EL “TURCO” QUE SE REINVENTA CADA DÉCADA.

Banner_ECA_pago(1068px150px)EMIL MARUM -Emil Marum

Por Alfonso Hamburger

Lo conocí en el apagón de Gaviria, comenzando la década de los noventa, en un pequeño local del Centro Comercial Getsemaní, donde vendía antenas parabólicas. Emil Fajid Marún estaba en el duelo de superar sus dos primeras quiebras, una de ellas que era más de tipo moral que material. Colombia supo que la Iglesia lo había “excomulgado”, porque Marún, como sacerdote de un pueblo del Atlántico, cansado de las promesas que jamás se cumplían por parte de los políticos había retenido más de mil cedulas de ciudadanía en vísperas de unas elecciones de mitaca. O cumplían antes o nadie votaba. Los políticos propiciaron un allanamiento a la casa cural y ese otro día el sacerdote Marún apareció retratado en la primera página de El Heraldo y en un recuadro el montón de cedulas decomisadas. “Capturan a sacerdote por constreñimiento electoral”, fue aquel titular que lo condenó al escarnio de los moralistas católicos.
Como es obvio, Emil Marún, quien se había ordenado como cura en el Seminario San José de Barranquilla, se quitó la sotana, se vino a Cartagena, de donde es oriundo, y se puso a vender carnes y pollos a gran escala, pero el apagón de Gaviria lo llevó a la quiebra, porque se le pudrieron toneladas del producto, en unas bodegas de San Andrés Islas, que se quedaron sin energía.
En aquel cuchitril- nosotros teníamos uno llamado Noticar con Licho Traste al frente- Emil trataba de levantarse moral y económicamente vendiendo televisión por cable y satelital. Tenía una parabólica con más de dos mil suscripciones en los barrios del sur. Se iba por los pueblos del Caribe en una camioneta con un grupo de técnicos. En el plantón de la camioneta llevaban cables, decodificadores y una antena parabólica. Llegaban a la casa del alcalde de turo y ante sus ojos incrédulos, le bajaban más de 44 canales incidentales, totalmente gratis. La estrategia dio resultado. Fueron muchos los municipios que pudieron dar el salto de la televisión irradiada de Colombia, que era muy precaria, a televisión de alta definición y además, transmitir programas locales. Marún pronto recuperó la plata que había perdido con los pollos por el apagón y la moral en la Iglesia Católica, por tratar de salvar al pueblo del mercadeo de los políticos y sus promesas falsas.
Marún estuvo a punto de casarse en Sincelejo, donde vino a visitarme, ya con cuatro camionetas llenas de cables y antenas satelitales, con las que iba por los pueblos. El anillo de compromiso se ahogó en el mar de Coveñas y en Cartagena halló el amor de su vida.
Recientemente lo vimos en su perfil de Facebook- con el que nos volvimos a encontrar ene veces- retratado de viajes por todo el mundo, desde La Guajira a Nueva York, bien vestido, con su amplia sonrisa, sin esconder sus buenos momentos y su hermosa familia.
Pero la historia no llega hasta allí. Este valeroso talento ahora nos sorprende con sus vitrales atrayentes de personajes famosos que ya le están abriendo nuevos senderos.
Haber estudiado para cura lo preparó no solo para la vida y la economía, sino para el arte.

Transcribo, a continuación el trabajo periodístico que le hizo para El Universal de Cartagena, el periodista Rubén Darío Álvarez.

Emil Marun, vitrales de vida.

El taller de Jesús María Marún, su padre, fue el primer escenario donde Emil Fajid Marún Lozano tuvo contacto con el vidrio.
Jesús María era vidriero y trabajaba en la Calle Larga, del barrio Getsemaní, en el desaparecido Mercado Público, donde varios ciudadanos libaneses, sus paisanos, (a quienes llamaban “turcos”) tenían negocios de todo tipo.
Emil considera que su primer contacto con el arte fue la vidriera de la Calle Larga, dado que cortar el vidrio también exige destrezas y precisiones unidas al ojo avizor y a la sensibilidad del artesano.
Gracias a la Escuela Bellas Artes de Cartagena afinó su afición por el dibujo. Más adelante, en la década de los 80, en el Seminario Juan XXIII, de Barranquilla, conoció a un sacerdote francés que hacía vitrales, pero pintando sobre el vidrio, tal como las imágenes que suelen adornar los templos católicos.

Adquiridos, entonces, el ingenio para cortar el vidrio y la instrucción para el dibujo, Marún decidió que su arte sería otro: uno más allá de simplemente pintar sobre el vidrio. Uno que empezaría por cortar los vidrios de colores en pedacitos, y unir los trozos para conformar una figura.
Sus figuras son rostros, un trabajo que podría demorarse entre tres meses y un año, dependiendo de los pliegues de la cara, de las barbas, los bigotes y los atuendos que vistan al personaje.
Lo difícil es eso, pero también es lo admirable: unir cientos de esquirlas y fragmentos de cristales, a manera de rompecabezas que queden iguales al dibujo previo y a la foto que antecedió la obra.
Revestido de paciencia y pasión por la milimetría y por la profundidad de la tercera dimensión, Marún ya tiene concebidos los rostros de Gabriel García Márquez, Sor Teresa de Calcuta, Yasir Arafat, Jesús María (el padre), San Chárbel, Jorge García Usta y el papa Francisco. Todos con sus respectivas luces, sombras y líneas de expresión.
“Cuando se sabe cortar el vidrio, de un pedacito sacas una belleza”, analiza Emil, quien recurre a la técnica de la cañuela para sus obras.
“Mi propuesta –prosigue– es la técnica de Tiffany, en la que cada detalle se hace con piezas de vidrio cuidadosamente cortadas, que empato con plomo para constituir una sola unidad. Lo más difícil y también lo más importante de concebir una obra en vidrio es hacer el diseño en el papel, para llevar las líneas de expresión al vidrio con mucha imaginación”.
Es místico. Alguna vez quiso ser sacerdote católico, pero la experiencia en el seminario le sirvió para sustentarse respecto a todas las corrientes filosóficas que en el mundo han sido. Y es de ahí de donde cree que proviene su fe en lo divino del universo.
Su ejemplo predilecto es el padre San Chárbel, un santo libanés maronita, quien alcanzó la celebridad después de su muerte.
Se le atribuyen numerosos prodigios: su cuerpo se ha mantenido incorrupto, sin la rigidez habitual, con la temperatura de una persona viva. Suda sangre, ocurren milagros de luz constatados por muchas personas.
Chárbel fue enterrado en el cementerio de su monasterio. Dicen que, tras su muerte, surgieron luces extraordinarias desde su tumba por semanas.
Esto llevó a que movieran su cuerpo, el cual segregaba sudor y sangre, a un ataúd especial. Desde ese entonces, decenas de peregrinos comenzaron a visitar su tumba. Dicen que Dios beneficiaba a muchos de ellos con sanación y gracia espiritual.
“En Colombia –cuenta Marún– ha hecho milagros, como librar del cáncer a un famoso periodista. A mí me protegió durante un secuestro y me anunció la gravedad de una enfermedad que no sabía que tenía. Gracias a la migraciones libanesas se sabe de este santo en casi todo el mundo”.
Marún ha hecho de todo en esta vida. La música y la conformación de empresas hacen parte de su hoja de presentación.
Pero son estos los momentos en que el reposo de la espiritualidad y el estoicismo de lo físico le permiten armar sus rompecabezas de piezas unidas con plomo y colores que le dan otra resurrección a la vida.

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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