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Desplazamiento, mùsica y Carnaval(2)

 

TRAS LA MEMORIA DEL VIEJO MIGUEL.

Por Alfonso Hamburger.

Premio Nacional de Literatura Manuel Zapata Olivella, 2012.

Yimy Romero, con la reina 2025 y un vecino.

Llagamos a Barranquilla con el invierno en el espinazo. Llovía extraño para ser verano. Atrás habíamos dejado los estragos de las inundaciones en Córdoba y Sucre, que amenazaban el carnaval. “No se puede bailar mientras Colombia llora”, dijo una voz discordante. Todo parecía enfriarse, pero el sol tenia la palabra.

Aunque llovía menudo, en lo alto estaba el mismo sol bravo que penetró por la rendija del bar Hawái de Barrancabermeja e iluminó el clarinete en el que Juan Mandera había tocado la pollera  colorà la noche anterior, en 1960. Wilson Choperena le propuso unos versitos, entonces letra y melodía, hicieron una explosión incontenible, que aún se escucha en todo carnaval. Como si fuera fiesta en corraleja, que no solo suena en enero, la pollera cubrió el mundo, todos los meses del año.

Era el mismo sol encendido que había recibido a Pedro Salcedo en 1961, cuando llegó a Discos Tropical a grabar cinco temas, en los que no figuraba la pollera colorà, era el mismo sol que recibió a Miguel Pacheco Blanco el 15 de abril de 1964 y el mismo que recibió a Yimy Romero Janachet el 17 de diciembre de 1988 y el mismo que nos recibió en febrero de 1981, cuando por primera  vez nos inyectò vez aquel sentimiento extraño y misterioso para el forastero.

No llevábamos una bitácora como tal para cubrir el carnaval extraño, bajo la lluvia que se había desatado por todo el Caribe, pero sí la referencia de Mirjam  Wirz, la fotógrafa austriaca que se vino buscando la cumbia, primero en el Perú y después en Mexico, hasta llegar a Colombia y descubrir que acá lo que sonaba era el vallenato y otros géneros.

Paradójicamente, para escuchar la cumbia había que ir a tres puntos: el carnaval de Barranquilla y los festivales de gaitas de San Jacinto en Agosto y en Ovejas, en octubre de lluvias. Su viaje en lancha por el Magdalena desde Barranquilla  hasta el Banco, viejo puerto, había sido una frustración.

Las calles de Barranquilla, en vísperas de la gran fiesta, bastante nubladas por la lluvia.

 

A FISGONER EL CARNAVAL 2026.

Nosotros, en medio de la lluvia menuda y el mismo sol de siempre, llevábamos algunos puntos claves, que nos iban a enfrentar a la realidad que provocó el merengue en estilo vallenato el Viejo Miguel, de Adolfo Pacheco Anilló, sin darnos cuentas que no solo éramos del mismo cuño, sino que Barranquilla era un crisol con miles de desplazados como el propio viejo.

La nostalgia y aquellos que nos aprieta el pecho fue inevitable.  El parque de la 74, donde Luis Betancourt y Adolfo Pacheco empezaron “la fiesta de colonias” , era un recuerdo borroso bajo el sereno empalagoso. “se acabó el dinero, se acabó todo, hasta el Gurrufero”,  fue inevitable tararear la canción.

Aquí se resumía el proceso. El viejo Miguel Pacheco se fue después que una tragedia cerró el Salón San Andrés( del que era su animador) y El Gurrufero, en San Jacinto, donde había nacido, sesenta y cinco años antes.

La fiesta era un resguardo. Una zona de distensión ante la guerra despiadada que se había dado entre agentes del Estado y guerrilleros en los Montes de María , cuya crueldad tomó visos más crueles desde los años noventa. Allí, sin cerrar el parque, no había color de ningún color,  ni credo, ni enemigos, pero cuando empezaron a acudir gente importante, cerraron la fiesta por seguridad y enseguida empezó a cambiar. Después emigró a otros lugares, bajo el amparo de Los Hermanos lora, hasta languidecer en los últimos carnavales. Sin embargo, la música seguía vigente y pudimos escuchar un repertorio amparado en las diversas  colonias.

En el barrio San Felipe, donde llegamos en 1981, el día de la patrona de Bajo Grande, San Jacinto, Bolívar, Santa Lucía, los 25 de noviembre, Rafael Hamburger hacia un fandango en el patio con los paisanos que se habían acomodado en ese sector y después en el carnaval, para llevar un pedacito de la tierra a Barranquilla. Es lo que los urbanistas denominan urbanización por compadrazgo. Unidos se protegían.

En esa búsqueda hallamos en los alrededores del parque de Venezuela, eso que en periodismo llaman el testigo de oro,  Jaime “Yimy” Romero Janacet, quien justificó el viaje, porque la cumbia seguía enredada en toda esa historia que va desde los gaiteros de San Jacinto hasta los hermanos Lora y  Oswaldo Olivera, hoy en el staff de Anival Velásquez, “Los de Aníbal”, con el acordeonista Galindo.

De San Jacinto, en sus inicios, Aníbal Velázquez se trajo a Alicia, la campesina, vinculo que iba a quedar para siempre.

