El gobernador que duró varios días muerto

Jorge Anaya, a corazón abierto.
– Esta  es la historia  nunca publicada de un hombre brillante en la academia, que después de enarbolar las banderas del Nuevo Liberalismo, fue enamorado por Álvaro García Romero para llevarlo a Gobernador.  Es uno de los tres gobernadores de Sucre condenados por parapolítica.  El 16 de febrero pasado, apareció en público en la plaza de Majagual. Esta nota se publica sin actualizar, tal como la dejé archivada. El tipo hoy está libre y se dedica a cuidar sus nietos.

 Por: Alfonso  Hamburger

 I. MIENTRAS ESPERO.
La historia,  por esas cosas del destino, ha puesto el corazón del gobernador Jorge Anaya Hernandez en mis manos. ¡Que no soy cirujano, dirán algunos! Metédsela a un corazón es una labor muy delicada. Entrevistar al Gobernador de Sucre en estos momentos no es fácil. ¿Qué preguntarle ante tanta noticia negativa que ha circulado en torno de él? Un prestamista ha estrellado su camioneta contra su casa en reclamo de un préstamo de cuando era candidato. Lo primero que pienso es en su corazón.
Sí, corazón, llámese así aquella presa traicionera que cuando se le pegan los pistones se paraliza todo, colapsa el mundo. Sí, llamase así el sentimiento. He querido  cogerlo en una caminata por  los sabanales del Caribe, quizás  en la orilla de una laguna o en la apacibilidad de una hamaca que lo encajone como la madre a un niño en su vientre. Pero es imposible. La vida del Gobernador es agitada. Su agenda  es apretada. Todos quieren hablarle. Todos se acercan a pedirle el oro y el moro. Las grandes coaliciones dejan mucho compromiso suelto. En estas tierras la gente se aferra a la  promesa del voto hasta para sacarse una muela. El gobernante es una esperanza interminable.Y al tipo no lo han dejado gobernar las promesas ni los líos de haberle vendido el alma al Diablo.
La antesala de su despacho, en el segundo piso del edificio de la gobernación en la avenida Las Peñitas, es vigilada por los ex gobernadores del Departamento, que viven y miran desde los cuadros que cuelgan en la pared, dominando el pasillo donde se sientan tantas esperanzas, muchas de ellas frustradas y otras pocas  complacidas . Hay fotos para todos los gustos. Pero me llama la atención la de Salvador Arana, quien se aseguró de que la suya apareciera en la galería antes de finalizar su mandato. Ellos, quienes cargan  la responsabilidad de la historia de estos 38 años de Sacre, ven cómo van llegando los usuarios y esperan en los butacones de cuero negro mientras son atendidos. Unos tienen paciencia, otros se van.
Son  las  5 y 30 de la tarde del jueves 24 de febrero. Soy uno de los usuarios que quieren ver al gobernador Anaya y espero en la butaca negra bajo la mirada serena y escrutadora de los retratos. Algunos ríen. Otros posan. Unos de ellos están muy serios y verracos, como Miguel Ángel Nule Amín, que mira con ojos profundamente negros. Uno , el que está en blanco y negro, de rostro adusto y bigotes severos, es la misma foto de Carlos El Chacal. Lo unico que le haca falta es la palabra «Se busca». Los retratos  hablan en silencio, entre sí, se cuentan sus secretos, maldades, amores, desamores y frustraciones. Mi misión es abrir el corazón  de quien aun no está entre esos retratos y ponerlo a hablar para mis lectores. ¿Para qué hablar de lo que todos hablan?
La comidilla ha sido la  columna de Salud Hernández Mora del pasado domingo. El cuento de la vaca atollada y sus tres días ya pasados por manteca. Los  profesores exigiendo su prima extra legal. El Gobernador ha tenido un día intenso. Estuvo en Chochó por la mañana y fue al teatro por la tarde, donde se cumple un taller de capacitación  a trabajadores de la cultura. Una multitud espera como yo para verlo, hablarle, estrecharle la mano. Otros para reclamarlo.

