!El drama de un músico atacado por el Covid-19 en Sincelejo!

DICE SABAS, NO SE LO DESEO NI A URIBE.

SABAS                                         Sabas Mèndez Salcedo, en un reinado.

– El conocido autor de Sincelejano 100 por 100 dice que tiene Coronavirus, pero que prefiere tratarse en casa con café, bicarbonato y limón.

 

Por  Alfonso Hamburger

Sabas Méndez había luchado durante su vida con todo tipo de catarros, voladura  de las piedras, dolores de muela, nauseas, vómitos, viruelas y sarampiones, fiebres de todos los colores y hasta fríos de perros, pero confiesa que lo  del coronavirus es la tapa del frasco y que incluso no se lo desea ni al ex presidente  Álvaro Uribe.

Ni la pobreza, aquella mancha que no quiere ninguno, ha sido tan letal como este animalillo invisible que entra a las viviendas sin que se les invite.  Aislado en un cuarto, solitario, este personaje lucha contra el Covid-19 con remedios caseros, porque le teme a una entubación o que cuando muera lo cambien por otro muerto en una clínica.

electricaribe

Sabas, autor del porro de la nostalgia Sincelejana, “Sincelejano ciento por ciento” y por el que fue paseado en hombros por toda la plaza de Majagual en un festival sabanero, no sabe dónde cogió el bicho. Desde que comenzó el confinamiento obligatorio preventivo, ha acatado las reglas de lavarse las manos, usa tapabocas y ha tenido alejamiento social suficiente para estar seguro. Apenas iba al centro, caminando, cuando podía, porque la situación se volvió tan calamitosa en la música, que los ingresos  familiares se limitaron a la venta de fritos que desde hace muchos años mantiene su mujer en la puerta de su casa, en el Sur profundo de la ciudad.

Méndez, ahora con cierta vocación religiosa,  dice que el virus es muy pegajoso. De pronto se pudo contaminar con los productos de las carretas que pasan por las calles cargadas de platanito, papaya, aguacate, yuca, ñame y cuanta fruta tropical produce la tierra, porque la gente las manosea y allí va pasando la cosa como quien no quiere la cosa.

Confiesa Sabas, que lo único que le molestaba, aparte de esa delgadez financiera- No tocó  ni una sola parranda en las fiestas del 20 de enero- es tener que reutilizar el aire ya quemado del tapabocas, lo que es asfixiante, de modo que se lo quitaba de vez en cuando para respirar aire puro.

SABAS1

La peste  le comenzó con un dolor de cabeza que le duró ,sin tregua , unos diez días. Era un dolor de la hijueputa madre, seco y punzante, como si le estuvieran taladrando el cerebro con un triturador de piedras. le zumbaban los oídos, perdía el sentido del equilibrio  y poco a poco se fue vaciando en diarrea. No salía del baño. Los dolores de estómago y en los huesos los fueron tullendo. Caminaba “envarillado”, como loro pisando brasas.  Para colmo de males, y allí si fue pindanga, fue perdiendo los sentidos del olfato y del gusto. Ya en las mañanas- su mujer se levanta a las tres de la madrugada a cocinar  la masa par los fritos que vende en la puerta de la casa- ya no le pegaba el delicioso olor a café herviente. Y él, que siempre ha sido buena boca, le dejó de apetecer la comida. La aborreció.  Se estaba muriendo de hambre y de dolor. Lloraba.  Sabía que la muerte  le podría truncar su obra musical inconclusa y ya se estaba arrepintiendo de haber cantado aquel tema en Ovejas, “Todo  para el pastor”, donde cuestiona  la labor de los sacerdotes. ¡Dios me perdone!, pensaba en medio de su abatimiento.  Ya estaba perdonando a todos, incluso a quienes le robaron la canción del pastor. Estaba en la final cuando descubrieron que el tema tenia ya más de un millón de visitas en Youtube,  firmado por otra persona.

Por la mala fama de las clínicas por aquellos días, donde han intercambiado cadáveres  como intercambian los futbolistas camisetas al final del partido  y han llevado a personas vivas a que terminen de morir en los anfiteatros de la morgue, Sabas se resistía a acudir a una de ellas, pero fue  aconsejado por un hijo que trabaja en el sector, de modo que casi tullido ya, lo llevaron a la urgencia, que no fue tan urgente, porque demoraron una hora para revisarlo. La temperatura le salió normal, la presión igual y los demás signos, pero seguía con los dolores musculares, la pérdida del olfato, el olor y el apetito. A duras penas lograba sostenerse en pie. Mientras viajaba en una moto, el mundo le daba vueltas. Todo le turbaba la razón.

Antes de salir para la clínica, Sabas se encomendó al señor  Jesucristo y le pidió que no le permitiera salir positivo en aquel lugar oscuro, porque se quedaban con él  y lo iban a entubar, como había pasado apenas un día antes con su colega Miguel Duran Junior, a quien incluso le regaron la muerte.

El médico que lo atendió le pidió que tragara aire hasta llenar los pulmones y que después lo expulsara.  Sabas inhaló todo lo que pudo y después lo expulsó y fue haciendo la tarea. Todo lo que le pidió el medico lo hizo. La fiebre que lo quemaba en casa no apareció y el médico lo empaquetó para atrás. Sabas se volvió a santiguar, cerró los ojos y regresó a casa en una moto, donde el mundo le seguía dando vueltas. Ya había sobrepasado el primer obstáculo. Ahora tenía que pelear con el animal aquel invisible, al  que descubriría noches después. Se envalentonó y pidió ayuda a sus colegas.  Desde Corozal un acordeonista de inmejorable corazón, le envió cien mil pesos. Y así empezaron a vincularse amigos y colegas, que los diez, que los veinte mil. Para la formula.