 

LA CUMBIA ES LA CUMBIA.

 

En medio de la lluvia, a través del parabrisas, vimos el panorama solitario del parque de la 74, donde quedó muda la casa de Lucho Betancourt, un animador de toda la vida. A su muerte, fe ofrecida en venta a Numas Armando Gil a un buen precio. No se animó. La memoria queda en centenares de canciones.

Lo que más se conservan son las bombas de gasolina, donde trabajaron al llegar, tanto Miguel Pacheco Blanco, en 1964, como Yimy Romero en 1988, el primero como celador y el segundo como bombero despachador.

El viejo Miguel era exacto en su labor nocturna, en su tránsito del barrio a su trabajo y viceversa. Ya no hablaba casi, porque tenía pocos amigos, porque  se acordaba de su poderío, aquel que movía al gaitero Toño Fernández para sus parradas y serenatas.

Y de esta correduría,  escuchamos una voz autorizada, la del filosofo Numas Armando Gil, tradicional, de posición arraigada en los Montes de María, en el sentido de que la cumbia no ha avanzado mucho. La que más se escucha es la de los grupos de malleros que acompañan a las reinas y a los grupos de letanías, apenas acomodadas para la sátira y la piquería.

Y las que han avanzado a la posmodernidad, se volvieron muy brincones. Perdieron la esencia.

Quedan el maestro Ramayà, la cumbia Soledeña, Checo Acosta- un rey de siempre- y ciertos repertorios de Eduardo Lora interpretando a Landero, algo de Yeinson Landero, gaiteros de San Jacinto, Anibal Velazquez y el resurgimiento de los de Anibal, Oswaldo Olivera, Martin  Galindo y Juan Sajona, en el ritmo de guaracha.

 

EDUARDO LORA LENTINO!

La cumbia en acordeón, que caracteriza el estilo de Landero, prácticamente no se da en Barranquilla, dice el maestro Eduardo Lora, quien hizo un álbum de siete canciones del rey de la cumbia.

“Acá no conocen la pava congona”, dice. Esta pava vuela alto en el mundo, especialmente en Mexico, en múltiples versiones.

La cumbia cienaguera- de Paz Barro, Antonio Montaño y Luis Enrique Martínez- , La cumbia Sampuesana- de Joaquin Bettin y La pollera colorà, siempre hacen parte del repertorio del carnaval.

La cumbia de Landero, también vive en el repertorio del Grammy Latino, Rodrigo Rodríguez, especialmente en el ámbito académico, impulsado por Numas Armando Gil Olivera. También están vigente  en cumbia tropical Juan Piña y Juventino Ojito.

La Gran Noche de Tambò, que lideran los hermanos Polo, el viernes del carnaval, no se caracteriza por cumbia con acordeón, pues le da prelación a la tradición de Barranquilla, con mucho tambor y coros, donde parecen encajar otros instrumentos.

Eduardo Lora Lentino, que lidera su propio grupo folclórico-cuando no se acompaña de su hermano Juan Carlos- logró que lo invitaran, hace cinco años, a la Gran Noche de Tambor, donde hizo un repertorio dedicado a Andrés Landero, pero su homenaje se quedó esperando.

La fiesta de Colonias, que lideró Adolfo Pacheco y Lucho Betancourt, la continúan, veinticinco años después, los hermanos Lora. Ahora en la casa de Los Grandes Tiempos, donde tuvieron Los Gaiteros de San Jacinto, Rafael Manjarrez,  Los Hermanos Lora, entre otros.

La cumbia, como en otros festivales, solo suena en estos espacios y después vuele la programación comercial ya establecida, donde lo vernáculo lucha contra el reguetón la salsa y el vallenato moderno.

Sin embargo, el sentimiento colectivo del Viejo Miguel, es como una manta que se extiende, entre la música, el desplazamiento y el carnaval, en ese crisol que se sigue imponiendo.

Con excepción del gran Anibal Velazquez, hay muchas caras nuevas.

Los ganadores del Congo de Oro en el Carnaval de Barranquilla 2026 destacaron en el Festival de Orquestas y la Noche de Orquestas Dolcey Miguel Junior obtuvo el Congo de Oro en el Festival de Orquestas, mientras que el artista cartagenero Ronny de La Salsa se impuso en la Noche de Orquestas. Otros reconocimientos incluyeron a Lupe(Vallenato) y un Congo Leyenda para Chatellal

I

  • Congo de Oro (Festival de Orquestas): Dolcey Miguel Jr..
  • Congo de Oro (Noche de Orquestas – Salsa): Ronny de la Salsa.
  • Congo de Oro (Vallenato): Lupe.
  • Congo Leyenda (Trayectoria): Chatella.
  • Súper Congo de Oro: Aníbal Velásquez.
  • Menciones/Finalistas: Akanny (2do lugar), Encanto

Además, el artista Beele fue reconocido como hijo de Barranquilla con un Congo de Oro especial. El evento fue destacado por la alta participación y calidad de los artistas participantes en los escenarios de «Baila la Calle».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alfonso Hamburger

Celebro la Gaita por que es el principio de la música.

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