JUAN ELIAS, UN ARTISTA SIN COMPLEJOS.

JUAN ELIASCUÁL LA FLOR SILVESTRE

-Una voz de ensueño!

Por Alfonso Hamburger

 

Por un tiempo largo nos perdimos del pueblo. Juan Elías, no era necesario decir su apellido para saber de quién se trataba, también se perdió de la memoria. Fueron los tiempos aciagos de la guerra que nos envolvió a todos como una ola inesperada y que no nos bota a la playa, sino que nos arrastra mar adentro.

En el pedazo, más allá de Pepe Anillo, cerca del Instituto, todavía soplan los recuerdos de las grandes parrandas de la élite del pueblo, de memorables sancochos e inmejorables ocurrencias. No era una esquina como la de Gucho o El Boliche, pero allí había pega pega. Los personajes que allí gozaban, entre la mamadera de gallo, la música y el acto creativo, son irrepetibles y ya hoy hacen parte del imaginario colectivo, de la magia del pueblo. Juan Elías no era un humilde talabactero, que pegaba el rejo de una abarca, mientras cantaba como los Dioses, sino un sabio que se fue levantando desde su aposento, para levitar en la trascendencia.

Tampoco era el marido de Socorro, otra figura a la que sólo había que mencionar su primer nombre para saber de quién se trataba, sino un artista que no se las daba de artista. Por su guitarra y su voz pasó Adolfo Pacheco y la mejor época de San Jacinto. Todos por allí pasaron. Y todos dejaron su historia y su gracejo. Se volvieron inmortales. Personajes de novelas.

Primero se fue Socorro, como en el viejo Miguel. Y Juan Elías se había quedado solo allá en Barranquilla. Sus hijos le salieron buenos.

Y es allí donde el hombre se renueva como el águila que ha llegado a sus primeros 40 años y levanta vuelo como flor silvestre que al renovar es mejor su aroma.

Juan Elías, después de ese tiempo muerto en el que todos caímos, volvió con más fuerza. Sus camisas floridas, su sombrero de jipi japa y su canto pulido, aprovechando que las redes sociales nos abrieron la cabeza, nos trajeron al nuevo Juan Elías, rodeado de sus orgullosos descendientes, que lo impulsaron hasta volverlo a poner en el pináculo de la fama.

Entonces la figura del talabactero remoto, a quien le habían puesto un remoquete pesado, quedó apenas en el tiempo y empezamos a ver un artista consumado, a quien no le fue difícil asumir el rol de la modernización. Pasó de la palabra a la imagen como debe ser. Había trascendido la anécdota y el mito.

Juan Elías había logrado su punto más alto en la memoria popular y lo vimos bailando con soltura, como si fuera un sajuanero- san jacintero escapado de una isla del Caribe.

Gracias a su guitarra, su bella voz, y al tino de sus hijos, pudimos ver en esta etapa, esta de los tiempos finales y dramáticos, a un artista en todo su esplendor.

Juancho se salió con la suya.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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