Crónicas

En San Jacinto se reúne segunda promoción del Pio XII

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Arriba, de izquierda a derecha, Henry Javier Hamburger, Luis Ortiz Estrada, Alfonso Hamburger, Anibal Barraza Carval, Jaime Garcia, Luis Villadiego Lora. Abajo, en el mismo orden, Jairo Buelvas, Juan Carlos Gutierrez ( juguva), Manuel Alfaro Arias, Edilberto LEONES,Fredy JIMENEZ (Vitualla), Edwin Castellar, Poncho Ortega y Jose Carval.

Se reúne segunda promoción del Pio XII.

Trece años antes de que la guerrilla se metiera en Bajo Grande, la familia Hamburger Fernández, vivía en aquella villa feliz. Hasta entonces, todo el desarrollo de aquel pueblito tierno de cuatro calles, 92 casas, una iglesia de piedra y barro, una cárcel que solo tuvo un preso que se fugó, dos lagunas, una cancha de fútbol con medidas gigantes y un cementerio, pasaba por las manos de la familia. Miguel Herrera, el abuelo materno, fue considerado el fundador del pueblo. Después vino Wilfrido Hamburger Anillo, a quien buscaban para todo tipo de conciliaciones.
El mejor momento de Bajo Grande fue cuando Nelson Hamburger y Virginia Fernández, sentaron una familia de ocho hijos y construyeron la casa más prestante de la localidad. Él era el inspector de policía y ella la maestra que se convertiría en médico, cura y comadre. Todo trascurrió entre 1951 y 1974, en que abandonaron el pueblo, ya cuando el mundo empezaba a descomponerse. Los diez hijos (murieron dos mellitas en un aborto) los tuvieron año a año, entre 1951 y 1967.PIOXII1                                Ledis Rodelo
La casa era la más grande del pueblo, donde se bajaba el cura. Fue la única que quedó en pie después de la guerra.  Quedaba en una esquina del barrio Abajo, techada en zinc y con un patio que ocupaba una cuadra a la redonda, en el que había una planta eléctrica que le daba luz a medio pueblo y tres corrales de ganado, patio para las gallinas, caballeriza y chiquero para los cerdos. En la esquina había una tienda, después una sala de cemento con un espejo a cuerpo entero y el cuarto nupcial con una ventana a la calle y una puerta falsa que daba a un corredor media-guas que servía de dormitorio, almacén y pesaje del tabaco. En aquel corredor caliente con cuatro puertas: una comunicaba con la sala y la tienda, otra con la cocina de palma, otra al corral del ganado y una a la calle por el callejón, colgábamos las hamacas revueltos con la peonada. Fue allí, en una noche de 1973, al final del año, que escuché las voces preocupadas de papá y mamá. Ellos hablaban hasta tarde de la noche y la conversación se filtraba al corredor donde dormíamos. Su preocupación iba desde los destrozos de los inviernos y los largos veranos, que mermaban la economía familiar hasta el viaje de Piero a Bogotá. Cada mes vendían una vaca para cubrir los gastos de los cuatro hijos que estudiaban por fuera. Wilson en Bogotá, Nelson Alfonso en Medellín, José Wilfrido en Montería y Viery Judith en Barranquilla. Piero viajaba a Bogotá al día siguiente y debían enviar recursos a Wilson.
Pero mamá, que era la visionaria del hogar, pensaba también en los cuatro últimos, que aún estábamos en Bajo Grande, ayudando a pastorear el ganado, acarrear el agua, arreglar las garabateras y ordeñar las vacas. Mi padre no era partidario de que saliéramos a estudiar, decía que con lo que sabíamos bastaba. Nos necesitaba para las labores del campo. Ya estaba cansado y los cuatro que estaban estudiando por fuera eran una especie de tigre que se comía las vacas. Eran demasiada carga. Fue donde mi madre levantó su voz. Los últimos cuatro también tenían derecho. También debíamos estudiar y que de alguna manera se emparejaban las cargas.
Mi padre, en cambio, estaba a gusto con las 3 mil matas de tabaco que habíamos sembrado y asistido en aquel 1973 en Frío de Perros. Fue donde tomaron la decisión de mudarnos a San Jacinto, en febrero de 1974 con el resto. No fue fácil desprender de la masa de concreto en que estaba incrustada la planta Lister que le daba luz a medio pueblo. Varias de las 137 comadres de mi madre se desmayaron cuando vieron salir la mudanza. Y el pueblo empezó a morirse, hasta que, en el primer veranillo de 1987, se metió la guerrilla y mató al inspector de Policía que había reemplazado a mi padre.

