Crónicas

!El día que el Pibe Valderrama se embrujó en La Bajera!

PIBE EN SAN JACINTO 1 PIBE EN SAN JACUNTO 3

PIBE EN SAN JACINTO 1 PIBE EN SAN JACINTO

LA BAJERA.

Por Alfonso Hamburger

La Bajera- ahora cancha sintética iluminada y cercada, donde jugó un picadito El Pibe Valderrama- no es un simple tapiz para rodar el balón número cinco. Para quienes fuimos premiados por la historia y tuvimos la triple dicha de vivir en el sector, jugar y hacer goles en aquellos arcos torcidos, representa todo un sentimiento patrio y rebelde que se extiende más allá de La Campesina, que surca los linderos de Cataluña, sube por Loma del Bálsamo, baja por la Loma del Mico, cruza Las Palmas, sube y baja Loma Grande y Loma de Vásquez, se en remolina en Bajo Grande y se esparce por Frio de Perros y La Prusia- territorios de mi novela- y riega sus influencias por Jesús del Rio, hasta besar las aguas del Magdalena, donde se embarcaban los estudiantes de San Jacinto que iban a esperar el buque Capitán de Caro rumbo a Bogotá, en el que viajaron Gabito, Don Pepe Barraza y Clemente Manuel Zabala.
Es un orgullo ser de La Bajera. Recuerdo que los mulos en los que veníamos de Bajo Grande, se resabiaban con el pavimento negro y después hacíamos un rodeo por aquella laguna, que fue por muchos años el acueducto del pueblo, necesidad que aún no se supera. No sólo era la despensa para los quehaceres domésticos, sino sitio de diversión y canotaje, porque gracias a Miguel Manrique- el viejo- queda el recuerdo fotográfico de una canoa en pleno esplendor, a blanco y negro. Fue también motivo de tragedia, porque hubo varios ahogados en sus aguas historiales. Pero también fue motivo de salvación para un camionero que no tuvo más remedio que tirar su camión encendido de cabeza a sus aguas mansas. No sé en qué año empezaron a rellenarla para que el fútbol nos congregara en sus alrededores en aquellas tardes memorables en que nuestros equipos, en un futbol lirico, nos deleitaran el alma. Fueron muchos los gestores de la tarea, entre ellos el señor Carbal, Los Ramírez Herrera, los galleticas. Fue como si allí se hubiese inventado el fútbol, porque La Gloria era lejana aún, y quienes mandaban la parada eran “los de La Bajera”, con Sancocho de Mico, Los Alfaro, Dayro “El Pechón!, Los Arrieta ( Admét y Javier) , Los Tapia (El Gordo, Luis Carlos, el Mono, Jairo), Los Martínez ( Henry, Migue y Rubén), Pocho Ramírez ( dicen que fue el mejor), German Martínez y su hermano Joche, el zurdito, fueron tantos que nombrarlos es un error, porque se quedan muchos por fuera. Henry (Ike), Álvaro y Wilson Hamburger se cansaron de hacer goles es ese sagrado peladero, donde las corralejas dejaban sus estragos. Sus arcos mal ubicados, de Este a Oeste, jamás impidieron la gracia del fútbol bien jugado, pese a las malquerencias de “los Quinini”, que jamás retornaban el esférico cuando estremecía la ropa al sol en esos patios herrumbrosos.
En los tiempos de la laguna, me cuenta José Hamburger, que una noche de plenilunio, Saúl Martínez Castellar ( medio hermano de Mamá Tera) se metió en el agua con los pantalones remangados a enlazar la luna llena con una cabuya y estuvo a punto de ahogarse. Después se ahorcó.
Ya con la cancha, allí se dieron las primeras transmisiones radiales de Radio Maco y la Voz de la Esperanza, cuyos alambres eran dulces, pero que no fueron impedimento para que nuestros locutores emblemáticos, quienes después alcanzaron la gloria ( Lucho Alandete y Dagoberto Puello Buelvas) experimentaran la alegría de narrar los primeros goles. Los duelos a muerte de Caóticos con el resto del mundo probaban los tendidos y la imagen del mudo Casas, rompiendo cualquier prohibición, con una cerveza en la raya de cal. O la pierna envenenada de La Nigua, que secó una ciba con un balonazo al estilo “folha” seca.
Recuerdo una de aquellas tardes inolvidables, en medio de un remolino de Dios, que apareció de repente, a eso de las cinco de la tarde, levantando una polvareda de miedo. Los jugadores quedaron tapados por aquella lluvia de arena y papelillos, y en medio de aquel viento repentino “Galletica” se eludió a unos ocho rivales y después empalmó un zurdazo “quemagrama” que se metió por el palo derecho, ante la angustia del portero. Después de la gloria el infierno, ´porque Pello fue expulsado por quitarse la camiseta. Doble amarilla en San Jacinto- que es territorio Fifa- se traduce en roja.
Por las noches- incluso de día- los burros sin dueño se comían la grama y se revolcaban en el campo, porque La Bajera era de todos y de nadie a la vez.
Ya, en los tiempos de guerra- afortunadamente del pasado- La Bajera fue escenario de muerte, por ello debemos defender los momentos de paz y luchar para que no regresen esos tiempos de barbaridad.
Yo también me creo protagonista, porque si bien no era muy dúctil en el manejo del esférico, tenía buen predicamento en el campo de juego y dejaba el alma en cada balón. En mi equipo Atlético Viña, con los Chupa Tuza, tuvimos tardes gloriosas. Yo era el diez de armado, pero llevaba el número quince en la espalda. Me molestaba aquel baloneo insulso, no me la ponían, entonces grité, como dueño del balón, que me la pusieran porque “yo soy el diez, nomejoñe” y como en realidad llevaba el quince me dieron tremenda silbatina. Ese otro día me vine para Sincelejo de la pena. No he regresado más, pero ahora con esta cancha sintética e iluminada, estoy que reviento la cabuya.

homenaje 4
Anterior

¿Por qué una estatua a Adolfo Pacheco?

SABANALARGA
Siguiente

¡Festival del porro y corraleja en Sabanalarga!

Alfonso Hamburger

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

Sin comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *