La labor de cazar hombres para alimentarlos!

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¡El cumpleaños del hombre de la calle!

Mientras Sincelejo se desparramaba sobre sus calles rápidas en este diciembre festivo triste y alegre, Marelvis Támara, un ama de casa comprometida con el más necesitado, preparaba un chocolate de maíz y tostaba unos emparedados con sus hijos y sobrinos en el barrio La María. Era el viernes quince de diciembre por la tarde. También adquirió una torta de cumpleaños. A esa hora ya tenía identificado su recorrido apenas cayera la noche. En la esquina de la antigua Caja Agraria y frente a Avevillas, se recogen varios hombres de la calle, entre ellos Iván Fuentes Paternina, quien había cumplido años el lunes y a quien jamás le celebraron un cumpleaños en sus cincuenta y dos abriles.
Trabajadora de una compañía de transporte, separada, cuatro hijos ya crecidos, esta sincelejana de gran sensibilidad tiene un grupo de amigos, con los que se dedica a atender a la gente que por cualquier motivo, no ha tenido otra opción que habitar en la calle.
A las siete de la noche ya estaba con su tropilla, la torta, los emparedados y el chocolate caliente, en la esquina de la calle 23 con carrera 17, donde nos ruñimos para la campaña. Los jóvenes estaban felices y expectantes. Era la primera vez que le iban a celebrar un happy beardy a un hombre de la calle. Iván Fuentes Paternina, quien lleva 18 de sus 52 años caminando el mundo, ya estaba recogido en esa especie de pesebre de cartones en el sardinel del Centro Odontológico de la Sabana. Estaba tapado de cartones de pies a cabeza, de modo que cuando le tocamos para que se levantara, lo hizo bastante sorprendido y con parsimonia.
– Levantate y ponte los zapatos, le dije, que vamos a cantarle el cumpleaños.
Los jóvenes se bajaron del ato que estaba dando la vuelta por la manzana y enseguida llegaron con la torta. Marelvis sustrajo una muda de ropa nueva, suéter azul de rayas horizontales y un blue jean. Después del saludo ordenó que se pusiera la ropa nueva. Iván, risueño y sorprendido, sin creer lo que le estaba pasando, se puso la ropa nueva sobre los harapos viejos, porque no había tiempo ni espacio adecuado para otra cosa. Fue allí, donde se le cantó el feliz cumpleaños y se compartió la torta. A Iván se le cumplieron sus sueños, jamás le habían festejado un cumpleaños.
Esa noche las calles estaban llenas de locos. Iván es un hombre tierno y callado, calmado. En cambio hay otros que son agresivos. Algunos se drogan. Tiran piedras. Hay uno que anda semidesnudo y se mete en los cajeros electrónicos, donde simula que es un magnate que vacía esos aparatos.
En ese momento, una vez dejamos a Iván contento, mientras atravesábamos la calle, apareció otro, un hombre altísimo, harapientos y cabellos largos, que atravesó la avenida con largas zancadas, pero no pudimos detenerlo.
En la esquina del Banco Agrario, calle 23 con 18, hallamos a Cesar, un hombre que vive allí hace dos años, donde comparte el espacio con otros hombres y mujeres que sustraen desperdicios de la basura. Cesar, de 31 años, en apariencia fuerte, de ojos desvariados, habla mientras come. Dicción perfecta y sus reflejos son buenos. Desde los dieciocho vive en la calle. La decisión de irse de casa de sus padres y hermanos, en el barrio Botero, al norte de Sincelejo, fue su adicción al vicio. Sus padres y hermanos se oponían y le fregaban la vida. Se traba con base y bazuco. Dice que lo compra por dos y tres mil pesos en lo que llaman el hueco, un espacio casi impenetrable para los mortales, en el barrio La Trinidad, en el sur de la ciudad. Se gana la vida reciclando basuras. Sus ojos son vidriosos y desvarían, pero no es agresivo. Confiesa que ya está cansado, que ya se droga poco y que le gustaría regresar a casa.
Marelvis esa noche repartió unas cuarenta meriendas por las calles, bajo los puentes, en basureros, en compañía de uno de sus hijos, su nuera, una estudiante de abogacía y sobrinos. Descubrieron mucha hambre, necesidades e historias, que pronto estaremos contando.
En la noche del 23 de diciembre, la tropilla de Marelvis, saldrá nuevamente a recorrer las calles sincelejanas para llevarles comida y aguinaldos a los hombres de la calle.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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