Sayco,  la agremiación a que pertenece, le estaba cumpliendo con el seguro contributivo, lo que fue suficiente para que en el Fondo Mixto le negaran el bono de los 160 mil pesos por tres meses. Al no tener Sisbén, lo catalogaron como rico y le negaron el bono. Entonces, como decía Ramón “Monche” Vargas “Como nadie me ayuda, yo me defiendo solo”.

Y Sabas empezó a pelar con la muerte. Aquel animalito invisible, aunque dice que ya lo ha visto- era demasiado inteligente, lo atacaba por los lados más vulnerables, que el hígado, que los riñones, que el cerebro, que el olfato, que el paladar. “Lo único que no me dio fue carraspera en la garganta, debe ser porque soy cantante”, argumenta. Todos los males de Egipto lo asaltaron.

Ya en la familia había un caso. Su hermana, que vive por la zona  sur, fue declarada Covid 19 y se recuperó en casa.

Lo peor le pasó con la EPS a la que está afiliado como socio de Sayco.  Debía hacerse la prueba, aunque el 99 por ciento de los síntomas eran de Covid 19. Sabas es de los que desconfiaba de la prueba, le han pasado tantas cosas, que desconfía hasta de sus  propios interiores. Dice que en la misma prueba podría llegar el virus, entonces sí que se lo iban a llevar para la clínica, ponerlo bocabajo y entubarlo. Menos mal que en la EPS nunca le respondieron el teléfono.

Al fin un amigo le dijo que había hablado con la EPS y estaban dispuesto a visitarlo en su casa para hacerle la prueba. Fue donde Sabas se atemperó, tiró al piso el trago de café cerrero desabrido que tomaba y rezongó.

– Ni para las putas que vengan por Normandía esos encapuchados astronautas a espantar el paraco, porque no los dejo pasar del puente.

Era peor. Cuando esos tipos llegan al barrio parece que estuviesen filmando una película sobre el final del mundo. Parecen que estuvieran alunizando, con esos capuchones metálicos y caminan como chachos, con las piernas en forma de asa, en paréntesis, y quienes se asoman por la ventana ponen la cara agria, porque se les filtra el miedo. Es como si vieran la muerte cerquita. Todo hace parte del libreto del miedo y el pánico. Primero generan  el pánico, después el decreto y detrás de esa justificación, la cremación, la corrupción.

Sabas se quitó de una manotada el tapaboca, porque sabe que el aire quemado por sus propios  pulmones lo asfixia, entonces empezó a tratarse con asuntos caseros.  Para matar el dolor de cabeza empezó a tomar café cerrero caliente con bicarbonato y limón. Mientras su mujer, a las tres de la madrugada empezaba a moler el maíz para las empanadas, él se ponía al pie del fogón en espera del café cerrero. Aunque no alcanzaba a percibir su agradable olor, sabía que el vapor del agua ardiente es lo mejor para matar el virus. El dolor de cabeza fue cediendo.  Después fue parando la diarrea con los medicamentos que le envió el médico. Y así, poco a poco se fue levantando de la sepultura en que iba cayendo. Dice que se salvó porque sus pulmones no han sido afectados por el humo. Jamás fumó ni uso drogas. Ya ni ron tomaba.  En Cambio, Miguel Durán Junior, entubado en una clínica, aparte de fumador, es hipertenso y diabético. Dios lo cuide y lo levante también, a ver si vuelven a hacer una parranda juntos.

– Que vaina tan brava esa, ni a Álvaro Uribe le deseo esta enfermedad, dice Sabas, quien agradece a Felipe Paternina su ayuda, lo mismo que a otros amigos.

Ahora, lo único que tiene es que hay noches que no pega un ojo. Anoche, fue una de esas noches interminables, en que no siente sueño, como si lo hubiese atacado la peste del insomnio.  Son los momentos en que repasa segundo a segundo los momentos tristes y alegres de su vida. Una noche duerme, la otra no.

Le metía, en medio del insomnio, cabeza al asunto.  Se quedó viendo el reflejo de la pantalla de su celular en la oscuridad y pudo ver al coronavirus. Son unas gotitas diminutas que iban cayendo mientras hablaba con el periodista. En el reflejo de su  subconsciente brillaban con tonos azules y rojizos. Las había de diferentes tamaños y formas. Triangulares, romboidales, redondas, titilantes, movedizas.  Se restregó los ojos para sentir que estaba vivo, entonces sustrajo el aerosol que carga en el bolsillo del pantalón con el antiviral y roció en la pantalla del celular.  Los aparatitos seguían pegados a la pantalla. Les paso un paño y nada.   Desbarató un interior, se lo pasó y nada. Se dirigió al baño, tomó jabón de monte y le pasò al celular, después usò los restos de trapo que habían quedado de su pantaloncillo y pudo ver que las gotitas expulsadas por su boca habían desparecido de la pantalla del celular. Descubrió que el jabón de monte es más eficaz que cualquier alcohol o gel anti bacterial.

Ya más repuesto, pero con la voz hendida en mil pedazos, como si un espíritu del mas allá hablara por él, Sabas Méndez refiere que ahora se cepilla los dientes con agua de jabón. El primero enjuague con esa lavanda de jabón de monte lo bota , pero el segundo se lo traga, para terminar de matar a aquel animalito  tan travieso, que no se lo desea ni a Álvaro Uribe Vélez.

 

OPTIVIVIR-EDICION

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

1 Comment

  1. Dios permita que el maestro Sabas Méndez se recupere totalmente! Que tenga vida y salud por muchos años más!

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Previous Story

!CARTA INÉDITA DE ESCALONA A SU MEJOR AMIGO!

Next Story

Muriò el Mono de Goyita, juglar del silencio.