Pienso que con ese trajín el corazón del gobernador debe estar muy agitado. En la agenda figuran varios profesores que quieren verle, porque piden traslados. Algunos fueron amenazados y otros muy vivos se las dan de amenazados. C ada quien arma su trampa, en la que van buenos y malos. Afuera la ciudad vive agitada y marcha en una moto que va parada en una sola llanta. Este mundo así como va no lo arregla ni Mandrake, me dijo el llantero, esta mañana. Y yo le creo.

II. LAS PREGUNTAS

En muchos años de periodismo es la primera vez que vacilo en una entrevista. ¿Cómo está Gobernador y su familia? No,  esa no es la forma de entrar. No tengo esa confianza con el personaje ¿Gobernador, recuerda la primera vez que vino a Sincelejo? ¿Cuántos años tenía? ¿Con quién viajó y a qué? Pueden ser las preguntas de entrada, pero no estoy seguro. O ¿Qué tal si le pregunto cuántas veces se ha enamorado ese corazón? No, tampoco, me parece cursi la pregunta. Esta no es una revista de chismes y vanidades.

Bueno, así las cosas, pienso que no necesito entrevistar al Gobernador sino verlo, escucharlo, seguirlo, quizás “manosearlo” un poco. Sí, así debe ser. A veces las mejores entrevistas no se hacen con preguntas y respuestas, sino observando. Me acordé de Gay Talese , el periodista norteamericano que fue a entrevistar al cantante Frank Sinatra y los guardaespaldas lo dejaron ingresar a la lujosa mansión con una estricta condición:  no le podría hacer una sola pregunta. El artista se relajaba jugando golf, mientras se reponía de una afección gripal y necesitaba estar tranquilo. Su crónica “Sinatra tiene gripa”, es considerada como una de las piezas antológicas del periodismo mundial.

– Gobernador ¿Cómo se conoció con Álvaro García Romero? No, esta pregunta de pronto lo puede ofender. O de quizàs le agrade. Pero no, este no es el tema.  La cosa debe ser por el lado del corazón. Sí, debe ser el corazón. Eso es. Se habló tanto de este corazón que hasta fábulas se inventaron en los pasillos de las dependencias oficiales. Un  día, en los mismos días que fue operado en Barran quilla, una dama comentaba a los cuatro vientos que los cirujanos al abrir su corazón, encontraron en el interior un pedazo de queso. A mí me pareció genial la frase. No es para que nadie se ofenda. Un buen sinceano debe ser alimentado con buen queso salado. Y suero. Y yuca harinosa. Y ahuyama burrera. Y café con leche. Y lomito de cerdo. Y penca oscura.

La dama siguió su relato. El cirujano  tomó el corazón del gobernador en sus manos, calculó su peso, mientras la sangre le chorreaba por los dedos enguantados. No era muy grande, pero sí saltarín.  Podría pesar entre una libra y cuatro onzas  y libra y media. El órgano, ya abierto, fue salado y puesto al sol para que se secara como Dios  manda. Y después, ya blindado contra ataques de infamia, el corazón fue puesto otra vez en el lugar de donde lo habían descolgado. ¡Cómo ha avanzado la ciencia! Con un corazón reparado- si se revienta es por otro lado- el Gobernador ahora ha vuelto, con un ritmo a puyón mojanro,  a porro sinceano y a fandango sincelejano. Su entrenamiento diario es la agenda  que en la parte arriba lleva un slogan “Sucre ganador” y  mucho baile de porros, cumbias y fandangos, trote y bicicleta.

Sí, baile,  porque si bien es cierto que hemos tenido dirigentes que no bailan ni la pepa de  los ojos, el doctor Anaya calza abarcas, usa sombrero vueltiao y baila el porro soy sinceano, sinceano de nacimiento, sin sofocarse. Y dicen que lo hace muy bien.
Pobre gobernador, pienso. No quisiera estar en su pellejo. Gobernador ¿Usted oye radio? ¿Lee periódicos?  No. No. No. Esta pregunta tampoco se las haré.