PIOXXI2                                                                Elisa ortega, contadora publica.

Al llegar a San Jacinto no fue fácil aclimatarse. Estábamos acostumbrados a andar detrás de las vacas, a bañarnos en las lagunas, a andar por el monde a pata limpia y a comer a grandes cantidades, más que todo queso, suero, yuca, café con leche y carne cuando mataban una vaca.
En San Jacinto no había demasiada oferta educativa más allá del EVA, despues ITA, que en 1972 había sido epicentro de grandes revueltas y de manifestaciones callejeras en las que se les daba viva al EPL como brazo armado del PCCML.
Sin embargo, apenas al año anterior de nuestra llegada, el colegio de Las Monjas, que era sólo para mujeres, abría las puertas al bachillerato mixto. Fue la generación de Galo Viana, el Berro, y esa pléyade de buenos futbolistas.
Henry Javier, que ha sido como mi hermano gemelo, y yo, entramos en febrero de 1974 a primero de bachillerato al Pio XII, ubicado detrás del depósito de Pepe Anillo y por el otro lado la capilla de Las Monjas y el Comando de La Policía, que también era la alcaldía en tiempos de José de La Cruz Rodríguez Marrugo, el alcalde del cemento en Gallo Bueno. Al frente Benjita Barraza y en la esquina el poeta Vasquez, un tendero que escribía versos en los papeles donde envolvía el azúcar.

PIOXII7                                              Anibal Barraza Carval

Henry, que era mejor que yo en casi todo- y más simpático- caímos en el primero A, los más pequeños, donde nos recibieron, entre otros Juan Carlos Gutiérrez ( mejor marcador de punta que Chontico Herrera), Edwin Castellar ( avispado y entrón), Fredy Jiménez de Magangué ( alias Vitualla), Aníbal Barraza Carval ( el padre nuestro), Manuel Alfaro Arias, Malari, el poeta; Edilberto Leones;  Maria Hernandez, una de las cuatro eMes de Toño Fernandez, Los hermanas Buelvas; Los hermanos Villadiego Lora ( Luis y Miriam), que se peleaban la tiza para ir al tablero a resolver problemas matemáticos, y una pléyade de hermosas mujeres, como Elisa Ortega( cabellos largos e indios), Lenny Luz Alandete, de bellos ojos verdes, criada con galleta de Las Vásquez; Nubia Aljure Barone, de Chalán, bella y altiva, de mano dura; y poco a poco nos fuimos mezclando con los de  primero B, donde habían personitas como Judith Lora Teherán, de ojos rayados y gente de la plaza alta: Jaime García, Poncho Panela, entre muchos otros, con quienes nos graduamos el seis de diciembre de 1979, por estos días cumpliendo cuarenta años.

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Mañana sábado nos reuniremos en San Jacinto para integrarnos y recordar estos hermosos hermanos que nos dio la sociedad. Esta, según Lora Teherán, es quizás la mejor generación del PIO XII, que ha dado a San Jacinto gente de bien y que ha contribuido a la grandeza del pueblo más mítico de América. ( continuará)

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Edwin Castellar y su nieto

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           Nubia Aljure y Miriam Vilaldiego, que tiempos aquellos.

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Miriam Villadiego Lora, ayer.PIOXX3

Nubia Aljure, ayer

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                         Judith Lora, Alfonso Hamburger, Luis Ortiz, Edilberto Leones y Alcira Buelva, en la primera reunion preparatoria, agosto pasado en la plaza de San Jacinto

 

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Alfonso Hamburger

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Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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