en ese programa le estaban “cargando” la mano al vallenato. No creo, y trataré de justificar al jurado, salvo la pifia de Amparo al calificar la canción mencionada como puya.
Precisamente, en ese ejercicio de imitación, es donde más se nota la crisis. Todos los hijos de Diomedes Díaz- casi medio centenar- viven de la imagen que les legó su papá. Al tratar de imitarlo terminan caricaturizándolo. Han saturado a Colombia de sus ademanes y giros, sin lograr su altura. Dicen que es el tal Martin Elías, quien más se acerca, porque el mayor( Rafael Santos) terminó pareciéndose más a Iván René Valenciano. Y su voz jamás alcanzó los niveles de su padre. Ahora, en el programa de Caracol TV, aparece uno personaje imitando a la caricatura de Martin Elías, el gran, como decía su papá. Y, ciertamente, el concursante botó toda la energía que pudo, pero terminó gritando, “caseteando” y pareciéndose más al intérprete original de la canción (Robinson Damián), que a Martin Elías o A Diomedes. Y en el caso de la diosa del vallenato, la bolivarense Patricia Teherán, que entre otras cosas ninguna mujer la ha igualado, su admiradora-imitadora tuvo varias fallas, primero en la actitud histriónica y segundo en que la pista utilizada( tarde la conoci) iba más rápida que la original, lo que le impedía lograr el matiz de voz adecuada. Ya el género vallenato ha tenido grandes aciertos, pero le llegó el momento. El mercado se saturó. Las modas cambian. Estamos en un sistema capitalista y las tendencias del mercado son inciertas. Cuando el ovejo recula se lleva a todo el que se atraviese. Si el calor es exógeno, no valen pañitos de agua tibia.
Es el mismo caso de Silvestre Dongón, mientras estuvo conduciendo uno de esos programas, al género de acordeón (hoy llamado vallenato), le fue bien. Pero Dongón se fue detrás del estilo de Carlos Vives y ahora hay por lo menos cien muchachos tras la imagen del Urumitero. Es una paradoja. Dongón detrás de Vives y la muchachada detrás de Dongón, mientras éste deja la cumbia y se va para Miami con las manos vacías. Dejó, sin darse cuenta, al mejor ritmo suramericano en San Jacinto.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Previous Story

¡Colombia con lo justo, pero no basta!

Next Story

¿Por qué mataron los alcaldes en Sucre?