Los ex gobernadores me siguen mirando desde sus cuadros, pero ellos no son los personajes a entrevistar. Ah, pienso en Diego Armando Maradona, para los argentinos algo así como un hombre un poco menos que Dios. Diego ama a Fidel Castro, Ama al Che Guevara, pero sobre todo es argentino. Sí, claro, como no lo había pensado, esta debe ser la primera pregunta a la hora que tenga al Gobernador al frente. Lo compararé con Diego Armando, recuerden que éste también casi se muere del corazón. Maradona estuvo ante las barbas de Dios, se fue quedando, se fue quedando y fue subiendo  y subiendo, hasta llegar hasta lo más infinito, allá  donde hacía un frío de la puta madre.

– Gobernador. ¿Cuándo le dio el pre-infarto le pasó como a Maradona? Sí, esta debe ser la pregunta.

Bueno, pero lo difícil es estar frente al Gobernador. Hay que respetar a los demás. Ellos tienen tanto derecho como los periodistas. Hay que hacer la cola.  Allá dentro el Gobernador resuelve problemas con su corazón renovado. Dios  le ha dado una segunda oportunidad sobre esta su sufrida  tierra. No debemos  interrumpirlo. Son   las seis y he resuelto escabullirme de la escena, bajo la vigilancia de los ex gobernadores, que viven en los retratos del pasado.  Ninguno de ellos sospechaba que el congresista Efrain Cepeda reclamarìa muchos años mas tarde para que algunos de ellos, condenados por parapolítica, fuesen descolgados de la pared.

Me levanto con sigilo, sin despedirme,bajo  las escaleras y salgo afuera a recibir la brisa fresca. El Gobernador ha quedado en su despacho, con un trabajo fuerte, resolviendo problemas. Salgo a la calle, tomo una mototaxi y me voy por las calles de la ciudad, todavía  pensando en el corazón del  Gobernador. Soy un hombre libre. Allá arriba el Gobernador sigue preso y su corazón, después de salado y puesto al sol, trata de salirsele del pecho.

III. EL GOBERNADOR SIGUE TRABAJANDO

Ahora son las siete de la noche y mientras la muchachada se inca en las cantinas de Majagual para ver el partido del Once Caldas -San Lorenzo, marco al celular del Gobernador. Su secretaria me contesta amablemente y me indica que el hombre sigue atendiendo a la gente. En el intermedio del partido la brisa es más suave en Majagual. Una luna sabanera asoma por encima del edificio de los Sierra Perna. Pega  un olor a patilla recién partida cuyo aroma parece enganchado en el racimo de muchachas que caminan por la acera.

A las nueve de la noche vuelvo a llamar al teléfono móvil del Gobernador. Esta vez me contesta el jefe de seguridad. Es una voz de buen timbre y respetuosa. El Gobernador sigue trabajando por su Departamento. Ese  es el parte que puedo entregarle a los lectores de esta revista. El corazón del Gobernador está trabajando perfectamente.Mañana será otro día y quizás me tome un tinto con el Gobernador, entonces si debo estar preparado, sin grabadora en mano, para entrevistarlo como Dios manda, a papel y lápiz, tomando notas al margen, mientras sigo, como todo el Departamento, el ritmo de su corazón.

IV. El NIÑO DE LOS ZAPATOS CORONA. ( Parte II, viernes 25 de febrero)

El niño que mucho tiempo después sería Gobernador de Sucre, respiró por primera vez el verano de la ciudad capital un día que su padre lo trajo de San Luis de Sincé  a comprar unos zapatos corona donde los Paternina, quienes no necesitaban poner un aviso en el periódico, porque todos sabían con exactitud en qué tienda vendían los famosos calzados, que se ajustaban al pie con unos cordones de  seda, con lacitos.

Oh tiempos aquellos en que el niño Dios era tan chiquito que los aguinaldos no alcanzaban para todos. Su padre hacía el esfuerzo, recuerda Jorge Eliecer Anaya Hernández, quien se confiesa delicado con los pies. Es uno de esos tipos que no se  pone todo tipo de zapatos.  A lo sumo abarcas, para bailar porro, eso sí, vestido de blanco. “Mi padre hacía el esfuerzo para complacerme”, dice el Gobernador, 55 años después, con tremenda sencillez, virtud que le compite a su prudencia, recordando aquel viaje en chiva, tomado de la mano del viejo, como en los días en  que el abuelo llevó de la mano a Gabriel García Márquez a conocer el hielo en Macondo.

