Crónicas

Góngora, el monseñor que no le gusta el vallenato.

Este es el ex obispo de Sincelejo, Nel Beltran., el verdadero.

Este es el ex obispo de Sincelejo, Nel Beltran., el verdadero.

 

 

Alberto Gongora, el doble de Nell Beltran.

Alberto Gongora, el doble de Nell Beltran.

Aqui con Yimi Alvarez y Jesus Robles Anaya.

Aqui con Yimi Alvarez y Jesus Robles Anaya.

Por Alfonso Hamburger

Monseñor Nel Beltrán Santamaría, ex obispo de Sincelejo, se fue de Sucre, pero dejó en su reemplazo a Alberto Góngora Pérez, un tolimense que dicta misas gastronómicas en El Corralito, diagonal al antiguo Telecom, donde escucha violines, harpas celestiales y música vieja, incluso algunos vallenatos gruesos. “No me gusta ese vallenato nueva olero, solo algunos viejos”, dice Monseñor- así le dicen sus amigos-, impecablemente vestido, mientras atiende su numerosa clientela.
Desde hace 25 años administra su propio restaurante, en propiedad de la familia, cuyo lema es: “Telecom queda al frente del Corralito”, cuya especialidad es la comida casera.
Hijo de una consagrada poetiza, Francia Pérez de Góngora ( antologada nacionalmente al lado de grandes vates) y de un campesino liberal desplazado de Santa Isabel, un pueblo del Tolima colonizado por boyacos, Alberto Góngora, el doble de Nel Beltrán Santamaría, nacido el 28 de Junio de 1945, llegó a Bogotá en 1958. Tenían tres fincas a 35 kilómetros de Ibagué y a unos 20 de Armero, en las postrimerías de siete volcanes.
De niño, Góngora percibió la violencia partidista entre liberales y conservadores, que generaba más de diez muertos los fines de semana. Los niños se divertían poniendo las cabezas en los cuerpos mutilados que creían eran los dueños de aquellos miembros amputados. Jugaban con los cadáveres, hilados en las plazas publicas .
Dejaron todos sus bienes y a los trece años Alberto y sus cinco hermanos con sus padres irrumpieron en Bogotá, donde descolló como basquetbolista, pero su destino era Sincelejo. Acá llegó como agente viajero en 1968 y se enamoró perdidamente de la que considera la mujer más bella del mundo, Zoilita Ibarra Tamara, con quien procreó sus dos hijas. Ella es pensionada de La Fiscalía.
Se la presentó un concuñado, el Doctor Eugenio González y fue amor de primera vista, como los de antes. Ella fue quien les abrió la puerta y quedaron flechados para toda la vida. Claro, que él, con unos ojos verdes claros y una labia de vendedor de ilusiones, le dijo de una que se iba a casar con ella. Duraron tres años y medio de noviazgo, sin prueba de amor anticiapada y una vez matrimoniados vivieron siete años en Ibagué, pero su destino era Sincelejo, el mejor vividero del mundo.
Buen catador de licores, coleccionista de clásicos viejos, oyente pura sangre de Unisucre FM, Alberto Góngora, lleva una vida feliz, entre clientes que consumen su avena cubana, comida casera y una atención personalizada que lo ha hecho famoso, sobre todo por su carisma, su charla y por el tremendo parecido con el que fuese por más de 25 años Obispo de Sincelejo, Nel Beltrán Santamaría. “Nos vimos dos o tres veces y nos bromeamos, pero él siempre andaba como de afán”, dice Alberto.
De su madre, la poetisa Francia Pérez de Góngora, muerta hace tres meses en Bogotá y quien fue pieza clave para defenderse en la capital, donde llegaron con las manos vacías, Alberto conserva retratos, muchos recuerdos y sus poemas antológicos.
Por estos días, garrapatea un libro que nunca termina, mientras atiende su numerosa clientela, impecablemente vestido con ropa hecha a la medida, oyendo buena música y con una cerveza en la mano.

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Alfonso Hamburger

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