!El bastardo de su Taita, un Adiós inesperado!

PRAXISTELEPRAXISTELES AGAMENON, UN CAMPESINO DEL ACORDEON.

Siempre nos hace falta el centavo para el peso. La muerte nos coge asando mazorcas. Nunca alcanzamos a reconocernos en vida. En estos tiempos tan inciertos, donde la muerte nos amenaza siempre, es necesario saldar tareas aplazadas. Ahora corremos a hacerle el homenaje a Prexísteles Agamenón, cuando es posible de que en vida no le dimos el cariño ni el reconocimiento que merecía. De allí que el trabajo de memoria que viene haciendo Guillermo González en las redes sociales, es apenas necesario. Nuestra memoria es frágil, por eso debe quedar escrita. Los músicos las dejan en canciones y le corresponde a los teóricos decantar esa memoria.
Nos ocurrió con Toño y Landero, con casi todos. El Maestro Adolfo Pacheco ha sido un privilegiado y nosotros también, al conocer en detalle sus acertijos. Adolfo a veces piensa que es mejor que su obra quedase como un mito y no que esté siendo descifrada por la academia y los investigadores, porque está escrita en clave, con mucha poesía. Cuando dijo que el viejo Miguel se fue solito para Barranquilla, lo estaba poetizando, protegiendo del verbo picante de nuestros paisanos, porque su padrea cargó con dos mujeres y diez hijos. Lo de solito para Barranquilla tiene otra connotación, quizás la de la soledad de no llevarse a su pueblo con él, en las alforjas. Son mas de cien años de soledad. Los ricos también lloran , los médicos también se mueren, la soledad del poder, que plantea la obra de Gabo.

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El caso de Prexísteles Agamenón, quien es otra victima del Covid-19, estábamos tras sus pasos y alcancé a hablar con él, pero todo se fue aplazando. Ahora toca reconstruir su homenaje sacando a relucir su obra. Nos deja sus canciones, su sencillez, su timidez y sus hijos.
Pienso que el referente es Adolfo Pacheco, cuya obra fue avasallada por el estilo harinoso de Andrés Landero ( su mejor intérprete) y pulida por la modernidad de Ramón Vargas, quien tenia el don de tomar piezas en bruto y hacerlas brillar con sus dones. Fue el encargado de llevar el viejo Miguel  de paseo  a Merengue. Era un equipo puesto al servicio del folclor. Le caían en chagua a los proyectos. Ahora les llaman clínicas musicales o talleres.
Con su profesionalismo, su posición ideológica y sus relaciones personales- quizás políticas- Adolfo absorbió al resto de compositores a quienes interpretó su obra. Es el caso de «El Bastardo», un tema de singular importancia para entendernos como pueblo imperio- que llegó a tener varias fábricas y una clase social siete, que poco ha sido estudiado. Tres cementerios. Como la pobreza, el bastardismo es una mancha que pocos la quieren. La relación de padre e hijos es vital en la sociedad. Y un hijo por la calle, que se volvió una especie de sub cultura, era exaltado como una práctica plausible, machista, sin tener en cuenta los flagelos sicológicos que  pueda dejar en los niños.
Cuando en Guacamayal, la tía escuchó la canción llamó exaltada a Adolfo Rafael para advertirle que él  no era hijo natural, porque Mercedes Anillo se casó con el viejo Miguel. La culpa había sido del locutor, porque no dijo el autor y la gente cree «que esa canción es mía».
Pero en San Jacinto todos sabían que esa canción era de Praxisteles, uno de los  compositores que más canciones le entregó a Adolfo en sus inicios. Lo mismo pasó con «Incertidubre», que es una tremenda canción.
Se podría decir, que en medio de su humildad, Prexísteles fue un autor puro de lo que los analistas literarios no han dudado en llamar de  «El realismo estoico», en el que el hablante se  auto flagela y se descubre al público como una persona sufrida, cuyo canto es un lamento.
El profesor Álvaro Andrés Hamburger, que es un especialista en la materia, muy seguramente nos puede apoyar, para analizar la obra triste y dolorosa de Prexísteles, cuyo canto fue una queja permanente.
Alguna vez me envió un porro a Sincelejo, sabiendo que la capital de Sucre es territorio fértil para este ritmo tan dúctil, para que se lo promoviera en la emisora que yo dirigía. Su texto era un lamento, que se salía del contexto del porro alegre, que habla de fiestas, de pueblos , gamonales y ganado. Quería impactar con otro mensaje, en el que iba intrínseco los dolores de su hablante, una especie de alter ego del compositor.
En el tema «El mismo de siempre», grabado por los intelectuales con la asesoría de Oswaldo Olivera y que le da el titulo a su último CD, queda patente su sello musical del realismo estoico, donde Carlos Prexísteles Agamenón Rodríguez, pone toda su carne en el asador.
El mejor homenaje que podemos hacerle es oír su música y analizar el mensaje de dolor y reflexivo que nos deja.
Paz en su tumba .

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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