 V.  LA ENTREVISTA

Hoy, sin duda, es otro día. El de ayer fue de observación, mientras los retratos de los ex gobernadores de la antesala me hablaban con su silencio mudo. Hoy es viernes 25 de febrero y es la misma hora de la de ayer. Esta vez los retratos en la pared están más serenos y ya no hay rastro de los profesores revoltosos que acapararon la agenda del Gobernador en los últimos días.

El niño que vino con su padre hace 55 años a comprar unos zapatos corona donde los Paternina ahora es el Gobernador de Sucre y quiere recibirme en su despacho. Voy tranquilo, pues me escoltan Mariajosé Campo,  jefe de prensa y Silvio Cohen, quien ahora es ganadero, además de periodista y político. El hombre que nos espera mide un metro con 80 centímetros y pesa 83 kilos, los mismos que pesaba cuando contrajo matrimonio. La sala tiene la penumbra del viernes y la sensación de que se ha cumplido una jornada agitada de trabajo.

El Gobernador da los últimos retoques a su trabajo con el secretario del Interior, Pablo Salcedo, un hombre de poca estatura, cabello  indio (aspecto Zenú), dicen que es la mano derecha del mandatario. Jorge Anaya está sentado en su sillón de mando y se siente ofuscado por la cantidad de papeles que naufragan en su escritorio. Se queja de que haya tantos papeles por todas partes y mientras da los últimos consejos a su hombre más cercano,  mira por encima del marco de sus gafas que descansan a mitad de nariz, quizás uno de los rasgos más  pronunciados de su rostro de caballo. Ahora lo veo más fileño que en las fotos.Nunca lo había visto en persona, de frente.

Y así es, la convalecencia de una operación a corazón  abierto, en la que estuvo preso durante veinte y un  días bajo cuidados intensivos y  seis de ellos muerto por completo, ido de este mundo, le quemaron veinte kilos.Pablo Salcedo ha desaparecido en un instante y nos ha dejado solos. ¿Por dónde comienzo? Una mirada de Cohen- perro viejo y jugado, de esos que ladran agachados- me hace soltar la primera pregunta.

–  Gobernador ¿Cuál fue la situación más difícil que le correspondió sortear durante su enfermedad?

El Gobernador  se deja mecer en su silla y toma aliento, entonces no duda en responder que la situación más crítica de su estado fue la parte pos operatoria. Al ir al quirófano estaba tranquilo, por una sencilla razón, su hermano José ( el sacerdote) ya había pasado por una situación parecida, pero con una diferencia. Su hermano entró al quirófano después de sufrir un infarto y con un edema pulmonar. Su corazón, que se había aferrado a la oración, antes, durante y después de la intervención, había  pasado la prueba. Sin embargo, cuando su corazón latía con fuerza de enamorado, un paludismo lo barrió. Era un virus que estaba incubado en su cuerpo quizás desde que su padre lo trajo a Sincelejo a comprar unos zapatos corona donde el señor Paternina.

O quizás era un paludismo que cargaba en sus 99 kilos desde que recorría el departamento entusiasmado, llevando su propuesta “Por un Sucre Ganador” durante la campaña pro elección. No. No era un virus viejo, pues ahora recuerda que cuando iba a Bogotá en diligencias de su oficio de gobernar, se le calentaba el cuerpo y a veces le daba escalofrío, pero todo se le pasaba con el agite frenético de su trabajo al regresar a Sucre, algo así como su polo a tierra. No había tiempo para enfermarse de paludismo, ni de nada, mientras el corazón daba un zarpazo en su salud. Silencioso, callado, hacía estragos.

La fuerza vital de cumplir su mandato y el apoyo de su hermano, un hombre sereno y de mucha fe, le ayudaron en el quirófano. Pero ya el paludismo estaba  causando estragos mayores que el corazón y se le cae el mundo con la crisis después de la operación. Estuvo muerto seis días. Al fin, cuando despertó al sexto día de inconsciencia total, creía que había transcurrido un solo día, quizás horas., minutos. O sea, que estar muerto es como dormir.

VI. UNA CADENA DE ORACIÓN

El Gobernador entró en coma ya estando fuera de la clínica en proceso  de recuperación. Una fiebre alta atacó su cuerpo. Y se moría y se moría. Un escalofrío recorrió su humanidad y el Gobernador moría segundo a segundo, mientras la enfermera, una de esas mujeres frías, contagiada ya con la muerte cotidiana, ni se inmutaba.

Lorena Anaya, su hija, quien funge como primera dama, se desesperaba al verlo en este estado de moribundo, sin resistirse a lo que veían sus ojos. La joven mujer empezó a orar. Y la fuerza de su oración fue tan efectiva, que un joven médico internista subió al  tercer piso de la clínica sin que nadie lo llamara. El científico sintió una rara fuerza que lo impulsó a subir y se halló con un hombre que desfallecía. Inmediatamente ordenó todo lo necesario para revivirlo. Que el suero, que el oxigeno, que la inyección. Lo paró en  dos horas y lo remitió nuevamente a la UCI.  El proceso fue lento. Al final  no solo había perdido 20 kilos sino que las piernas no le respondían.

VII. LE REGARON LA MUERTE XCOMO A ABEL ANTONIO VILLA.

Ha sido este el episodio más duro en la vida de Jorge Anaya. Estuvo en las barbas de San Pedro y regresó a su sillón de Gobernador, cuando ya le estaban buscando reemplazo. El mismo se sintió muerto. La familia había entrado en crisis. Su  hermano y sus dos hermanas estaban internados por diferentes enfermedades en la misma clínica. La familia era un hospital. Lo peor era la parte psicológica. Ese día, mientras salía de la vigilia de ese sueño que lo llevó a una parte muy fría donde un dolor le calaba los huesos, lo primero que supo fue que su vecino de al lado ya no era de este mundo.
Media hora después observó con terror que el hombre que estaba diagonal a su cama, también había fallecido.

Pensó que la muerte preparaba su zarpazo final, que lo iba rodeando poco a poco. Sabía que sus vecinos de UCI iban muriendo cuando los veía con la cabeza atada con una cinta blanca Pero un día, el Gobernador venció al paludismo y su corazón estuvo renovado para siempre. La fe, las cadenas de rezos y Dios lo habían levantado. Los médicos y todos en la clínica se habían portado de maravilla. Habían pasado 21 días de oscuridad. Todavía le deben las nueve noches de velorio, porque a diferencia de Abel Antonio Villa, no lo velaron en su primera muerte.

VIII. VENA GAITANISTA

Modelo 42, de esos que ya no salen o quedan poquitos, Jorge Eliécer Anaya Hernández, nació predestinado para cosas grandes. Y aunque inició su carrera política cuando ya rondaba los cincuenta años, la fuerza de carácter que le imprimieron sus padres le permitió  resistir en un clima duro para la propagación de las ideas distintas. Su madre era gaitanista de “raca mandaca”. Y su padre era Turbayista. De polos opuestos. Pero  para el bautizo y el llevar ese nombre emblemático del inmolado líder, tuvo que imponerse el carácter de Doña Juanitica Hernández, su madre.

Anaya  Hernández, en su meteórica vida política, jamás ha sido oficialista. Su olfato ha sido fino para aliarse y subir los peldaños por fuera de esas componendas partidistas. Inicialmente la academia lo atrapó. En Sucre se le cerraron las puertas cuando ofició de maestro, que es su verdadera carrera. Y aunque pudo tramitar un puesto con los políticos locales, prefirió irse a Montería, donde le abrieron todas las puertas sus conocimientos.Estaba preparado.

Conquistada Montería profesionalmente, el entonces gobernador Miguel Angel Nule Amín le hace la repatriación al traerlo a la Universidad de Sucre, donde funda los programas extramuros. Nule y el seguimiento a su máximo líder nacional, Luis Carlos Galán, lo catapultan en Sucre. Ya su destino no tenía reversa, hasta entrar en el túnel de la para política.

