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!De cómo linchar autores antes del Sábado de Gloria!

La emoción de Sábado de Gloria!
¡Al filo del hacha demoledora!

Leonardo2Por Alfonso Hamburger

La literatura como tal no se explica. Cada quien tiene libertad de entenderla como quiera. En ella hay atmosferas, imágenes, ritmos. Los personajes caminan según los haga funcionar el autor, que funge como un Dios. Miedos, egos, estados de ánimo, valores y frustraciones, son situaciones vitales en esos mundos imaginarios. Sin embargo, tratándose del medio en que nos desenvolvemos, sin críticos especializados, donde los comentarios son emotivos y livianos, a veces hay que explicar ciertas situaciones. Es como tomar el canario enfermo y abrirle el pico para suministrarle el alpiste en la boca. En ese ejercicio es posible que el pájaro se vaya de nuestras manos en el primer revoloteo. Es el riesgo a salir trasquilados.
En los actuales momentos se habla de una crisis de la novela, género que viene de la crónica, en el manejo del tiempo, que fue moralista en sus inicios, con las novelas de caballería. Siempre había una postura ética de los personajes, quienes nos daban lecciones de comportamiento. “Ladran, Sancho, luego cabalgamos” (Don Quijote), por ejemplo.
Vallejo y otros colombianos, especialmente antioqueños y bogotanos, deslumbrados por la guerra de los carteles, nos hacen descripciones descarnadas de la miseria humana, del hombre con sus ambiciones desbordadas, miedos y miserias, que se masturban o que se mueren en un una hamaca mientras fuman mariguana.
Esa crisis de la novela precede los géneros híbridos, en los que el periodismo literario es la actual vedette. Aparecen figuras como Alberto Salcedo Ramos, Martin Caparros, Leila Guerreiro, Truman Capote, Gay Talese, entre otros. La crónica es un cuento que es verdad. Salcedo Ramos no quiere salirse de allí para ficcionar. La realidad es muchas veces más cruel que la imaginación.
Sábado de Gloria, mi último libro, es un hibrido entre cuento y crónica, en el que me expongo con toda mi carne al asador, casi expósito a ser despresado, porque los lugares comunes del periodismo, el espacio y los personajes, a quienes vemos todos los días con sus miedos, arrogancia, obsesiones y debilidades, se terminan pareciendo a nosotros mismos. En un texto pueden confluir varis perfiles. Son personajes caricaturizados, donde se toman aspectos del autor y de amigos de parrandas, a quienes no se les puede decir a veces la realidad de frente, porque nos quitarían el habla. Como en Ensayo sobre la Diabetes, es un estilo confesional, escrito antes que éste, por eso es posible que algunos observadores adviertan una especie de retroceso en el texto. El primer amigo en leer Sábado de Gloria me dijo que me iban a linchar, pero que era mucho más libro que otro muy publicitado recientemente. Es su concepto apenas.
Y es un riesgo decir estas cosas en un medio donde existen francotiradores expertos en despresar vivos a los colegas, aunque los más virales no publiquen, pese a que se autocalifiquen como escritores. Ellos empiezan por el título. Y si el texto contraría sus ideales subversivos, cuando te dicen que el texto es malo, no solo te lo dicen, sino que te anuncian que lo volverán trizas como ciertos sectores al proceso de paz. Amenazan con sacarnos un son, al estilo de Toño Fernández.
Allí viene la pregunta de ¿Publicar para qué? Si me atengo a una amiga diseñadora, Sábado de Gloria no hubiese visto luz del día. Era mejor invertir ese dinero en telas. La literatura, como el periodismo, tiene una función comunicativa, que puede ser vengativa o de deleite. En estos textos tan humanos hay cierto matiz de venganza. En estos cronicuentos el periodismo presta la investigación y la literatura el tropo, el símil, la metáfora.

Leonardo
El ambiente del libro está tan enrarecido en Sucre, en donde solo un pequeño sector se abroga para sí el poder de crítica, aprobación o censura, que algunos autores se han vuelto tan tímidos que distribuyen sus libros en bares y cantinas. Los llevan escondidos en bolsas plásticas y uno no sabe si venden pescado o yuca. Toca preguntarles qué es lo que venden, o más bien qué es lo que esconden. Otros no se atreven a lanzar sus obras en actos masivos por miedo a ser juzgados. Algunos ya fueron erradicados de sus egos y otros criticados porque publican mini cuentos en hojitas que venden a doscientos pesos en los parques. En un país de libre mercado, cada quien se defiende con lo que puede. Es una economía del rebusque. Algunos hacen libros para vender. Otros para ver sus nombres en letras de molde. Otros los regalan bien. Hay de todo un poco.

SABADO DE GLORIA- SABADO DE GLORIA
Pasa igual con la música. No bajamos el calificativo de libritos, porritos y versitos, mientras los vallenatos se toman el mercado y nos echan polvo con sus camionetas climatizadas. Paradójicamente, el éxito más grande de nuestra música en los últimos diez años (sin meter el porro Mochila y la Camisa Rayá) es el tema Osama Bin Laden (una construcción colectiva) interpretada por Lucho Covo y Horacio Mora. El 31 de diciembre del año antes de convertirse en un éxito, el joven de la casa grabadora contraria, lo hizo trizas con sus talones, “´porque era una porquería”.
Un libro es una cosa entre las cosas, dijo Jorge Luis Borge. Un Volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con el lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamaba belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica
Así pasa con la literatura. Sábado de Gloria, ya está en el mercado, dispuesto a divertir con su hedonismo, va en busca de su lector.

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