Apenas en 1990 Jorge Anaya participa en política, prestando su nombre como concejal de Sincé, atizado por otro gran amigo,   Enrique  Barcenas,  en tiempos que su pueblo era muy conservador y se aferraban  al Nuevo Liberalismo. Anaya ya había tenido algunos amagos de política en Sincé. Fue el primer belisarista que tuvo su municipio. Esa vez sólo logrò siete votos. Después, ya con Galán, sólo alcanzò su movimiento 83 votos, en cabeza de Roberto Acosta. Habían sido más las frustraciones que las conquistas, pero aún así los fracasos nunca fueron como los de Lincol antes de ser presidente de Estados Unidos.

IX    GORDISTA, LA CARCEL.

En este momento, en que el Gobernador recuerda su carrera política, Silvio Cohen se saborea, interviniendo por primera vez.
 – ¿ Y quién es su patrón político en Sucre?
El Gobernador esta vez no vacila en decir. “No lo puedo negar, Álvaro García, pollo”.
Risas. Sí, risas, pero no por lo de García, sino por lo de pollo. Esa  frase la carga el Gobernador como una impronta. Es  el arma de nobleza que esgrime cuando trata con cariño.
Confiesa que no sabe desde cuándo utiliza esta palabra. Ni cómo se la aprendió. Le gusta usarla. Al  único que no le gusta es a Álvaro García.
–  No me digas pollo, le dice García.
– Si, gallo viejo, le responde Anaya

X. ASPIRANTE A ALCALDE

El niño que vino de la mano de su padre a comprar unos zapatos corona conoció a Álvaro García Romero muchos años después y como debía ser, a través de la política. Después de concejal, Anaya aspira a la Alcaldía de Sincé, en 1992. Allí surge la astucia  y las estrategias del gordo Álvaro García Romero. Hace que Anaya deponga sus aspiraciones a la Alcaldía y acepte una candidatura a la Asamblea. Es la Alcaldía que gana Héctor Merlano Garrido. Anaya da el salto definitivo, sin saber que iba a caer preso.
El niño que vino de la mano de su padre a comprar unos zapatos corona ahora es Diputado y luego representante a la Cámara en dos periodos, hasta llegar a Gobernador. Por eso, agradecido como es, Anaya ve en Álvaro García a un hombre inteligente para la política, un ajedrecista, quien jamas perdió una elección, porque la única en la que no entró al Senado por mala distribución de las listas, fue cerrado el congreso, en la Constituyente del 91.

XI. ME MURIERON SIN MORIRME.

El hombre que se zafó del paludismo maldito y que se paró de la UCI después de 21 días de tinieblas ahora es más humano y más sensible. Sabe que tiene una segunda oportunidad sobre la tierra, oportunidad que no tienen los habitantes de cien años de soledad. En octubre ya estaba otra vez al tanto de su agenda, entonces empezaron a informarle. En el tiempo que estuvo en la UCI le ocultaron todo sobre Sucre. Había medidas estrictas de aleccionar en tal sentido a quienes iban a visitarlo. Sucre no existió en su agenda. No se enteró de las muertes del ex senador Roberto Pérez Santos. Cuando  lo supo lloró. Tampoco se enteró en su momento de la muerte de Margarita Gómez Taboada, la hija del alcalde de Corozal, Eduardo Gómez Merlano. Tampoco  se enteró que lo dieron por muerto varias veces y que mucha gente en su ausencia formó alharaca, prendieron la rueda del fandango y que empezaron a buscarle reemplazo.

Fueron tiempos en que viajó por nubes en brazos de Dios. Fueron tiempos de satisfacciones y decepciones. Satisfacciones porque mucha gente oró en cadena  por su salud. Recibió miles de satisfacciones a través de gente conocida o no que se acercaron y le demostraron solidaridad, personalmente o a través de cartas. Desde el presidente Alvaro Uribe ( ver carta), pasando por  el ex presidente Ernesto Samper y Horacio Serpa, hasta el más humilde concejal. Del exterior  recibió llamadas de aliento de Miguel Nule Amín y de Enrique Barcenas, por sólo mencionar dos.
“Sentí que no estaba solo y que la gente tenía una esperanza en mi”, dice el Gobernador.

XII. LE QUITARON  EL BAGRE

En estos tiempos de Cuaresma, el Gobernador lamenta que le hayan prohibido por dieta la comida que más le gusta: el bagre. Nada de chicharrones, queso, bocachico, ni chuletas. Nada de grasa. Sólo pescado de mar, mucha fruta, verduras y vegetales. Nada de tragos pesados.  Nada de rones ni whiskys, sólo un vinito. Eso  sí, ahora camina más para vivir mejor, una hora y treinta minutos diarios de caminata y media hora de bicicleta lo han convertido en todo un Cochise.

Así termina esta crónica del niño que vino de la mano de su padre a comprar unos zapatos corona donde Los Paternina, que un día llegó “prestao” de Córdoba y que ahora no se quiere ir de Sincelejo sin antes cumplir la misión encomendada. Es la historia de un guerrero con un poder espiritual poderoso, pues todo lo maneja con la mente. Es la historia que lee y relee sin cansarse, aunque sabe que es necesario leer a Gabriel García Márquez- por obligación- para entender la realidad nacional.

¿POR QUE ACEPTÓ SER GOBERNADOR?

En el año 2003 la parapolítica en Sucre estaba en su máximo esplendor. Era una especie de moda altanera. Subirle el volumen a los vallenatos y porros en los pasa cintas de las camionetas de vidrios ahumados y gritar que se era paramilitar, era un acto meritorio. Era darse ínfulas. Quienes iban al Nudo del Paramillo a hablar con los tesos de las AUC dejaban los carros con sus llantas embotadas de barro colorado para que todos supieran donde habían estado. Para ser alcalde, concejal, diputado o congresista, había que traspasar el anillo de seguridad que los llevara donde el jefe paramilitar. Si era necesario cocinarle al jefe para alcanzar la curul, se hacía. En aquellas cumbres, Rodrigo  Mercado Pelufo, cuadraba las candidaturas de acuerdo a su criterio. Censuraba en sus noticieros en revisiones exhaustivas que le llevaban hasta su hamaca en casete de betamax.

Para las elecciones de Gobernador periodo 2003-2006, en reemplazo de Salvador Arana.el hombre a derrotar era Álvaro García Romero. Eso motivó a que el resto de la clase política de Sucre, buscar alianza con  Mercado Pelufo.  Algunos candidatos habían desistido con la propuesta de Cadena. Hubo un momento en que García había quedado solo, hasta que no se sabe cómo logró el apoyo de las AUC, lo que fue el inicio de su derrota, no obstante haber elegido dos mandatarios más. O al menos coordinar las elecciones, antes de caer preso, como a él le gustaba que le dijeran a su oficio de malabarista insomne.

El líder paramilitar no era gustoso de la candidatura de Jorge Anaya Hernández y así lo hizo saber. Alias Cadena lo veía como un hombre distante, académico, intelectual, con quien jamás había hablado. Uno de los pre candidatos al cargo, era el ex alcalde de Sincé, ex diputado y ex representante liberal, Gabriel Espinosa Arrieta, más conocido como El Bayo. Existía una razón muy fuerte: ambos eran galleros. Y los galleros empeñan la palabra.
Eso, el haber aceptado la candidatura, bajo la imposición paramilitar, le destruyó su carrera y casi le revienta el corazón.

Ahora salimos del despacho en grupo. Los  retratos de los ex están tapados por las sombras. Más adelante el cuadro de Simón Bolívar me guiña el ojo. Bajamos las escaleras y abajo, en la penumbra de la noche, la brisa es fresca. El Gobernador ha puesto su corazón en buenas manos. Su estado de ánimo lo delata.

Nota: Esta crónica, como tantas otras, jamás fue publicada, porque durante muchos años, los periodistas nos silenciamos, pues si lo hacíamos podíamos ser mal interpretados. Hoy Internet nos abre los espacios, sin necesidad de pedir permiso en Bogotà. Jorge Anaya Hernández fue condenado por para política. Tuvo la casa por cárcel, con permisos especiales, como el que le dieron el pasado 16 de febrero, para asistir a los festejos de los 30 años de la Corporación Educativa del Caribe, Cecar, que él ayudó a fundar, en la plaza de Majagual.

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